INICIAR SESIÓNCAPÍTULO 74 AMOR Y REDENCIÓNKereem…Hay noches que no se repiten y hay silencios que no regresan jamás y esta… era una de esas noches.De pie, en la terraza norte, con el fuego titilando frente a mí y la herida vieja del pasado… finalmente en calma.Tenía una copa entre los dedos, whisky, el puro encendido y una certeza repicándome en el pecho: Lo lograste… Llegaste, no a un trono, algo mucho más difícil y mucho más valioso, sino a la paz.Recordé la última sonrisa de mi padre y su lágrima limpia. Una que no venía del dolor, sino de otra cosa más profunda: orgullo.Sus palabras aún me retumban:“Rael es tú… pero con la paz que te faltó.”Cerré los ojos frente a esa frase.Fue como cerrar un capítulo que pensé que nunca acabaría.El capítulo en el que yo tenía que luchar cada día para demostrar que merecía vivir, hoy… ya no lucho por eso… Hoy… vivo por ellos…Rael tiene ocho años, y cree que ya debe acompañarme a cada reunión de Estado.Esta mañana apareció en mi despacho con un cuade
CAPÍTULO 73 AMOR Y REDENCIÓNKereem…El día empezó con risas.El palacio estaba lleno de globos, luces, y ese sonido que sólo los niños saben crear cuando el aire está lleno de vida. Era el cumpleaños número cuatro de Rael, y por primera vez desde hacía meses, dejé los informes en el escritorio.La terraza principal estaba decorada con los colores que él eligió: azul y negro. Janna estaba con Zahar riendo mientras Bahar conversaba con Jade, ya seis años, y Jalil junto a sus dos hijos, Jamil y Adem, mientras que Emré hablaba bajo con Asad. Noté que Zahar se movía entre toda la familia con la elegancia que siempre la distingue, pero con ese brillo en los ojos que sólo aparece cuando se trata de su hijo.Rael corría por todo el jardín con un pequeño turbante desacomodado, las mejillas encendidas, riendo y llamando a todos.—¡Papá, mírame!Levantó un arco de juguete y disparó una flecha que apenas voló un metro.Aplaudí igual.—Eres un soldado —le dije—, pero aún necesitas puntería.—¡Como
CAPÍTULO 72 AMOR Y REDENCIÓNLlegamos al cóctel media hora más tarde de lo previsto. El salón del hotel estaba lleno de embajadores y empresarios, luces doradas y música suave.Yo llevaba la cabeza en alto, con la mirada firme; Kereem, impecable, con traje oscuro y la mirada de quien manda incluso sin hablar.Al llegar, nos detuvimos a saludar a un montón de personas mientras que Asad y los hombres iban como unas sombras detrás todo el tiempo, y básicamente pasó una hora y media después, cuando la vi, de pie, al otro lado del salón, junto a un hombre canoso.—Kereem… —susurré apenas.—Lo sé —respondió sin mirarla—. Está con su padre.Me entrelazó los dedos y me guio con elegancia por entre los invitados, pero yo podía sentir la tensión en su cuerpo, y esa calma peligrosa que lo hacía tan temido.Yo podía sentir su mirada afilada en mí; la había tenido mucho tiempo encima como para no darme cuenta de que nos seguía con la mirada, y para completar, después de la cena, la tuvimos, frente
CAPÍTULO 71 AMOR Y REDENCIÓNZahar…Rael tiene ocho meses y ya manda.Manda con una risa, con un llanto corto, con esos ojos negros que barren el cuarto y lo registran todo. Es Kereem en miniatura y a veces me da miedo lo claro que lo veo.Estoy en la puerta de su habitación y no hago ruido. Kereem está en el piso con las piernas cruzadas y la camisa arremangada. El reloj le cuelga en la muñeca, y trae el cabello desordenado, pero lo hace ver tan perfecto que solo de verlo me estremezco.No sé si sea la paternidad, pero he creado una fascinación por verlo con nuestro hijo.Rael está apoyado en su muslo, mordiendo un camello de peluche como si fuera su enemigo.—Así, mi guerrero —le dice Kereem, bajo—. Vas a ser fuerte y muy grande. Pero sobre todo… ojalá encuentres una mujer como tu madre.Rael lo mira, no entiende las palabras, entiende el tono y se calma, mientras yo sonrío sin querer.—Y cuando la encuentres —sigue Kereem, apoyando la frente en la del bebé—, te vas a volver loco de
CAPÍTULO 70 AMOR Y REDENCIÓNZahar…Han pasado algunas semanas desde aquel día en que Rael llegó al mundo.Aún puedo recordar cada detalle… su primer llanto, la mirada de Kereem, el silencio que llenó la sala cuando por fin lo tuve entre mis brazos. Todo cambió desde ese instante; mi vida, mi propósito, mi manera de ver el poder, incluso mi manera de ver al hombre con quien comparto absolutamente todo.Rael es… diferente. A veces pienso que su mente no pertenece a un niño tan pequeño. Observa todo, lo analiza, y cuando sonríe, parece entender más de lo que cualquiera imagina.Yo lo alimento, lo baño, lo paseo por los jardines del palacio y, por las noches, me quedo despierta mirándolo dormir. Kereem siempre dice que nunca había visto tanta ternura en mí, pero él no entiende: no es ternura, es poder. Es el instinto más salvaje que una mujer puede sentir.Y Kereem…Sigue siendo el Emir, el hombre que carga con el peso del reino sobre los hombros, pero también el padre que se levanta en
CAPÍTULO 69 AMOR Y REDENCIÓNZahar…El día transcurría tranquilo, al menos en apariencia. Estaba sentada en la mesa de reuniones, escuchando a los ministros, exponer los avances del programa de salud. Tomaba notas, hacía observaciones y sonreía cuando debía hacerlo, como siempre. Había aprendido a moverme en ese ambiente con serenidad, a respirar hondo y mantener la calma, incluso cuando las voces se elevaban o las cifras no cuadraban.Kereem no estaba conmigo esa tarde. Había tenido reuniones desde temprano, y aunque sabía que siempre me rodeaban sus hombres de seguridad, su ausencia se sentía en el aire, como si algo dentro de mí no terminara de asentarse sin él cerca.Tomé una carpeta que me pasó el secretario, y luego volví a acomodarme, ya estaba pisando la ultima semana de mi embarazo, pero hoy en exclusiva, me estaba sintiendo rara.Sé que Kereem quería todo el tiempo que reposara. Pero era Zahar, maldita sea, no podía tejer o hacer cosas de señora, y todavía no me acostumbraba







