Mag-log in~EMILIANO~ Su propuesta me dejó mirándola durante varios segundos. Volver a ser como antes. La sola idea era absurda. Habían pasado siete años, demasiadas cosas entre nosotros y suficiente resentimiento como para llenar aquella casa entera. No podíamos simplemente sentarnos a beber tequila y fingir que seguíamos siendo aquellos dos adolescentes que se buscaban para contarse cualquier estupidez que les hubiera ocurrido durante el día. Y, sin embargo, durante los últimos minutos se había sentido exactamente así y eso era lo que más me molestaba. —¿Todos nuestros secretos? —murmuré. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —Bueno, ya descubrimos que realmente no nos contábamos todos nuestros secretos. La observé por encima del vaso, con más suspicacia que antes, porque sabía perfectamente que detrás de toda esa aparente amabilidad había algo más. Conocía lo suficiente a Valentina Volkova como para saber lo astuta que podía ser para sacarle información a alguien.
~EMILIANO~ Cautelosamente me acerqué a ella, sin dejar de analizar con atención la expresión serena, casi imperturbable de su rostro. Rápidamente di una ojeada alrededor, buscando alguna trampa oculta, pero no encontré nada. Al menos no en ese instante. Valentina sonrió, como si hubiera adivinado mis pensamientos, y yo fruncí más el ceño. —¿Qué haces aquí? —pregunté. —Esperándote. —¿Para? Soltó una risa nasal. —¿No puedo esperar a mi esposo? Afilé la mirada con suspicacia. —¿Qué hiciste, Valentina? —Nada. —Te conozco, así que no me mientas. Rio divertida y negó. —¿No crees que si hubiera hecho algo tus hombres ya te lo habrían informado? Cerré los ojos un segundo, apretándome el puente de la nariz. —Si estás buscando discutir conmigo o provocarme de alguna manera, te advierto que no tengo interés alguno en hacerlo. Estoy cansado y... —Tranquilízate, Emiliano. Si estuviera buscando discutir contigo o provocarte lo habría hecho desde que cruzaste esa puer
~EMILIANO~Me quedé mirando la portada durante varios segundos.Debajo del enorme titular había una fotografía mía tomada durante una de las últimas carreras y, alrededor, varias frases que prometían revelar todo lo que hasta ese momento se sabía sobre mi supuesto matrimonio secreto.Le arrebaté la revista de las manos a Yuri y pasé las primeras páginas hasta encontrar el artículo.—¿De dónde mierda sacaron esto?—No tengo idea —respondió, encogiéndose de hombros.—Se supone que le pagué una buena cantidad de dinero a esas malditas modelos y a los miembros del equipo de producción que se presentaron esa noche, para que no dijeran nada de lo que pasó con Valentina.—Pues no sé qué pasó, Emiliano. Quizá siempre hablaron. Probablemente decidieron que querían conseguir más dinero vendiendo la noticia.Cerré los ojos y me apreté el puente de la nariz, sintiéndome frustrado.—Pero estos de esta revista no son los únicos —agregó—. Desde ayer hay varias publicaciones hablando de tu boda.Abrí
~EMILIANO~ —Esperamos con interés recibir esos contratos, señor Rosendale —dijo Yuri, caminando hacia la puerta de la habitación del hotel—. Le aseguro que ha tomado la mejor decisión al elegir a Emiliano como el rostro de su marca.Abrió la puerta y la mantuvo abierta para el empresario y su séquito de abogados.—Estoy seguro de que así es, señor Malenkov —dijo el empresario y le extendió la mano—. Nos vemos en la gala la próxima semana.Yuri le apretó la mano y le sonrió.—Nos vemos.Cuando soltaron sus manos, el señor Rosendale fijó su mirada en mí.—Nos vemos, señor Montalvo.También extendió su mano hacia mí y se la estreché.—Nos vemos, señor Rosendale. Gracias por la confianza.Se alejó de mí y, seguido por el grupo, salió de la habitación.Yuri cerró la puerta detrás de ellos y me dio unas palmadas en el hombro.—Todo salió muy bien —expresó, lleno de entusiasmo—. Acabamos de cerrar la cuenta más importante del evento y con eso te conviertes en el piloto mejor cotizado de tod
~VALENTINA~La inquietud que me había dejado la videollamada con mi padre no desapareció.Intenté convencerme de que estaba exagerando porque él mismo había dicho que solo tenía el estómago revuelto, probablemente por algo que había comido, y no era como si nunca se hubiera enfermado en su vida. Aun así, seguía recordando su rostro más demasiado pálido, el cansancio que se le notaba alrededor de los ojos y esa sensación difícil de explicar de que algo en él se veía diferente.Así que, para tratar de alejar aquella sensación de inquietud de mí, terminé llamando a Bruno.Mi hermano respondió después de varios tonos.—¿Y ese milagro que me llamas?Entorné los ojos con fastidio e ignoré el comentario.—Bien ¿y tú? ¿Qué tal la vida de casada?—No me jodas. No te llamo para bromas estúpidas.—Entonces ¿para qué me llamas?—Quiero preguntarte si sabes qué le pasa a papá.Hubo una pausa.—¿Qué le pasa de qué?Fruncí el ceño.—¿Cómo que qué le pasa? ¿Acaso no lo has visto?—Vale, no sé de qué
~VALENTINA~ Mi padre ya llevaba dos días intentando llamarme. Al principio había ignorado las llamadas con bastante facilidad. Después comenzaron a llegar los mensajes, primero uno preguntándome si estaba bien, luego otro diciéndome que al menos podía tener la decencia de responderle para que supiera que seguía viva. No contesté ninguno: ni las llamadas ni los mensajes. Todavía estaba demasiado enojada. No solo por la boda, sino por la forma en que habían hecho todo. Sin avisarme. Sin preguntarme. Usando precisamente aquello que más había deseado durante años para convencerme de aceptar un matrimonio que nunca habría elegido. Aquella tarde mi teléfono volvió a vibrar. Miré la pantalla, encontrándome con un mensaje suyo: *[[No puedes estar enojada conmigo para siempre, Valya.]] Fruncí los labios. Claro que podía. Podía estar enojada muchísimo tiempo si me lo proponía. Ni siquiera había terminado de dejar el teléfono sobre la cama cuando comenzó a sonar otra vez.







