LOGINLuciano miró a Pietro, con rabia. —¿Qué demonios hiciste? Pietro sonrió. —Yo no hice nada. En la oscuridad comenzaron a escucharse pasos alrededor de ellos. Muchos pasos. Eliester se colocó junto a Luciano. —Nos tendieron una emboscada. Luciano apretó los puños. —Pietro. Eres un bastardo. La voz del otro CEO llegó desde algún punto de la oscuridad. —Te dije que esta reunión era importante. Un ruido metálico resonó detrás de Luciano. El pakhan giró inmediatamente. —¡Luciano! Pero fue demasiado tarde. Una puerta lateral se abrió violentamente. Los hombres de seguridad fueron separados del grupo. Eliester intentó llegar hasta Luciano, pero varias figuras aparecieron entre ambos. Y cuando las luces de emergencia finalmente se encendieron... Pietro ya no estaba frente a Luciano. Había desaparecido. Luciano observó el espacio vacío donde había estado segundos antes. Su expresión se transformó. —¡Pietro! Nadie respondió. El teléfono de Lu
La cacería del CEO Salvatore El automóvil de Luciano Salvatore abandonó la mansión poco después del mediodía. A pesar de las recomendaciones médicas, el CEO había insistido en salir. Había dicho a su mujer que necesitaban ver a un probable socio, pero que volverían en poco tiempo. Isabella no sabía que había decidido encontrarse con Pietro. Por eso se quedó tranquila en casa leyendo un libro. Si lo hubiera sabido, probablemente habría intentado detenerlo. Luciano iba en el asiento trasero, acompañado por Eliester y el pakhan de Rusia. Dos vehículos de seguridad los escoltaban a distancia. —Todavía puedes cambiar de opinión —dijo Eliester. —No lo haré. Esto tiene que quedar claro cuanto antes. —Luciano... Reconsidera las cosas, si Isabella se entera de esto, los golpes de Pietro, será de lo que menos te tengas que preocupar. —No voy a esconderme de un hombre que pretende acercarse a mi esposa a mis espaldas. El pakhan observaba por la ventana. —Esto tiene una se
A la mañana siguiente, después de desayunar con Isabella, consentirla en todo y asegurarse de que se alimentara bien. Luciano Salvatore regresó a su despacho a trabajar en unos contratos que debía revisar a detalle. Aunque todavía debía cuidarse por sus heridas, su expresión dejaba claro que aquello era lo último que tenía en mente. En el enorme despacho estaban el pakhan de Rusia y Eliester Ivanov. Sobre el escritorio descansaba el teléfono de última tecnología de Luciano. En la pantalla seguía abierto el mensaje de Pietro, se lo había enviado y lo había borrado para que Isabella no se tuviera ninguna preocupación. Luciano lo había leído tantas veces que prácticamente se sabía cada palabra de memoria. —No vas a ir —sentenció Eliester. Luciano levantó la mirada. —¿Perdón? —Escuchaste perfectamente. El pakhan permanecía sentado frente a ellos, observándolo con una mezcla de seriedad y preocupación. —Acabas de salir de una situación médica delicada precisamente
Después de despedir a un muy ofendido Vittorio, Luciano e Isabella se retiraron a su habitación. Isabella se encontraba frente al espejo, quitándose lentamente los pendientes, cuando vió el reflejo de su esposo acercándose. Luciano había dejado el saco sobre él reposabrazos de un sofá. Se había desabrochado los primeros botones de la camisa y caminaba hacia ella con esa mirada que Isabella conocía perfectamente bien. —¿Qué haces? —preguntó ella, divertida. Luciano se detuvo detrás de su mujer. —Estoy mirando a mi esposa. —Eso lo haces todos los días. —No de esta manera. Isabella sonrió. Luciano rodeó suavemente su cintura. —Hoy por fin estoy en la villa, en mi habitación, con mi esposa. Ella apoyó las manos sobre las de él. — Yo descubrí que mi padre casi provoca una crisis familiar por haberse enterado de último que será abuelo. Luciano soltó una pequeña risa. —Se lo merecía, no creas que me olvido de cómo me drogó aquella noche. Isabella giró para
El suegro del CEO, explicó que visitando amigos en el extranjero, se enteró de que Rafael Rivera, se mudaría en Italia, para estar cerca de su hijo. Todos ellos sabía que lo que en realidad pretendía era destruirlo y quedarse con él imperio Salvatore. Además dió a Luciano, una nueva información, había un chico, un hijo de su padre que mantenía oculto y protegido de posibles replesarías de sus enemigos. — ¿Con que tienes otro hijo, padre?... — Lo tiene, se dice que lo protege de todo y de todos, que es su único heredero, y vaya que si imperio ilícito es mucho para contar, no creo que ese chico se acabe la fortuna de Rafael, no en cien vidas. — ¿Sabes dónde está ese chico? El presidente preguntaba a su no confiable suegro. — Por casualidad si, lo sé, está más cerca de lo que te imaginas. Estudia en una exclusivo y prestigioso colegio que es solamente para gente con un alto estatus social. En el no pueden entrar solamente millonarios, pues se necesitan cartas de recomendación
Durante los días siguientes, Luciano permaneció bajo vigilancia médica estricta. Isabella no lo dejaba mover ni un solo dedo, ella se encargaba de acercarle todo lo que necesitaba, incluso algunas veces lo alimentaba como a un niño pequeño, lo que arrancaba gruñidos del CEO. Los enfermeros acudían diariamente a la villa para limpiar y revisar la herida que se le había abierto durante el enfrentamiento con Pietro. Aunque la recuperación avanzaba favorablemente, la lesión todavía necesitaba tiempo. Cada movimiento brusco le provocaba una punzada y los médicos habían sido claros: Nada de esfuerzos, nada de peleas y, sobre todo, nada de hacerse el invencible. Luciano, por supuesto, odiaba cada una de esas instrucciones. El presidente estaba acostumbrado a hacer su voluntad, pero ahora mismo tenía sobre él la mirada ámbar de su esposa. —No necesito que me vigilen como si fuera un niño —gruñó una mañana mientras el enfermero cambiaba el vendaje. Isabella, sentada a unos metr







