LOGINCapítulo 2
Punto de vista de Nova
Me arrodillé allí en el altar con las manos juntas como si realmente estuviera rezando, pero mi mente estaba en cualquier lugar menos en lo santo.
La madera se sentía fresca bajo mis rodillas y me aseguré de cambiar el peso justo para que mi vestido corto subiera alto por mis muslos.
El aire fresco de la capilla rozó mi piel y sentí un nuevo escalofrío directo entre mis pierna
POV de Aira —Allie, espera, ¿qué quieres decir con comportamientos raros? No he estado actuando diferente —dije mientras estábamos de pie en el salón de la casa, con la luz del atardecer desvaneciéndose a través de las ventanas y proyectando sombras largas sobre los muebles desgastados. El cuerpo todavía llevaba las marcas de la tarde en que Luis me había follado sin piedad; su semen seco en las bragas me hacía cambiar el peso con incomodidad mientras intentaba parecer normal. El calor entre las piernas persistía como un secreto sucio que se negaba a desaparecer, incluso cuando los ojos de Allie me taladraban con sospecha. Ella cruzó los brazos, la cara sonrojada y tensa. —No te hagas la tonta, Aira. Has estado desapareciendo después del instituto, llegando a casa colorada y desarreglada como hoy. Circulan rumores en el colegio sobre algún tío mayor y no puedo quitarme de encima la sensación de que está conectado. Tienes que mantenerte lejos de cualquier implicación con hombres c
POV de Aira —Luis, ¿qué coño está pasando? El teléfono me está explotando de mensajes de Allie —dije mientras lo recogía del suelo de la suite principal, todavía a medio desnudar, con su semen resbalando despacio por los muslos internos. Las manos me temblaban un poco mientras leía los textos; el corazón se me hundió de golpe. —Dice que hay un asunto familiar repentino en su casa y que me necesita ahora mismo. Algo sobre su madre comportándose raro otra vez y necesitando apoyo. Tengo que irme ya. Luis se incorporó en la cama, el pecho musculoso todavía brillante de sudor por la follada, la polla ablandando pero aún imponente contra el muslo. Me atrajo hacia atrás para un beso posesivo y rápido, la mano apretándole el culo. —Tranquila, nena. Te ves recién follada y preciosa así. Déjame llevarte la mayor parte del camino. Es más seguro y podemos mantenerlo discreto para que nadie te vea salir de aquí. Asentí deprisa, poniéndome la ropa y sintiendo el desastre pegajoso entre las pi
POV de Aira —Luis, ya no puedo contenerme más —susurré contra su boca mientras seguíamos enredados en el amplio sofá de diseño, el cuerpo ardiendo por la forma en que sus dedos seguían jugueteando con mis pliegues empapados. El estado a medio desnudar lo hacía todo más urgente. La blusa abierta y la falda arrugada alrededor de la cintura, mientras él ya no llevaba camisa y el pantalón se le tensaba con la polla dura. Bajé la mano y lo palmé a través de la tela, sintiendo lo grueso y preparado que estaba. —Fóllame. Te necesito dentro de mí ahora mismo. Él gruñó profundo y nos dio la vuelta hasta que yo quedé de espaldas y él se alzó sobre mí, los ojos oscuros de hambre cruda. —Esa es mi chica. Este coño joven y apretado es mío hoy. —Luis apartó mis bragas de un tirón y metió dos dedos gruesos dentro de mí, cruzándose justo en el punto que hizo que las caderas me saltaran de los cojines. Estaba tan mojada que el sonido llenó la habitación mientras los bombeaba más rápido. —Escuc
POV de Aira —Luis, este sitio es una locura. Cada vez que entro siento que estoy en otro mundo —dije al cruzar el umbral hacia el aire fresco de la mansión, la piel todavía hormigueando por los toques del jardín. El diseño contemporáneo me golpeó con sus amplios espacios abiertos, líneas limpias y ventanales enormes con vistas a los acantilados. El corazón me latía más rápido ahora que estábamos realmente solos. Podía sentir la humedad entre los muslos de antes y solo empeoraba mientras él cerraba la pesada puerta detrás de nosotros con un clic sólido. Se volvió hacia mí con esa mirada autoritaria, la mano encontrando otra vez la parte baja de mi espalda y guiándome más adentro. —Ven, nena, déjame mostrarte un poco más mientras hablamos. Sabes que tu madre ha estado dependiendo de algunos de mis recursos últimamente y yo me aseguro de que siga así sin demasiadas preguntas. Caminamos por el vestíbulo principal hacia la zona de estar y tragué saliva con fuerza, intentando mantener
POV de Aira —Hola, mamá, surgió algo con ese asunto de la familia cerca del barrio de lujo. Lo soluciono rápido y estaré en casa pronto —dije por teléfono mientras me alejaba del camino principal de la entrada, el corazón latiendo con fuerza mientras la figura de Allie desaparecía tras la esquina. Colgué enseguida y tomé la ruta oculta a través de los callejones traseros bordeados de setos altos, del tipo que me escondían de miradas indiscretas. Las piernas todavía me temblaban por haber visto el SUV de Luis, esa bestia negra elegante esperando como una promesa de problemas. Cada paso hacía que las bragas empapadas rozaran mi clítoris hinchado, recordando lo mucho que necesitaba lo que venía. Dios, cómo había llegado hasta aquí con él. Luis Brooks me atrapó con esa autoridad magnética desde la primera vez que me miró como si pudiera poseer cada centímetro de mi cuerpo. Su vasto imperio, esas formas discretas en que nos ayudaba sin hacerlo evidente al principio, todo me enganchó
POV de Aira La campana apenas había dejado de sonar cuando me deslicé en mi asiento de siempre en la clase de historia. La silla de madera crujió bajo mi peso al soltar la mochila. Allie ya estaba allí, con el cuaderno abierto en una página en blanco y esa sonrisa maliciosa extendiéndose por su cara en cuanto me vio. —Mira esta m****a que dibujé en la hora anterior —susurró, empujándome el papel. Me incliné cerca, rozando nuestros hombros, y contuve una carcajada que estuvo a punto de escapárseme. Ahí estaba el señor Hargrove, el estricto profesor de historia con su ceño perpetuo, dibujado con unas cejas espesas exageradas y una polla diminuta justo en medio del pantalón del traje, como si intentara escapar. —Allie, un día de estos nos van a expulsar a las dos —le dije, pero me mordía el labio con fuerza para no estallar de risa. La forma en que había capturado su postura rígida lo hacía todavía más gracioso. Apreté los muslos bajo el pupitre mientras me movía, intentando que la







