เข้าสู่ระบบ~ALESSIA~
No entendía cómo yo, una persona acostumbrada a madrugar, se había despertado tan tarde. El sol ya estaba en lo alto del cielo y la única respuesta que pude encontrar aquello, era que estaba agotada por el viaje y por todo lo que había pasado el día anterior. Permanecí acostada unos segundos más, mirando el techo, dejando que mi mente se acomodara a esa nueva realidad que había elegido sin dudar y a preguntarme cómo iba a hacer para lograr mi objetivo. Ya no se trataba de enamorar a Maksim Volkov, sino de domar a esa bestia bruta. Porque después de conocerlo en persona y de la forma en que me había tratado, en eso se había convertido para mí. Una bestia bruta que necesitaba ser domada, domesticada y educada. La siguiente pregunta que cruzó mi cabeza no fue si había hecho lo correcto. Fue si ese stronzo había regresado a la casa. Si lo hizo… ¿a qué hora? Porque yo no escuché nada, o al menos que haya caído como piedra, lo cual pudo ser posible. Exhalé con suavidad, molesta conmigo misma por pensar en eso, y aparté las sábanas. No tenía sentido perder tiempo en preguntas que no iban a tener respuesta inmediata. Me levanté y me dirigí al baño, ocupándome de lo básico con movimientos automáticos, intentando mantener la mente en blanco mientras me aseaba y elegía qué ponerme entre mis cosas. Cuando estuve lista, me miré al espejo por un segundo más de lo necesario, no para comprobar mi aspecto, sino para recordarme exactamente dónde estaba y por qué. No había marcha atrás. Salí de la habitación y avancé por el pasillo de la segunda planta con paso lento, observando cada detalle a mi alrededor. La casa era exactamente lo que esperaba de alguien como Maksim: moderna, impecable, excesiva sin ser vulgar. Todo estaba en su lugar, todo respiraba orden, control… y una ausencia casi inquietante de vida. No había voces, ni pasos, ni el más mínimo sonido que indicara que alguien más habitaba ese espacio. Esa quietud era tan absoluta que por un momento tuve la sensación absurda de estar sola en el mundo. Bajé las escaleras con la misma calma, recorriendo la primera planta con la mirada, esperando encontrar alguna señal de actividad. No había nada. Ni un sirviente, ni un guardia visible, ni siquiera el ruido lejano de alguien moviéndose. Solo silencio. No sabía exactamente hacia dónde ir, pero el comedor parecía una opción lógica. Así que, crucé el vestíbulo, pasando a una sala de estar enorme, elegante, perfectamente decorada, pero tan intacta que parecía no haber sido usada jamás. Seguí avanzando, pasando frente a una puerta cerrada que, supuse, llevaba a un despacho, y finalmente encontré el comedor. Era desproporcionado. Una mesa enorme, diseñada para albergar a decenas de personas, se extendía en el centro de la habitación, rodeada de sillas perfectamente alineadas. Me detuve un momento, observando el espacio, preguntándome si alguien más vivía allí además de él y la servidumbre… o si simplemente le gustaba el exceso y la opulencia. Fue entonces cuando escuché un ruido detrás de mí. Me giré y encontré a una mujer en la entrada. Una sirvienta. Su presencia fue tan silenciosa como todo lo demás en esa casa. Le sonreí por pura cortesía, y ella me devolvió el gesto. —Hola —saludé. Ella respondió en ruso, con una leve inclinación de cabeza. Fruncí el ceño. —¿Hablas inglés? La mujer pareció confundida por un segundo antes de negar con la cabeza. Dudó un instante y luego, con un acento marcado, dijo en un inglés torpe: —Solo ruso. Chasqueé la lengua con suavidad, más molesta conmigo misma que con ella. Debí haber aprendido el idioma antes de meterme en esto. Era un error básico. La mujer levantó la mano, haciéndome un gesto para que esperara. Asentí, suponiendo que iría a buscar a alguien que pudiera comunicarse conmigo. Se dio la vuelta y salió con prisa, dejándome sola otra vez en ese espacio demasiado grande. Me quedé de pie, sin moverme, dejando que el silencio volviera a instalarse. Pasó alrededor de un minuto cuando un sonido distinto llamó mi atención. No fue el ruido en sí, sino algo más sutil… una voz femenina y hablando un inglés perfecto. Giré la cabeza hacia el origen del sonido y caminé hacia el ventanal que daba al exterior, esperando encontrar a alguna otra empleada. Pero lo que vi fue algo muy distinto. Una mujer se estaba recostando en una tumbona junto a la piscina, para tomar el sol como si nada en el mundo pudiera alterarla. Llevaba un traje de baño que dejaba poco a la imaginación, su piel de leche contrastaba con el rico tono chocolate de su cabello, largo, ondulado, cayendo con naturalidad sobre sus hombros, hasta su cintura. Y de su cuerpo ni hablemos. Era… impresionante. Parecía una de esas super modelo del catálogo de Victoria's Secret. Y eso fue exactamente lo que me hizo tensar la mandíbula. La rabia me atravesó de golpe, rápida, limpia, sin matices. Porque lo primero que pensé no fue en quién era, sino en qué hacía allí. Y la respuesta más obvia no me gustó en absoluto. A la bestia bruta no le importaba una m****a el matrimonio. Había traído a otra mujer a su casa. O peor… ella ya vivía allí. No dudé. Abrí la puerta corrediza y salí al jardín, avanzando con decisión hacia la piscina. Cada paso que daba reafirmaba la conclusión a la que había llegado, y cuando estuve lo suficientemente cerca, la mujer notó mi presencia. Se apoyó en un codo con elegancia, se quitó los lentes de sol y me miró con unos impresiones ojos de un vibrante azul. Sonrió. —Hola —dijo con naturalidad. Me detuve frente a ella, cruzando los brazos. —Hola —respondí, frunciendo el ceño—. ¿Tú quién eres? Su sonrisa se ensanchó, como si la pregunta le resultara divertida. —Pues se supone que yo soy la luz de los ojos de Maksim.~VALENTINA~ Lo primero que vi fue un color blanco. Demasiado blanco. Tanto que me resultó agobiante. El techo, las paredes y, sumado a eso, una luz cegadora que me obligó a parpadear varias veces mientras intentaba entender dónde demonios estaba. Mi cabeza pesaba, tenía la boca seca y sentía el cuerpo extraño, como si no terminara de pertenecerme. Durante unos segundos permanecí inmóvil, tratando de ordenar pensamientos que llegaban lentos y confusos, hasta que una posibilidad bastante desagradable cruzó mi cabeza. —Joder —solté con la voz ronca—. ¿Acaso me morí? —¿Estás viendo llamas a tu alrededor? Fruncí el ceño ante aquella pregunta y reconocí la voz antes de conseguir enfocar correctamente el rostro que apareció flotando a mi derecha. Volví a parpadear para despejar la bruma de mi cabeza y de mi vista, y entonces noté que Emiliano estaba sentado junto a la cama, inclinado hacia delante, casi encima de mí, y con un aspecto bastante peor de lo habitual. Tenía el cabello deso
~VALENTINA~Yuri giró la cabeza hacia las escaleras y el agarre alrededor de mi cuerpo se aflojó apenas un instante, pero fue más que suficiente.Hundí el codo contra sus costillas, me lancé hacia delante y conseguí zafarme de sus brazos antes de que pudiera sujetarme otra vez.Kate ya venía hacia mí con el cuchillo levantado, así que giré sobre mí misma y le lancé una patada con toda la fuerza que todavía me quedaba. Mi pie impactó contra su abdomen y Kate soltó el aire de golpe y cayó de espaldas sobre el suelo, pero el cuchillo permaneció en su mano.No le di tiempo para recuperarse. Me lancé sobre ella dispuesta a matarla de una vez.—¡Maldita perra!Kate intentó apuñalarme y sujeté su muñeca con ambas manos antes de que la hoja alcanzara mi pecho.El dolor de mi costado me atravesó con tanta intensidad que por un segundo sentí que me faltaba el aire, pero apreté los dientes y continué forcejeando.Kate gruñó, intentando girar la muñeca para liberarse, y le estampé el puño contra
~VALENTINA~ Fruncí el ceño sin entender por qué me odiaba más a mí, si yo ni siquiera existía en aquel tiempo. —Naciste dentro de esta familia y jamás tuviste que esconderte —escupió llena de resentimiento—. Tuviste a tu padre, a tu madre, hermanos que crecieron contigo, una casa llena de gente dispuesta a morir por protegerte. Ya no sonreía divertida. Su expresión se había endurecido por la rabia. —Creciste sabiendo que algún día serías Pakhan porque tu padre decidió entregarte todo lo que tenía —continuó—. Tú viviste la vida que yo debí tener. Cada vez que te escuchaba hablar de lo que harías cuando dirigieras la Bratva, cada vez que Maksim te miraba orgulloso, cada vez que la puta de tu madre te abrazaba... yo pensaba en lo que mi madre y yo habíamos perdido por culpa de ustedes. Así que decidí destruirte. —Yo no te hice nada, maldita perra rencorosa. —¡Claro que sí! —ladró—. Tú tenías la vida que yo debí tener y por eso decidí quitarte cosas. Una por una. La manera e
~VALENTINA~ «Leonidovna Petrova.» Me quedé mirando a Kate de pie delante de mí mientras aquel nombre seguía retumbando dentro de mi cabeza. Conocía perfectamente aquella historia. Había crecido escuchándola. Leonid Petrov había sido uno de los enemigos más peligrosos de mis padres, el hombre contra el que habían librado una guerra después de que su hija Irina intentara asesinarlos el día de su boda. Mi padre había terminado con Petrov y con la organización que dirigía, y durante todos esos años ninguno de nosotros había tenido motivos para pensar que quedara alguien de aquella familia con capacidad para levantarse nuevamente contra los Volkov. —Eso es imposible —murmuré—. Leonid Petrov no dejó descendientes. Katerina sonrió. —Eso fue lo que tu padre creyó. Afuera continuaban escuchándose disparos, aunque las gruesas paredes de la mansión amortiguaban buena parte del estruendo. Yo mantuve el arma apuntándole mientras ella daba un paso más, disfrutando demasiado de mi de
~EMILIANO~ Apenas el avión tocó tierra en Chicago, bajé sin perder tiempo y crucé la pista hacia el vehículo que ya me esperaba. El conductor abrió la puerta trasera y subí mientras sacaba el teléfono para comprobar si Valentina había intentado comunicarse conmigo durante el vuelo. No había llamadas perdidas ni mensajes nuevos de ella y, aunque sabía que probablemente estaba ocupada con sus hermanos y todos los problemas que tenía encima, ni eso logró impedir que aquella ausencia de noticias consiguiera inquietarme. —A la mansión Volkov —ordené. El vehículo arrancó inmediatamente y me acomodé hacia delante, incapaz de relajarme contra el asiento. Había pasado todo el vuelo con la misma sensación desagradable instalada en el pecho desde que descubrí que Yuri había desaparecido. No sabía dónde estaba, no sabía qué pretendía hacer y tampoco tenía ninguna certeza de que realmente hubiese salido de Sinaloa, pero cada minuto que me acercaba a Chicago era uno menos que tendría que p
~VALENTINA~Otra ráfaga de disparos hizo vibrar los muros del calabozo y todos reaccionamos al mismo tiempo. Bruno desenfundó el arma, Viktor se movió hacia la puerta y Vadim ya estaba cargando su pistola cuando otra serie de disparos estalló desde el exterior, esta vez mucho más cerca.—Nos están atacando por varios puntos —informó Denis después de escuchar algo por el auricular—. Hay movimiento en el acceso norte y también por el lado este de la propiedad.—Entonces no vienen por una sola entrada —respondí mientras sacaba mi arma—. Vadim, moviliza a los hombres del ala oeste y refuerza el perímetro antes de que consigan abrir otro frente. Denis, quiero a todos los que estén dentro de la propiedad distribuidos en los accesos principales, defendiendo la casa y matando a cualquier hijo de perra que quiera entrar.Ambos asintieron y salieron delante de nosotros.—Bruno, tú vienes conmigo. Viktor, toma el lado norte con Enzo. Mikhail, refuerza a los hombres del este y no permitas que los







