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LA CONDENA

Autor: Charles
last update Data de publicação: 2026-02-28 10:17:10

Treinta días después

30 días, solo 30 . Y el infierno ya había abierto sus puertas para Carlos Beira. El traslado fue silencioso, casi solemne. No hubo cámaras, ni discursos, ni intentos de heroicidad. El hombre que alguna vez caminó rodeado de poder, escoltas y miedo ajeno, ahora avanzaba encorvado, con los hombros caídos, los pasos torpes y el rostro marcado por algo mucho más profundo que las heridas visibles: la derrota absoluta.

La sala del tribunal estaba llena. No de curiosos.

Pero si
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Último capítulo

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    Fin

    POV LEAHAprendí algo con el tiempo: el silencio también puede ser un lugar seguro. Hoy estoy sentada frente a una ventana enorme, con la ciudad respirando allá afuera, y por primera vez en mucho tiempo no siento que deba huir de mis propios pensamientos. Los dejo venir. Los observo. Los abrazo. Porque sobreviví.No digo “superé”, no digo “olvidé”. Digo sobreviví, y eso lo cambia todo. Hubo un tiempo en el que mi nombre no me pertenecía. En el que mi cuerpo era una extensión del miedo. En el que mi mente se levantaba cada mañana con una sola pregunta ¿Valdrá la pena aceptar el matrimonio de conveniencia impuesto por mis padres?Y puedo decir que valió la pena asi como sobreviví cuando me separaron de mi hija. Sobreviví cuando el dolor físico parecía más misericordioso que el emocional. Sobreviví cuando mi corazón sangraba más que cualquier herida visible. Y sobreviví sin endurecerme. Eso fue lo más difícil. Porque cuando el mundo te rompe, lo fácil es convertirte en algui

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    EXTRA

    La casa em Barcelona estaba sospechosamente silenciosa. Demasiado silenciosa. Arturo, con su taza de café en la mano y su expresión de adulto responsable número uno, caminaba por el pasillo con cautela. Se había quedado encargado de los bebés mientras Kevin y Leah cierran un trato en Madrid. —Este silencioso engañoso no me gusta —murmuró. En la sala, detrás del sofá, tres pares de ojos brillaban como gemas: celestes y azules, llenos de conspiración. —Emily, ¿estás lista? —susurró Isabella, acomodándose un mechón de cabello con solemnidad exagerada. —Lista. Operación *Tío Espuma* en marcha —respondió Emily, con una sonrisa angelical que no combinaba en absoluto con la botella de jabón para platos que sostenía. Kevin Andrew, el más pequeño pero el estratega autoproclamado, levantó el dedo. —Recuerden: cuando el tío se siente… ¡sorpresa celestial! Se escucharon pasos. Arturo entró a la sala y se dejó caer en su sillón favorito. Silencio. Un segundo. Dos. Y de pronto… —¡PSSSSS

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    EL MAL SE QUEDA SOLO EL FINAL DE LOS MALOS

    La prisión nunca dormía, pero aquella noche estaba más silenciosa que de costumbre. No era un silencio de paz, sino uno espeso, cargado de resignación. El tipo de silencio que solo existe cuando el miedo ya no grita porque ha aprendido que nadie vendrá a salvarlo. Carlos Beira seguía vivo. Eso era, quizá, el castigo más cruel. La celda era fría, angosta, sin más compañía que una cama de metal oxidado y el eco de sus propios pensamientos. Había perdido peso, autoridad y nombre. Allí no era el gran hombre que alguna vez se creyó dueño del mundo. Allí era solo un número más, uno que cada día se volvía menos relevante. Los pasos de los guardias resonaban a lo lejos, pero ya no se detenían frente a su puerta como antes. Nadie lo golpeaba. Nadie lo provocaba. Nadie lo miraba. Y eso lo estaba matando lentamente. Porque Carlos Beira había vivido para ser temido. Para ser visto. Para ser obedecido. Ahora no era nada. Había perdido la vista de un ojo, un dedo, y con ello la

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    EXTRA ABEJAS

    En la vasta extensión verde de la Hacienda Hill, donde el sol parecía posarse con más cariño que en cualquier otro rincón del mundo, tres pequeños conspiradores planeaban lo que, en sus cabezas, era la aventura más gloriosa del verano. Emily, con sus trenzas desordenadas y rodillas siempre raspadas, era la mente brillante detrás de la mayoría de las ideas imprudentes. Isabella, dulce pero testaruda como una mula cuando se lo proponía, jamás aceptaba un “no” como respuesta. Y Kevin… bueno, Kevin era el más pequeño, pero también el más orgulloso. Si sus primas saltaban una cerca, él saltaba dos. Si ellas corrían, él corría más rápido. Aunque luego se quedara sin aliento. Aquella tarde, el aire olía a heno recién cortado y a flores silvestres. Las cigarras cantaban perezosamente mientras los caballos descansaban bajo la sombra del viejo roble. Era el tipo de día perfecto para portarse mal. —No pasa nada —dijo Emily, cruzándose de brazos frente al granero viejo—. Solo vamos a mirar.

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    NO SIEMPRE TODO ES COLOR DE ROSA EXTRA 14

    La mañana comenzó con una luz suave filtrándose por las cortinas de lino, como si el mundo no supiera —o no quisiera saber— que algo estaba por romperse. Leah despertó con una sensación extraña en el cuerpo. No era exactamente dolor, sino una inquietud sorda que se extendía desde el vientre hasta el pecho. Se quedó quieta unos segundos, respirando. Habían pasado apenas tres semanas desde que aquella pequeña línea rosa apareciera en la prueba y cambiara el ritmo de su corazón. Tres semanas de ilusión silenciosa. Tres semanas de caricias furtivas sobre su vientre plano. Tres semanas imaginando un nuevo latido en la casa. Kevin todavía dormía a su lado, con el brazo extendido hacia el lugar donde ella había estado. Leah lo miró y sonrió con ternura. Habían prometido no decir nada aún. Esperar. Proteger la noticia como se protege una vela en medio del viento. Pero el viento llegó antes de tiempo. Cuando se levantó y fue al baño, lo vio. Un rastro rojo, pequeño pero inequívoco. Sin

  • No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO    EXTRA 13

    La tarde caía dorada sobre el jardín trasero de la casa Hill Presley. El césped estaba tibio por el sol y las flores blancas que bordeaban la terraza parecían pequeñas estrellas despiertas. En medio de aquel paisaje tranquilo, tres niños se encontraban sentados en una manta azul extendida bajo la sombra de un viejo roble. A su alrededor, tres perritos jugaban sin descanso. Uno era un cachorro dorado y esponjoso que respondía al nombre de Sol. Otro, pequeño y blanco como una nube, se llamaba Nube. El tercero, de pelaje oscuro con una mancha blanca en el pecho, era Sombra. Los tres corrían, rodaban y a veces tropezaban torpemente entre sí antes de volver a levantarse moviendo la cola con entusiasmo. Emily Hill Presley, con el cabello recogido en una coleta alta y los ojos brillando con determinación, observaba la escena con expresión importante. Isabella Hill Presley, más delicada y de sonrisa dulce, sostenía a Nube entre sus brazos, acariciándolo con infinita ternura. Kevin Andre

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