FAZER LOGINFronteras derrumbadasLa mejilla de Clara ardía. Ella estaba de rodillas y miraba hacia arriba a Ria, suplicando.“Señorita Ria, por favor.” Habló rápido, con una voz baja y calmada a pesar del miedo. “Solo fui porque una amiga me invitó. Era la ceremonia de nombramiento de los bebés de esa amiga. No fui a causar problemas.”Ria estaba de pie frente a ella con los puños apretados. Su rostro se había distorsionado de ira y sus ojos se habían entrecerrado.“¿Amiga? ¿Crees que voy a creerte esa historia? Estabas riendo con esa mujer. Vestida como si realmente pertenecieras a ese lugar. ¿Sabes lo que esa mujer le hizo a la compañía Laurent?”Clara mantuvo la cabeza baja, mirando solo la alfombra sencilla.“No fue así. Lo juro. Solo estaba con mi amiga. Nada más.”Ria levantó de nuevo la mano y se acercó.“Mentira. Todo es mentira. ¿Crees que puedes engañar a ambos lados? Te voy a mostrar lo que les pasa a los traidores en esta casa.”Su voz se volvió aguda e inestable. Ria agarró el cuell
Sumisión forzada Clara permanecía inmóvil en el despacho de Adrian, todavía sosteniendo la bandeja en las manos. La puerta se había cerrado hacía apenas unos momentos. Adrian estaba sentado detrás de su enorme escritorio, con documentos esparcidos delante de él, pero levantó la mirada y la fijó en ella con aquella fría intensidad. —Ponlo sobre la mesa —dijo en voz baja. Ella obedeció, colocando cuidadosamente el vino y la copa. Sentía las piernas pesadas mientras se volvía hacia la puerta, con la esperanza de escabullirse. Pero Adrian fue más rápido. Se levantó y bloqueó la salida, llenando el espacio con su imponente figura. —Quítate la ropa ahora mismo —ordenó. Clara vaciló, conteniendo la respiración. Sus dedos temblorosos quedaron suspendidos cerca de los botones de su uniforme de sirvienta. El vestido negro se sentía como una armadura, pero allí no le ofrecía ninguna protección. Adrian la observaba sin parpadear, con los brazos cruzados. Ella tragó saliva y comenzó por el de
La nueva misión La voz pertenecía a Nathan. Él dio un paso al frente con calma, manteniendo una presencia firme. Adrian se detuvo, todavía sujetando la muñeca de Clara. Se volvió lentamente, con los ojos fríos. Nathan miró a Clara y luego a Adrian. —Esta noche es mi invitada. Si tienes algún problema con ella, puedes hablar conmigo. El ambiente se volvió tenso. Los invitados ahora observaban abiertamente. Yo permanecí inmóvil, mientras Elias se movía ligeramente entre mis brazos. La mandíbula de Adrian se tensó. Soltó la muñeca de Clara, pero no retrocedió. —Esto es un asunto entre mi empleada y yo —dijo Adrian con una voz profunda y autoritaria. Nathan sonrió educadamente, pero sus ojos eran duros. —Ya no. Está aquí conmigo. Suéltala. Clara se frotó la muñeca, con aspecto aterrorizado. Me miró por una fracción de segundo antes de apartar la mirada. Adrian miró fijamente a Nathan durante un largo momento. Los dos hombres se enfrentaron como depredadores. Entonces Adrian sonr
La ceremonia de nombramiento Decidí seguir adelante con ello. Aunque el miedo a las preguntas sobre el padre me mantenía despierta algunas noches, elegí celebrar a mis bebés. Elias y Lila merecían una bienvenida apropiada a este mundo. Merecían alegría, no tener que esconderse. Así que, 2 semanas después de su nacimiento, celebramos la ceremonia de nombramiento. El lugar del jardín que Nathan ayudó a reservar era hermoso. Había suaves flores blancas, luces tenues y asientos cómodos bajo un gran toldo. No era demasiado grande, pero se sentía especial. Asistieron muchas personas importantes. Directores ejecutivos y empresarios que habían oído hablar de Lumina o me habían conocido en reuniones anteriores. Algunos vinieron porque querían establecer asociaciones comerciales. Otros asistieron por curiosidad o incluso por envidia. Unos pocos solo querían ver a los gemelos. Llevaba un vestido color crema, largo y vaporoso, que ocultaba mi cuerpo después del embarazo y, aun así, me hacía s
El secreto al descubierto Estaba alimentando a Elias cuando Clara me llamó a la mañana siguiente. Mi corazón dio un salto en cuanto vi su nombre. Contesté rápidamente, manteniendo la voz baja para no despertar a Lila, que estaba durmiendo en el moisés a mi lado. —Clara —dije—. ¿Qué pasó? Su voz temblaba, casi como si tuviera miedo. —Serena, tienes que escuchar esto. Adrian descubrió lo de Lia ayer. Yo estaba allí. Lo escuché todo. Fue terrible. Acomodé suavemente a Elias en mis brazos y escuché mientras Clara me contaba toda la historia. Todo comenzó justo después de la felación. Adrian acababa de terminar. Lia se levantó, limpiándose los labios con una sonrisa satisfecha, pensando que había conseguido calmarlo. Pero entonces llegó un mensaje al teléfono de Lia, que estaba a su lado. Cuando vio el mensaje en su teléfono, todo cambió. Adrian tomó el teléfono lentamente. Su rostro se endureció. Volvió a leer el mensaje y luego se desplazó por la conversación. —¿Quién c
El nacimientoNo podía hablar. Las contracciones llegaban cada vez más rápido, una tras otra, sin darme tiempo para recuperarme. Los gemelos estaban llegando. Mis bebés. Coloqué la otra mano sobre mi vientre, sintiéndolos moverse dentro de mí. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas, mezclándose con el sudor.El coche se detuvo frente a la entrada del hospital. Adrian me ayudó a bajar, con su brazo firme alrededor de mi cintura. Priya corrió delante para buscar una silla de ruedas. Las enfermeras se apresuraron hacia nosotros en cuanto entramos en el vestíbulo.—Está de parto —les dijo Adrian con tono autoritario—. Son gemelos. Llévenla a la sala de partos ahora mismo.Se movieron rápidamente. Me llevaron en silla de ruedas por un pasillo iluminado, mientras las luces se volvían borrosas sobre mi cabeza. El dolor era constante ahora, una ola que no se detenía. Me aferré a los brazos de la silla de ruedas, respirando con dificultad.En la sala de partos, me ayudaron a subir a la cama.







