MasukCAPÍTULO 105 — SE LO VOY A DECIR YO MISMAUna hora más tarde, cuando Mateo entró a su despacho de la hacienda, el teléfono de Isabella ya había recibido un mensaje de texto de una sola línea enviado por Alain:«Carrera y yo acabamos de hablar. Sigo de una pieza».Diez minutos después de que Mateo se sentara tras su escritorio, la puerta del estudio se abrió. Isabella entró, cerró con llave detrás de ella, caminó hasta quedar frente al escritorio y apoyó las manos.—¿Siempre fuiste a ver a Alain?Mateo la miró unos segundos antes de contestar.—Lo cité a tomar un café.—¿Y ahora también vas a decidir con quién te sientas a hablar sobre mi hijo sin consultarme?Él se acomodó en su silla.—Tu hijo está metido en medio de una mierda que ya salpicó las puertas de mi casa. Así que sí, Isabella: voy a sentarme a hablar con el diablo si hace falta para mantenerlo con vida.Las palabras golpearon a Isabella con fuerza.Mateo no había dicho «tu problema» ni «el hijo de Francis».Había dicho «ma
CAPÍTULO 104 — YO SOY SU MARIDO—¿Desde hace cuánto te quieres acostar con mi mujer?Alain levantó la vista de golpe, porque no había visto venir el sablazo por ese flanco.—¿Qué dices? Eso no tiene nada que ver con mi sobrino.Mateo soltó un bufido seco, sin el menor rastro de humor. Clavó en Alain una mirada tan fría que resultaba mucho más amenazante que cualquier grito.—Por eso mismo —dijo sin pestañear—. Ya terminé de preguntarte por tu sobrino. Ahora quiero que me respondas eso.Alain frunció el ceño, sorprendido por la descarada pregunta. Aun así, mantuvo la boca cerrada, mientras Mateo inclinaba el torso hacia adelante.—No te pregunté si te acostaste con ella. Te pregunté desde cuándo te mueres de ganas de hacerlo.Alain apretó las muelas.Negarlo en la cara de un hombre que leía la calle como Mateo Carrera habría sido insultar la inteligencia de ambos.Pero aun así, no le debía explicaciones sentimentales al marido de Isabella y tampoco iba a permitir que una evasiva suya s
CAPÍTULO 103 — ¿DESDE HACE CUÁNTO TE QUIERES ACOSTAR CON MI MUJER?A esa misma hora de la madrugada, en el departamento de Guadalajara, Olga caminaba de un lado a otro de la sala con el teléfono apretado entre los dedos y la mandíbula rígida de tanto contener la rabia.Habían pasado horas desde que Tomás le confirmó que Mateo había sacado a Isabella del hotel, pero la colombiana seguía instalada en la hacienda como si nada hubiera ocurrido.Ni la había echado ni la había mandado de regreso a su país.Nada.Olga se detuvo frente al ventanal, mirando las luces de Guadalajara con los ojos entrecerrados.—Pinche cabrón... —murmuró—. Te ponen los cuernos en tus propias narices y todavía la tienes durmiendo en tu cama. Te volviste un pendejo por esa maldita.A ella la había echado de la hacienda sin darle oportunidad de discutir. Cuatro años reducidos a unas maletas y una orden, pero a Isabella parecía dispuesto a perdonarle cualquier cosa.De pronto, el teléfono vibró entre sus dedos.Tomá
CAPÍTULO 102 — UN TRASLADO ILEGALMateo acortó los centímetros que los separaban sin tocarla.—¿Cuarenta y ocho horas?Isabella apretó los labios al darse cuenta de que acababa de abrir otra rendija.—Estás esperando una prueba definitiva —dedujo él al instante—. ¿Qué vas a buscar? ¿Un ADN?Ella negó despacio con la cabeza.—Hasta aquí hablo hoy, Mateo.Él soltó una media sonrisa sin rastro de gracia.—Tienes un talento del demonio para soltarme una bomba en las manos y usar el humo para esconderme otras tres.—Y tú tienes un talento igual para convertir cualquier dato en una carnicería.—Por ese talento sigo respirando.Mateo levantó la mano derecha, la tomó por la barbilla y le sostuvo el rostro para que no pudiera esquivarle la vista.—No voy a meter armas en ninguna casa por una corazonada sin pruebas, Isabella...Ella lo miró sorprendida por la concesión, pero él se inclinó un poco más hacia su cara antes de terminar la frase.—Pero vete olvidando de que me voy a quedar sentado e
CAPÍTULO 101 — ME ROBÓ A MI HIJOMateo se quedó inmóvil.No parpadeó ni movió un solo músculo de la cara. Durante tres segundos pareció no haber procesado el idioma en el que ella le estaba hablando.Pero después sus ojos bajaron despacio desde la cara de Isabella hasta su vientre plano. El mismo vientre que apenas unas noches atrás él había tocado en la oscuridad, imaginando cómo se vería llevando un hijo suyo.Y resultaba que ella ya había llevado al hijo de otro.En la cabeza de Mateo estalló todo al mismo tiempo: la mano de Isabella frenándolo para exigirle un preservativo, el pánico en sus pupilas ante la idea de quedar embarazada, la forma en que se había quedado paralizada frente a aquel niño en la Fundación Arístegui, el teléfono satelital, los viajes a escondidas y el hermano de Francis Moreau aterrizando en Guadalajara.Todo tuvo una explicación y esa misma comprensión hizo que una rabia espesa contra sí mismo le subiera por el pecho.Esas madrugadas en las que la vio dormir
CAPÍTULO 100 — SU HIJOIsabella desvió la vista hacia el ventanal e intentó pasar por su costado rumbo al vestidor.En la cabeza de Mateo, el tablero entero volvió a girar.Alain había hablado de «devolverle lo que le quitaron»; Alejandro Restrepo estaba detrás de aquello y ahora resultaba que había alguien vivo en medio que podía salir herido si él metía armas en la ecuación.Cuando Isabella pasó a su lado, Mateo estiró la mano y la sujetó por la muñeca.Ella bajó la mirada hacia los dedos de su marido cerrados alrededor de su piel.—Suéltame.Mateo aflojó el agarre y dio un paso lateral para bloquearle el camino hacia el vestidor.—No vuelvas a verte a escondidas con Moreau.—No me des órdenes sobre con quién hablo y con quién no. Sabes que soy pésima para hacer caso.—Si me desafías, entonces me obligas a tomar cartas en el asunto, Isabella. Y esta vez no voy a enterarme por fotos anónimas de que otro hombre te tiene abrazada en la puerta de un hotel.Isabella frunció el ceño de go







