Masuk~MINA~ —¿Una jaula? —repitió Maksim. Asentí. La incredulidad en su rostro no me sorprendió. Alessia también me observaba con los ojos un poco más abiertos, aunque en ella no distinguía rechazo, sino curiosidad. Artem, en cambio, permaneció tranquilo a mi lado.Él ya sabía exactamente lo que quería hacer y por qué; habíamos hablado de ello antes de sentarnos con Maksim y Alessia, así que no necesitaba ninguna explicación. —Sí —respondí—. Una jaula. Maksim apoyó la espalda contra el sillón y cruzó los brazos. —Explícate. Tomé aire lentamente. Decirlo en voz alta no me provocaba miedo ni vergüenza. Al contrario. Había pensado demasiado en aquello desde que se me ocurrió y cada vez me parecía más justo.Ojo por ojo y diente por diente. —Cada vez que Ezequiel se enfadaba conmigo o quería castigarme por algo, me encerraba en una jaula como si yo fuera un animal. A veces eran horas. Otras veces podía dejarme ahí por días. Dependía de lo que hubiera hecho según él, de su humor o simpl
~MINA~ —Valdés dijo que, si Artem no cumple pronto, va a contarle a Ezequiel quién estuvo detrás de Ramiro y de Chuy. También le dirá dónde puede encontrar a esa persona. Maksim dejó de moverse y la expresión de su rostro cambió de inmediato. Hasta ese momento había permanecido recostado en uno de los sillones, escuchando mientras Artem resumía lo ocurrido, pero aquello bastó para que se incorporara y apoyara los antebrazos sobre las piernas. Alessia, sentada a su lado, también se puso seria y dirigió la mirada hacia Artem. —Ese hijo de puta está empezando a pasarse de listo —dijo Maksim. —Sí —respondió Artem—. Pero también está cansado de esperar. Yo estaba sentada junto a él y sentía su brazo rozando el mío. Habíamos decidido reunirnos con Maksim y Alessia porque, después de la amenaza de Valdés, ya no tenía sentido alguno seguir aplazando lo que sabíamos que tarde o temprano tendríamos que hacer. Artem y yo habíamos hablado antes de venir y estábamos de acuerdo, pero aquello
~ARTEM~Solté el aire por la nariz y apreté el teléfono contra la oreja, conteniendo la irritación que sentí subirme por la garganta y las ganas de mandarlo a la mierda.Valdés ya me estaba jodiendo la paciencia.—Ya te dije que voy a cumplir.Su respuesta llegó cargada de fastidio.—Eso me dices todos los putos días, ruso de mierda. Cada día te llamo para exigirte que cumplas tu parte y cada día me prometes que lo harás, pero sigo sin ver resultados. Ya pasaron semanas desde que hicimos nuestro trato y de que cumplí la mía, y estoy harto de estar esperando que cumplas la tuya.Miré hacia Mina. Seguía cerca de mí, aunque ya no hablaba. Había notado el cambio en mi expresión y ahora me observaba con atención, mientras detrás de ella continuaban el ruido de las herramientas y las voces de los hombres trabajando. Emiliano seguía sentado a su mesa, completamente ajeno a todo, concentrado en su dinosaurio verde.—No necesito que me llames cada maldito día para recordármelo —mascullé.—Ento
Otros cuantos días después... ~ARTEM~ Cuando llegué al local, el ruido de las herramientas se escuchaba desde afuera. Había hombres trabajando en varias partes del lugar, materiales apilados cerca de una pared y una parte de la cocina ya comenzaba a tomar la forma que Mina había imaginado desde aquella primera noche en que le entregué la llave. Lo primero que vi fue a ella. Estaba de pie junto al supervisor de la obra, señalando algo hacia el fondo mientras hablaba en inglés. No era perfecto. Todavía hacía pequeñas pausas, buscaba alguna palabra y de vez en cuando corregía una frase sobre la marcha, pero ya podía mantener una conversación sin depender del traductor del teléfono ni de que alguien estuviera a su lado repitiendo todo por ella. —The counter... I want it a little more... —frunció el ceño, buscando la palabra—. Wide. More wide. El supervisor sonrió. —Wider. —Yes. Wider. So we have more space here. Me quedé unos segundos observándola antes de seguir avanzando. No n
~MINA~ Agarré un limón, me lo puse en la boca, me acomodé en mi taburete y esperé el movimiento del güero, fingiendo calma, aunque la verdad era que ese beso me había dejado aturdida y con ganas de que ese ruso me agarrara con sus fuertes brazos, me levantara del suelo, me subiera a la isla y me tomara como un animal en celo. Pero quería jugar, aunque fuera un poquito, y tenía curiosidad por saber lo que iba a hacer conmigo. Después de gruñirme como un perro con rabia por haberlo alejado, Artem se sirvió otro chupito, agarró el salero y me vio como si él fuera un depredador y yo su presa. Mi piel se puso de gallina y mis pezones se endurecieron, ardiendo de desesperación porque sus dedos, su boca, su lengua o sus dientes le dieran algo de fricción. «¿Por qué chingados se me ocurrió este pinche juego?», pensé, cuando él se acercó y con una de sus rodillas me abrió las piernas bruscamente y se acomodó en medio de ellas. Llevó una mano a mi pecho y me empujó hacia atrás, provocando
~ARTEM~También me puse en pie y con deliberada lentitud comencé a quitarme cada prenda de ropa frente a la atenta mirada de mi mexicana, que no se perdió detalle alguno del pequeño espectáculo erótico que le ofrecí mientras me desnudaba.Yo también mantuve mis ojos fijos en ella, absorbiendo cada una de las deliciosas y tentadoras curvas de su voluptuoso cuerpo.Segundos después, ambos estábamos totalmente desnudos delante del otro y mi mente se quedó en blanco mientras la contemplaba y mi lengua picó por lamer cuanto antes su suave piel.Imaginé los lugares por lo que la iba a pasar y el contraste que iba a provocar en mis papilas gustativas la mezcla de la sal, el sabor ácido del limón, el gravoso y amargo del tequila y el dulce de su piel.Blyat.Mi polla se puso más dura y desesperada, y no pude contenerme más. La agarré con una mano y la apreté con fuerza, dejando escapar un gemido gutural.Tragué saliva. Mi cuerpo se empezó a sentir como si estuviera en llamas con la necesidad







