LOGIN~VALENTINA~Durante unos segundos me limité a mirar a mi padre, convencida de que en cualquier momento iba a decirme que se trataba de una broma de pésimo gusto.No lo hizo.Mamá tampoco.—¿Mi boda? —repetí lentamente.Papá sostuvo mi mirada.—Sí.Sentí cómo la incredulidad se convertía en furia.—¿Acaso se volvieron locos?—Vale...—No, mamá. ¿Qué significa esto? —miré a ambos, cada vez más enfadada—. ¿Decidieron casarme sin preguntarme siquiera si quería hacerlo?Papá endureció la expresión.—No es tan simple.Solté una risa sin humor.—Claro que sí. Se llama usarme como moneda de cambio.Eso sí consiguió que su gesto cambiara.—Cuidado con lo que dices.—¿Por qué? ¿Porque no es verdad? —di un paso hacia él—. Tú le prometiste a mamá que nunca más permitirías que las mujeres de la Bratva fueran utilizadas para cerrar alianzas. Lo dijiste. Y ahora resulta que haces exactamente lo mismo conmigo. Y tú, mamá —la miré—, ¿también lo estás apoyando en esta locura?Mamá intervino antes de qu
Diez años después... ~VALENTINA~ El retroceso del arma me sacudió los brazos, pero apenas moví los hombros. Respiré, mantuve la vista fija al frente y volví a apretar el gatillo. Una vez. Otra. Y otra más. Cuando el último disparo retumbó en el campo de tiro, bajé el arma, activé el seguro y observé la silueta a varios metros de distancia. Las agrupaciones estaban exactamente donde quería: pecho, garganta y cabeza. Ningún tiro perdido. Ninguno lo bastante desviado como para molestarme. Bien. Dejé escapar el aire lentamente y retiré el cargador. Llevaba casi dos horas entrenando y podría haber seguido otras dos sin problema. Disparar siempre me ayudaba a concentrarme. No importaba cuánto ruido tuviera alrededor ni cuántas cosas estuvieran ocurriendo dentro de mi cabeza; en cuanto sujetaba un arma, todo se reducía a respiración, postura, distancia y objetivo. Tal vez por eso me gustaba tanto. O quizá porque desde pequeña había sabido que algún día tendría que ser buena en aq
MI ESPOSA, MI ENEMIGA PRÓLOGO¿Casarme con el hombre que más odio en este mundo?Ni aunque estuviera loca.Pero ¿si me ofrecen aquello que he deseado durante toda mi vida...?Quizá.Valentina Volkova había pasado toda su vida preparándose para convertirse en una mujer capaz de liderar, mandar la organización criminal de su padre y defender a los suyos. Había crecido entre hombres peligrosos, armas, secretos, alianzas y decisiones capaces de cambiar el destino de familias enteras. Muy pronto comprendió que llevar los apellidos Volkov y Cardinale significaba mucho más que pertenecer a una familia poderosa. Significaba estar preparada para demostrar, algún día, que podía ser tan temible como quienes habían venido antes que ella.Había aprendido a disparar, a pelear, a negociar, a leer a sus enemigos y, sobre todo, a no dejar que nadie decidiera por ella.Por eso, cuando su propia familia determinó que la mejor forma de asegurar una alianza capaz de cambiar el equilibrio del poder era en
~EMILIANO~ Esa noche, cuando por fin regresamos a casa y todo el desastre con Maksim Volkov, mi suegro, quedó atrás, pensé que lo único que iba a hacer era bañarme, acostarme y disfrutar en paz de haber ganado una carrera importante sin que nadie volviera a amenazarme con arrancarme alguna parte del cuerpo. Me equivoqué. Mi madre me llamó a la sala apenas terminé de cambiarme. Papá ya estaba sentado allí y, por la expresión de ambos, supe que no iban a regañarme por Valentina. Eso ya había quedado suficientemente discutido por un solo día. Me dejé caer en uno de los sillones. —¿Qué pasó ahora? Mamá sonrió. —Nada malo. Solo queremos hablar contigo. Papá apoyó los antebrazos sobre las piernas. —En unos días te gradúas. Asentí. —Sí. —Y después de eso vienen decisiones importantes —continuó—. Las carreras, los viajes, quizá estudiar, quizá no hacerlo ahora. Ya no estás jugando al karting de niño. Acabas de ganar tu último campeonato de Karting y ahora puedes dar el
~VALENTINA~Mina dio un paso adelante, colocándose al lado de su esposo.—Maksim, sé que los muchachos actuaron mal al hacerse novios a escondidas, pero tú nos conoces. Conoces a Emiliano desde que era un niño y has visto la forma en la que los hemos criado. ¿De verdad piensas que él puede tener malas intenciones con Valentina?Papá apretó las manos en puño y volvió a gruñir.—Eso no tiene nada que ver.—Tiene todo que ver, Maksim —rebatió mi madre—. Artem y Mina tienen razón. Ambos conocemos a Emiliano y sabemos que es un joven serio que no se anda con tonterías.—¡Es hombre! —bramó mi padre, irracionalmente.Mi madre soltó un bufido irónico.—Que tú a su edad probablemente hayas sido un idiota, no quiere decir que él sea igual.—Alessia —gimió, ofendido—. ¿Cómo puedes hablarme así?—Es la verdad, Maksim Volkov. Tú todavía te hiciste hombre y seguías siendo un idiota. Eras un idiota cuando nos casamos y si no fuera por mí, lo seguirías siendo. El ladrón juzga por su condición.Mi pad
~VALENTINA~Un segundo estaba abrazando a Emiliano y al siguiente ya no estaba entre mis brazos.Parpadeé, todavía con la emoción de la carrera acelerándome el corazón, y encontré a mi padre sujetándolo por detrás con una expresión que conocía demasiado bien. Emiliano había perdido parte de la sonrisa, aunque seguía respirando agitado por la carrera y por el beso que acabábamos de darnos frente a medio mundo.Mierda.Los dos habíamos sido lo suficientemente idiotas como para olvidarnos por completo el hecho de que se suponía que nuestra relación era secreta y que estábamos en un lugar rodeados de gente.—¿Y tú por qué mierda estás besando a mi hija? —rugió mi padre, cabreadísimo y a punto de hacer explotar la tercera Guerra Mundial.Emiliano abrió la boca para responder, pero yo me le adelanté.—Porque es mi novio —solté.Tal vez no había sido la mejor forma de decírselo, pero ni modo. A lo hecho pecho y sin miedo.Papá giró lentamente hacia mí.—¿Tu qué?Levanté la barbilla.—Mi novi







