Share

Capítulo 28

Author: Lilly Saucedo
last update Petsa ng paglalathala: 2025-06-06 08:48:55

—Te sacaré del país.

Emma parpadeó, como si acabara de despertar de un pensamiento lejano. Luego soltó una risa baja, seca.

—Claro que no. No voy a dejar todo por culpa de la loca de tu mujer.

Ian apretó los dientes, aguantando el impulso de golpear algo, alguien, a él mismo.

—Tú eres mi mujer —dijo, con voz tensa—. ¿Lo recuerdas? Fue contigo con quien me casé.

Emma alzó una ceja y desvió la mirada, sin molestarse siquiera en responder al principio. Se sentó al borde del sofá, con las
Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App
Locked Chapter

Pinakabagong kabanata

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 45

    Los gritos incesantes de la mujer resonaron en las paredes del viejo deshuesadero. —¡Ahhhhhhhhhh! Evaristo permaneció inmóvil, aunque por dentro su corazón estaba lastimado. Sin embargo, no era algo que su pupila pudiera notar. Nuevamente, más gritos desgarradores. Por fin decidió echar una mirada, justo en el momento en el que uno de sus hombres sumergía la cabeza de la chica en un contenedor de agua. La dejaba ahí un momento, y cuando la sacaba, ella lograba tomar una bocanada de aire, para después volver a sentir los toques de electricidad que recorrían furiosos su cuerpo. Merecido lo tenía. Ella era parte de la organización y tenía un buen puesto. No supo en qué momento decidió traicionarlo. Se ganó la confianza de Alessandro Bianchi haciéndole creer que era su aliada, para después voltear a su propio hermano en su contra. Eso, ante los ojos de Evaristo, era lo peor que podía haber hecho. El teléfono móvil sonó dentro de la chaqueta del guardaespaldas. Este lo sacó con p

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 44

    —¿Qué le inyecté? Ian sacudió la mano, deshaciéndose de la aguja con la que había picado a Micah. Le lanzó una última mirada antes de girarse sobre sus talones, dispuesto a exigir más respuestas. Su hermana llegó hasta ellos justo a tiempo para ver cómo el versed* hacía efecto: rápido, eficaz. Su cuñado seguía con vida, pero ahora estaba imposibilitado para defenderse o atacar. —Un potente somnífero —respondió Ellis, sin apartar la vista del cuerpo inmóvil—, pero tenemos poco tiempo antes de que recupere la consciencia. Alessandro soltó el aire que parecía haber estado conteniendo desde hacía minutos. ¡Maldita sea, no era un cobarde! Se acusó en silencio. Había planeado con frialdad lo que haría si descubría que su hermano era realmente un traidor. Iba a concederle el último gesto de humanidad: acabar él mismo con su vida. Porque dejarlo en manos de la organización sería peor. La Cosa Nostra* no perdonaba traiciones. No lo matarían… no al menos de inmediato. Lo destrozarí

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 43

    —¿Maritza? Entonces, todo cobró sentido en la mente del mafioso. Maritza había sido aprendiz de Evaristo durante años, casi como si fuera su propia hija. Aquello no era solo una traición: era un golpe brutal para su amigo. —¿No es esto una maravillosa coincidencia? —soltó Maritza con una sonrisa venenosa. El cinismo en sus palabras encendió la ira del mafioso. Había visto muchas traiciones que merecían pagarse con sangre, pero esta… esta rozaba lo imperdonable. —Eres una… —¡Shhhht! Yo no diría eso —interrumpió Micah Bianchi, con el arma ya apuntando al pecho de su enemigo. Su voz fue suave, casi amable, pero el dedo en el gatillo hablaba otro idioma—. No querrás darme una excusa para llenarte de balas. —¿Qué demonios está sucediendo, Micah? ¿Por qué esta mujer está contigo? —espetó Francesca, con la voz cargada de furia. El Bianchi sonrió como sonríen los locos, como si el mundo ardiera y él disfrutara el espectáculo. —Disculpa la confusión, hermosa. Todo este tiempo

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 42

    —Te sigo, querida —dijo él con sorna apenas contenida—. Voy justo detrás tuyo. Ella se detuvo en seco y se giró con los ojos clavados en los suyos. —Escúchame bien —espetó—. No tengo la menor intención de dar mi vida por la de él. Ian alzó una ceja, pero no dijo nada. Ella continuó, con la voz baja pero afilada: —Si estás aquí para matarlo, no me voy a interponer. Ese imbécil ha estado moviéndose por su cuenta. Eso solo significa dos cosas: O te teme más de lo que está dispuesto a admitir… o está planeando algo que ni siquiera me ha confiado. Francesca dio un paso al frente, ya sin máscaras, sin teatro. —Y en ambos casos, estoy fuera. Silencio. El tipo de silencio que suele ser bastante revelador. Ian la estudió por un momento. Ya no había rastro de arrogancia en ella, solo una fría determinación de quien ha elegido sobrevivir, no importa a quién tenga que dejar atrás. —No tienes idea del gusto que me da haber abierto los ojos. No sé cómo pude ser tan estúpid

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 41

    —Está bien… te llevaré. Porque, aunque no lo creas, no sé cómo explicarlo —soltó al fin Francesca, con la voz rasposa, más dócil que arrepentida. No sonaba del todo creíble. Pero tenía un arma apuntándole y una pierna ensangrentada chillando a sus espaldas, así que optó por confiar. O fingir que confiaba. Ian no respondió de inmediato. Solo la observó. Con los ojos fijos. y por supuesto sin creer de todo. Ella sostuvo la mirada, altiva, pero ya no con esa soberbia de siempre . Tenía miedo,O al menos, la astucia de saber que era momento de recular. —Muévete —ordenó él, con esa calma suya que asustó más que cualquier grito. Francesca se puso en pie despacio. Elegante, incluso ahora. Siempre tan consciente de sí misma. Pero Ian sabía que algo no cuadraba. Podía ver cómo su cerebro trabajaba detrás de esos ojos maquillados. Y esta vez… no iba a dejar que lo sorprendieran. Bajaron las escaleras del edificio a paso firme, dejando atrás

  • LA NOVIA SUSTITUTA    Capítulo 40

    El arma seguía rozando el rostro de la modelo. Fría, peligrosa… El cañón acariciaba su piel como si midiera el lugar exacto donde dejar la bala. Ella ni se movía. Ni respiraba fuerte. Sabía que con ese nuevo Ian no se jugaba. Intentó hablar. Decir algo que lo hiciera entrar en razón. Pero era inútil. Ese hombre ya no escuchaba. Era un desquiciado, y ella lo supo al ver sus ojos: no quedaba nadie ahí dentro.¿Cómo había logrado volverlo loco a ese grado? ¡Esa maldita mosca muerta! —¿Dónde se esconde Bianchi? La voz le salió apretada, atravesando los dientes que apenas lograban sacar las palabras. Francesca no se atrevió a moverse más de lo permitido. El arma seguía ahí, tan presente como lo estaba ella. Y el miedo que estaba sintiendo era algo nuevo. Y ella, que siempre había sabido jugar con fuego, entendía perfectamente que esa no era la partida para apostar. No iba a poner en riesgo su valiosa vida por hacerse la lista. Tragó saliva, seca, amarga. Lo m

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status