LOGIN~VALENTINA~Desde que Emiliano había salido de la casa para interrogar al prisionero, lo había estado esperando en el jardín, cerca de donde lo había visto entrar, las caballerizas, para presionarlo a que me revelara que había dicho el hombre.Cuando finalmente lo vi aparecer, acompañado por Mateo y Gael, a quienes les daba instrucciones para realizar algo, me acerqué a ellos. Al verme, Emiliano dejó de hablar, como si no quisiera que yo escuchara lo que les decía, y los despachó. Eso me irritó.Los dos hombres me saludaron con una inclinación de cabeza antes de marcharse y yo me planté frente a Emiliano, con los brazos cruzados.—¿Qué dijo?Su expresión no cambió.—No mucho.Lo miré fijamente.—No te creo.—Ese ya no es problema mío.—Sí lo es cuando estás mintiéndome en la cara.Su mandíbula se tensó ligeramente. Intentó pasar a mi lado, pero me moví para bloquearle el camino.—Valentina.—No. Esos hombres intentaron llevarme a alguna parte y quiero saber qué averiguaste.Emiliano e
~EMILIANO~ Cuando entré a las celdas que estaban escondidas bajo las caballerizas del rancho y que utilizábamos para encerrar e interrogar a todos aquellos que se enfrentaban al Cártel Montalvo, el hombre seguía amarrado a la silla. Tenía la cabeza inclinada, sangre seca en la sien y el hombro vendado justo donde le había disparado antes de que pudiera matar a Valentina. Mateo estaba apoyado contra una pared y Gael permanecía cerca de la puerta. —¿Habló? —pregunté. —No mucho —respondió Mateo—. Dice que no sabe quién fue la persona que pagó. Me acerqué al prisionero y me detuve frente a él. —Levanta la cabeza. No obedeció, así que le agarré el cabello y lo obligué a mirarme. —Voy a preguntarte una sola vez. ¿Quién los contrató? El hombre escupió sangre hacia un lado. —No lo sé. —Mala respuesta. Le asesté un puñetazo en la nariz que lo hizo chillar y sangrar, y lo solté. —Es la verdad —lloriqueó—No sé quién es la persona. —Entonces dime qué es lo que sí sabe
~VALENTINA~ Desperté mucho más temprano de lo habitual y durante varios segundos me quedé mirando el techo, todavía medio adormilada, hasta que los recuerdos de la noche anterior terminaron de espantarme el sueño. Especialmente la forma en que Emiliano había evitado responder cuando le dije que estaba segura de que no iban por él. Después del enfrentamiento me había llevado de vuelta al rancho y, apenas comprobó que estaba bien, desapareció con varios de sus hombres sin darme demasiadas explicaciones. Y yo ya estaba cansada de las explicaciones a medias. Me levanté, me duché y me vestí rápidamente antes de salir de la habitación. Encontré a uno de los hombres de seguridad en el pasillo. —¿Dónde está Emiliano? —pregunté. El hombre dudó apenas. —En el despacho, señora. —Gracias. Bajé las escaleras y crucé el pasillo hasta encontrar la puerta entreabierta. Emiliano estaba dentro, de pie detrás del escritorio, hablando con Gael y Mateo. Los tres giraron hacia mí
~EMILIANO~ Valentina salió de mi regazo de inmediato y se acomodó el vestido con movimientos rápidos mientras yo me inclinaba hacia adelante y abría el compartimiento oculto debajo del asiento. Saqué dos pistolas y varios cargadores. —Manténganse alerta —ordené por el intercomunicador—. Nadie se mueve hasta que yo lo diga. Si disparan, respondan. La voz de Gael llegó desde uno de los vehículos de escolta. —Entendido, patrón. Valentina terminó de componerse el vestido y miró por la ventanilla hacia los automóviles atravesados en la carretera. —¿Son enemigos tuyos? La miré apenas. Sabía que probablemente no, pero no se lo iba a revelar. —Sí. Valentina ssintió lentamente y entonces sonrió. —Bueno. Supongo que llegó la hora de divertirnos a lo grande. La observé como si hubiera perdido la cabeza mientras introducía el cargador en una de las armas. —No. Tú te agachas y no sales del coche. —Ni lo sueñes. Antes de que pudiera impedirlo, me arrebató la pistola,
~EMILIANO~Después de tomarme las dichosas fotografías con el señor Rosendale, no quise perder más tiempo en aquella gala que ya me estaba pareciendo una mierda porque tenía cosas más importantes de las que ocuparme: mi esposa y el trato más importante de mi vida que probablemente estaba a punto de cerrar.Siempre había sido bastante disciplinado, bastante profesional con respecto a mi trabajo y sus obligaciones, pero en ese momento no me importaba. Solo quería estar a solas con Valentina y continuar lo habíamos dejado a medias por culpa de la interrupción de Yuri.Le envié un mensaje a mi chófer para ordenarle que nos esperara frente a la entrada, y, cuando salimos, nos estaba esperando justamente allí.Miré a Valentina por el rabillo del ojo. Tenía las mejillas muy sonrojadas, y no era el calor lo que se lo provocaba. Ella sabía exactamente lo que iba a pasar en cuanto subiéramos al auto.Después de haberla tenido tan cerca del orgasmo, probablemente se sentía tan frustrada como yo.
~VALENTINA~Emiliano no perdió ni un solo segundo después de que le respondí.Su mano se cerró alrededor de mi muñeca y nos apartó de la pista de baile para conducirnos a través de una puerta situada en un lado del salón.—¿A dónde vamos? —pregunté, mientras el ruido de la fiesta se desvanecía a nuestras espaldas.No giró la cabeza para responderme.—A un lugar privado donde nadie pueda ver lo que tengo pensado hacerte.El corazón me palpitó en el pecho y mis pezones se apretaron con fuerza contra la fina tela del vestido, mientras imaginaba lo que estaba por venir.Me arrastró hasta un nicho y me hizo girar, presionando mi espalda contra la pared y apoyando sus manos a ambos lados de mis hombros.—¿Estás lista? —La dureza de su voz provocó que los zarcillos de necesidad se tensaran en un nudo caliente dentro de mí.Tirando a la mierda el control de la situación, eché la cabeza hacia atrás y lo miré directamente a los ojos.—Sí.No preguntó más.Al segundo siguiente, sus labios chocar







