登入Giovanni inclinó profundamente la cabeza. Desde que la palabra «divorcio» había salido de sus labios en el tocador, la vergüenza parecía haberle arrebatado todo el valor. Ahora, sentada en el despacho de Don Mateo, ni siquiera era capaz de levantar la cabeza para mirar a su alrededor.A su lado, Lucía permanecía sentada con la espalda erguida, observando a Giovanni sin pestañear. Su mirada transmitía una exigencia silenciosa de explicaciones, y las quería con todo lujo de detalles.La mandíbula de Lucía se tensó. Estaba profundamente sorprendida y furiosa al escuchar que su amiga hablaba de divorcio de repente, cuando ni siquiera sabía cuándo se había casado Giovanni.—Vanni... —susurró Lucía con un tono apremiante, cargado de incredulidad—. Me debes una explicación muy larga. ¿Casarte? ¿Divorciarte? ¿Con quién te has...?—Lucía, por favor... —la interrumpió Giovanni con voz ronca, apretando con fuerza la tela de su vestido gris perla—. Dame un poco de tiempo. Te prometo que después t
Los dedos de Vanni rozaron el vestido de color gris perla que ahora cubría su cuerpo mientras contemplaba su reflejo en el gran espejo.Detrás de ella, Lucía estaba ordenando algunos documentos sobre el tocador mientras doblaba su saco color esmeralda.—Muchas gracias por tu ayuda... señorita Serrano —dijo Giovanni en voz baja, inclinando ligeramente la cabeza. Su voz sonaba incómoda y sumamente cautelosa.Al escuchar aquel tratamiento tan formal, Lucía interrumpió de inmediato lo que estaba haciendo. Se volvió hacia ella y soltó una risa cristalina.—¡Por Dios, Vanni! —rio Lucía, negando con la cabeza—. ¡Llámame Lucía, como antes! ¿Señorita Serrano? ¿Desde cuándo me hablas con tanta formalidad? ¡Fuimos compañeras de clase, recuérdalo!Giovanni esbozó una leve sonrisa, aunque no pudo ocultar por completo el dejo amargo de su expresión.—Antes era así, Lucía —susurró Giovanni, apretándose las manos frente al vestido—. Ahora las cosas son diferentes. Nuestra posición ya no es la misma q
Los murmullos acusadores de los invitados se detuvieron y dieron paso a un silencio cargado de curiosidad. Decenas de pares de ojos se volvieron hacia la mujer que acababa de aparecer.Giovanni contuvo el aliento. Sus ojos se abrieron de par en par al reconocer aquel rostro de facciones firmes.¿Lucía?Lucía Serrano, su amiga íntima durante la secundaria. Se habían separado muchos años atrás, cuando Lucía decidió continuar sus estudios de Derecho en Ginebra, mientras Giovanni ingresaba a la Facultad de Medicina en Madrid. Habían perdido el contacto hacía años, desde la quiebra de los Rinaldi.En los rostros de los invitados distinguidos apareció una expresión de desconcierto.—¿Quién es esa mujer? ¿Por qué se atreve a interrumpir al señor Lozano en medio de un evento como este?Al darse cuenta de las miradas interrogantes dirigidas hacia ella, la mujer sacó del bolsillo de su saco una credencial de personal protegida por una funda de cuero.—Permítanme presentarme. Mi nombre es Lucía
En la zona central del jardín, los invitados de honor, entre ellos Tristán, Mireia y varios altos ejecutivos, estaban sentados en una hilera de sillas ornamentadas con detalles dorados.Poco después, el presentador subió al escenario principal con una sonrisa formal.—Distinguidos invitados, recibamos con un fuerte aplauso a la figura principal de esta noche, fundador y gran pilar de Calderón & Partners, ¡don Mateo Calderón!Un estruendoso aplauso resonó por todos los rincones del jardín. Don Mateo apareció vestido con un esmoquin clásico confeccionado especialmente para él, irradiando la autoridad de un antiguo juez supremo que durante décadas había doblegado a los conglomerados empresariales y a los políticos más corruptos.Giovanni no apartó la mirada de aquel anciano ni por un instante. Incluso mientras don Mateo pronunciaba su discurso de bienvenida sobre cuatro décadas defendiendo la supremacía de una justicia independiente, Giovanni permaneció atento a cada uno de los gestos de
Al escuchar unos pasos que se acercaban, Héctor apartó de inmediato la mirada de Giovanni. El hombre de mediana edad se volvió y, en cuanto sus ojos se posaron en la figura erguida de un hombre vestido con un traje gris oscuro y una copa de champán en la mano, inclinó respetuosamente la espalda.—Señor Lozano —saludó Héctor con cortesía.Héctor, por supuesto, reconocía a Tristán Lozano. Tres años atrás, el consorcio Rinaldi había quedado destruido y sumido en una enorme deuda debido al trágico accidente en el que Bruno, el hermano mayor de Giovanni, había atropellado a Elena Lozano y la había dejado paralítica. Por lo que Héctor sabía, la familia Rinaldi había caído en la bancarrota para pagarle a aquel hombre las indemnizaciones por los gastos médicos y las responsabilidades legales.Sin embargo, Héctor no tenía la menor idea de que Giovanni había sido convertida en rehén mediante un matrimonio forzado para saldar el resto de aquella deuda.Al ver que la mirada penetrante de Tristán
Giovanni se sobresaltó al escuchar aquella voz tan familiar. Su cuerpo se tensó de golpe y luego giró la cabeza hacia un lado.Al instante, abrió los ojos de par en par al contemplar la figura de un hombre de mediana edad que estaba de pie justo frente a ella, vestido con un uniforme formal negro de corte clásico, característico de la nobleza española. El cabello del hombre ya estaba casi completamente blanco en las sienes.—¿T-Tío Héctor...? —susurró Giovanni, con la voz entrecortada.Héctor Morales. El fiel mayordomo que había servido a la familia Rinaldi durante décadas, el hombre que había cargado a Giovanni en brazos desde el día de su nacimiento.Los ojos envejecidos de Héctor se llenaron de lágrimas al instante al contemplar a la joven que tenía delante. Las arrugas de su rostro se suavizaron con una sonrisa cargada de emoción y alivio.—De verdad es la señorita Vanni... —murmuró Héctor con voz ronca y temblorosa.El hombre de mediana edad inclinó respetuosamente la cabeza.—¡D







