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VA A VERLO

Autor: Isha
last update Fecha de publicación: 2026-01-03 04:49:20

—Silvia —ordenó Theodore con voz dura—, comunícate de inmediato con mi asistente. Quiero que venga a la oficina de la Vicepresidencia ahora mismo.

Su furia era palpable. Yo, en silencio, buscaba un pañuelo dentro de mi cartera. La asistente de Theodore no tardó en llegar. Tanto ella como Silvia se quedaron paralizadas al ver la sangre manando de mi nariz, pero ninguna se atrevió a decir una sola palabra en su presencia.

—Dígame, señor Scalyne —escuché decir a Minerva, su secretaria.

—Ordena a nuestros abogados que redacten la finiquitación del contrato con Trovatto Group —dictó sin pestañear—. Notifica a la empresa que Theodore Scalyne rompe el acuerdo firmado el día de ayer. El conglomerado cubrirá todos los gastos.

Apreté los puños con fuerza.

Aquello era una locura.

El contrato con Trovatto Group había sido extremadamente difícil de conseguir, y romperlo de esa manera tendría consecuencias graves. Alonso Trovatto no era un hombre al que se pudiera provocar sin pagar un precio. Nadie se atrevería a hacer aquello, pero Theodore tal parece que no pensaba igual.

—Por supuesto, señor —respondió Minerva, obediente.

Silvia permanecía inmóvil, esperando órdenes.

—Pueden retirarse las dos.

Las asistentes obedecen Y, una vez más, quedé sola frente al ojo del huracán.

—Estás loco —le grité sin contenerme—. A partir de ahora todos van a tomar al conglomerado Scalyne como un chiste.

—Un chiste —respondió con desprecio— es que hayas conseguido esa firma usando tu cuerpo. Como no pudiste revolcarte conmigo, se te hizo más fácil abrir las piernas para Alonso.

Sentí que las piernas me fallaban.

—Eres una mujer sin escrúpulos —continuó—. Ahora entiendes por qué Paola es mi elegida. Ella no es una cualquiera como tú.

El golpe no fue físico esta vez, pero dolió mucho más. Me mordí los labios con fuerza para no llorar, para no darle ese triunfo.

—Ya es suficiente, Theodore —logré decir, con la voz rota por la rabia. — Hice todo lo posible para conseguir este contrato, para dejar a esta Empresa como un Grupo a la altura de nuestros socios.

—Si necesitas clientes —añadió con cruel condescendencia—, puedo recomendarte con algunos amigos. Tal vez estén interesados en tus… servicios — Theodore era un imbécil, estaba hablando de sus empresas y él me sale con que podría conseguirme clientes. Me estaba tomando como a una cualquiera y aquello no es así y tampoco se lo voy a permitir.

—Puede retirarse, señor Scalyne —dije con un hilo de dignidad.

No respondió. Simplemente salió de la oficina.

Me quedé sola.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras las palabras de Theodore resonaban en mi mente como un eco interminable. El dolor en el pecho era insoportable, como si alguien me hubiera arrancado el corazón y lo hubiera hecho pedazos.

Cada frase suya se clavaba en mi alma como una cuchilla. En sus ojos ya no había rastro de amor, solo desprecio. Y esa certeza me hundía en una tristeza profunda, abismal.

Me sentía vulnerable, expuesta, rota. ¿Cómo había llegado a amar a un hombre capaz de destruirme de esa forma? ¿En qué momento dejé de importarle tanto?

La oficina, fría y silenciosa, se convirtió en un espacio asfixiante. Lloré sin consuelo, atrapada en una realidad que no quería aceptar.

—Señora, por favor… no llore —escuché la voz de Silvia—. Se está haciendo daño.

Entre la neblina de mis lágrimas vi que traía una chaqueta limpia.

—Discúlpame, Silvia… por dejar que me veas así —murmuré.

—Mi señora —dijo con firmeza—, el señor no la quiere. Y usted se está destruyendo por alguien a quien no le importa. Aunque sus lágrimas fueran de oro, no servirían de nada. Por su bien, aléjese de la empresa por un mes. Mientras esté cerca del señor Theodore, seguirá sufriendo.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar:

—El vicepresidente del conglomerado en Estados Unidos pidió permiso por un mes. Usted puede ocupar ese cargo temporalmente. Solicite el traslado. Descanse.

Tenía razón.

Sabía que Manuel, un gran amigo, había pedido permiso. Si seguía cerca de Theodore, terminaría hecha polvo. Levanté el rostro mientras Silvia me pasaba una toalla para limpiarme. No usaba maquillaje, pero la sangre aún manchaba mi piel.

—Redacta la solicitud de intercambio por un mes —le pedí.

En ese instante, mi teléfono sonó. Número desconocido.

—Habla Vega de la Torre —respondí.

—Es curioso —dijo una voz fría al otro lado—. Ayer, para conseguir una cita conmigo, usted era la señora Scalyne. Hoy, después de que Theodore ordenara romper el contrato, vuelve a ser solo de la Torre.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Alonso Trovatto estaba al otro lado de la línea, me recompuse lo más rápido que pude.

—Alonso… ¿podríamos hablar?

No pensaba quedarme de brazos cruzados. Theodore había actuado de forma impulsiva, pero no podía dejar que el conglomerado quedara mal parado.

—Trovatto Group —respondió únicamente.

Eso bastó.

—Silvia, envía la carta apenas la tengas lista. Voy a Trovatto Group. Todo aquí está en orden —dije mientras tomaba mis cosas.

Al salir al estacionamiento, vi el vehículo de Paola llegando. Aceleré el paso. No soportaría verla ese día. No soportaría una humillación más ya tengo bastante con Theodore como para soportar a su amanhe ahora mismo.

Cuarenta y cinco minutos después, el imponente edificio de Trovatto Group se alzaba frente a mí. Respiré hondo, acomodé la chaqueta y traté de ignorar el dolor de cabeza, consecuencia de la carga emocional de los últimos días.

—Buenos días, señora Scalyne. El CEO la espera —dijo la secretaria, sorprendida de verme—. Por aquí, está en una llamada, pero enseguida la recibe.

Asentí y esperé. La oficina era elegante, sobria, con un marcado aire masculino.

—Si ella no está dispuesta a cumplir —escuché decir desde adentro—, deja claro que en tres horas presentaré a mi esposa sustituta. Se acabó mi paciencia con ella, así como se acabó mi tiempo.

Me quedé helada.

¿Esposa sustituta?

Esa era la voz de Alonso Trovatto… y estaba furioso. Pero ¿Por qué estaba hablando de una esposa sustituta? Me masajee la frente, definitivamente el dolor de cabeza estaba por acabar conmigo.

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Último capítulo

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   EXTRA FINAl

    Cinco años.Cinco años habían transcurrido desde aquella noche en la que Alonso y Vega decidieron dejar atrás para siempre el apellido Trovatto, las heridas del pasado y los fantasmas que durante tanto tiempo intentaron perseguirlos.Cinco años construyendo una vida nueva.Cinco años de tranquilidad.Cinco años de amor.Cinco años demostrando que algunas personas nacen para encontrarse incluso después de atravesar el infierno.Turquía se había convertido en su hogar.Ya no era un refugio temporal.Era su casa.Su presente.Su futuro.La villa junto al mar seguía siendo tan hermosa como el primer día.Los amaneceres continuaban pintando el cielo de tonos dorados.La brisa seguía entrando por las ventanas.Y las risas seguían llenando cada rincón.Porque finalmente la felicidad había aprendido a quedarse.Aquella mañana comenzó diferente.Muy diferente.Alonso jamás olvidaría aquella fecha.Porque después de tantos años.Después de tantas lágrimas.Después de tantas noches abrazando a V

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   CAPITULO FINAL

    Dos años después.Dos años podían parecer poco tiempo para algunas personas. Pero para Alonso y Vega significaban toda una vida.Porque en aquellos dos años dejaron atrás el dolor, las traiciones, las pérdidas, las lágrimas y cada una de las cicatrices que una vez amenazaron con destruirlos.Habían sobrevivido.Y ahora estaban construyendo algo mucho más importante.Estaban viviendo.La noche caía suavemente sobre la ciudad de Estambul.Las luces doradas iluminaban las calles mientras el reflejo de los edificios danzaba sobre las aguas del estrecho del Bósforo.Era una ciudad hermosa.Antigua.Elegante.Llena de historia.Y precisamente por eso la habían elegido.Porque allí nadie conocía el apellido Trovatto.Nadie conocía los escándalos.Nadie conocía las guerras familiares.Nadie conocía los fantasmas que durante años los habían perseguido.Allí podían ser simplemente Alonso y Vega.Un hombre y una mujer intentando ser felices.Y lo habían conseguido.Aquella noche ambos se encontra

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   TODO EL PESO DE LA LEY

    Las luces comenzaron a aparecer entre los árboles como destellos de esperanza atravesando la oscuridad. Primero fueron algunas linternas moviéndose entre la vegetación, después voces, radios de comunicación y finalmente el sonido de vehículos acercándose por distintos puntos del terreno. La tensión que había dominado aquel lugar durante los últimos minutos empezó a romperse poco a poco mientras la realidad alcanzaba finalmente a quienes habían intentado esconder la verdad bajo el peso de la violencia y la venganza.Vega seguía de rodillas junto a Alonso.No había soltado su mano.No pensaba hacerlo.La sangre que había visto antes seguía atormentándola, pero ahora su única preocupación era sentir que él seguía respirando. Sentía los dedos del hombre entre los suyos y aquello era suficiente para mantenerse firme. Las lágrimas continuaban cayendo por sus mejillas, aunque ahora ya no eran solamente lágrimas de desesperación. También eran lágrimas de alivio.Porque había llegado.Porque l

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   No pensaba soltarla

    El rugido de la cascada llenaba cada rincón de la noche.El agua golpeaba las rocas con una fuerza brutal, levantando una niebla fina que se mezclaba con la oscuridad.Vega corría.Corría sin sentir el cansancio.Sin sentir el dolor.Sin sentir nada más que el terror que apretaba su pecho.Las lágrimas seguían cayendo mientras avanzaba siguiendo aquel rastro que parecía conducirla directamente hacia una pesadilla.Cada paso aumentaba la angustia.Cada segundo parecía una eternidad.Porque algo dentro de ella seguía gritándole que Alonso estaba allí.Que todavía no era tarde.Que aún podía alcanzarlo.Entonces escuchó voces.Se detuvo apenas un instante.Su corazón golpeó con violencia.Había llegado.Ocultándose tras unos arbustos, observó la escena frente a ella.Y el mundo dejó de girar.Alonso.Era Alonso.Su cuerpo estaba inmóvil sobre el suelo.Inconsciente.Sin reaccionar.Sin moverse.Como si toda la fuerza que siempre había mostrado hubiera desaparecido.El aire abandonó los p

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   LA SANGRE

    El silencio dentro de la villa se volvió insoportable, Vega permaneció inmóvil apenas unos segundos después de escuchar aquellas palabras cargadas de odio. Su pecho subía y bajaba con rapidez mientras sostenía el arma entre sus manos. Frente a ella, Fátima seguía observándola con aquella expresión amarga que parecía alimentarse del sufrimiento ajeno. Pero Vega ya no tenía tiempo para ella. Solo tenía tiempo para Alonso. Solo para encontrarlo. Solo para llegar hasta él. Su corazón le gritaba que cada segundo era importante. Que no podía detenerse.Que no podía perder tiempo discutiendo. Entonces giró sobre sus talones y avanzó hacia la gran escalera que conducía al nivel superior. Necesitaba buscar. Necesitaba encontrar alguna pista. Necesitaba respuestas. Detrás de ella escuchó los pasos apresurados de Fátima. La mujer no pensaba dejarla ir.—¡Vuelve aquí! — Gritó Fatima —¡No encontrarás nada!Vega no respondió, continuó avanzando, subió los primeros escalones, su respiración era cada

  • LA ESPOSA DIVORCIADA DEL CEO, LA FIRMA QUE LOS CONDENO.   FRENTE A FRENTE

    El interior de la villa estaba sumido en un silencio inquietante.Vega avanzó lentamente por el amplio vestíbulo, observando cada rincón. Su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho mientras el miedo crecía poco a poco. Había algo extraño en aquel lugar. Algo que no encajaba.Demasiado silencio. Demasiada calma. Demasiada ausencia. La mujer avanzó unos pasos más. Entonces escuchó algo.Un ruido.Un movimiento.Su mirada se dirigió hacia uno de los pasillos laterales y allí apareció una figura.Fátima Trovatto.Durante unos segundos ambas mujeres quedaron inmóviles.Mirándose.Midiéndose.Analizándose.Pero la primera reacción llegó de parte de Fátima.Sus ojos se abrieron por completo. La sorpresa fue tan evidente que ni siquiera intentó ocultarla.—¿Tú? —La voz salió cargada de incredulidad.—¿Qué estás haciendo aquí?Vega no respondió inmediatamente. Porque acababa de percibir algo importante. Fátima estaba nerviosa. Demasiado nerviosa. Su postura era rígida. Su respiración acelera

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