LOGINLos dedos de Bastian, que hasta hacía un instante se aferraban con fuerza a los pequeños hombros de Darren, comenzaron a temblar violentamente antes de aflojarse por completo.El hombre permaneció inmóvil sobre las frías baldosas del estacionamiento. Con los ojos enrojecidos y empañados por las lágrimas, contempló sin expresión el rostro inocente de su hijo, el niño que acababa de señalar a Thomas como el hombre al que quería como padre.Thomas avanzó dos pasos. Su rostro seguía inexpresivo, pero sus movimientos eran firmes y dominantes. Rodeó los hombros de Darren con un brazo, giró suavemente al pequeño para ponerlo de espaldas a Bastian y luego miró a Sofia.—Lleva a Darren adentro, Sofia. Yo me encargo de esto —dijo Thomas con voz baja, pero autoritaria.Sofia tragó saliva. Su pecho subía y bajaba rápidamente por el pánico. Sin perder ni un segundo, tomó la mano de Darren y lo guio con suavidad, apresurándose hacia las puertas de cristal del edificio.—¡Darren! —lo llamó Bastian c
Bastian abrió la puerta del auto de un tirón. Apenas había puesto un pie sobre el asfalto del estacionamiento cuando un brazo lo sujetó con fuerza por el hombro.—¡Señor, no lo haga! —exclamó Harry en un susurro urgente, interponiéndose en la puerta abierta. El rostro de su secretario estaba pálido y respiraba con dificultad—. ¡Por favor, contrólese! Si entra por la fuerza al penthouse de Thomas Vance ahora mismo, lo denunciarán de inmediato por allanamiento de propiedad privada y por representar una amenaza para la seguridad.—¡Suéltame, Harry! —gruñó Bastian con la voz ronca y cortante, intentando apartarle la mano del hombro—. ¡Apagó su teléfono! ¡No puedo quedarme aquí de brazos cruzados mientras esconde a mi hijo allá arriba!—¡Señor, recuerde la advertencia del señor Alexander! —Harry apretó aún más el hombro de Bastian y sostuvo la mirada de su jefe, cuyos ojos estaban inyectados en sangre—. ¡Si da un solo paso en falso dentro de una propiedad privada de los Vance, usarán eso e
En su amplio despacho, situado en los pisos superiores del edificio de Valdez Group, Bastian permanecía inmóvil frente a los ventanales de cristal grueso.Su mirada estaba perdida en los rascacielos de Manhattan, que parecían diminutos desde aquella altura. Tenía las piernas rígidas, mientras cada célula de su cuerpo parecía concentrarse por completo en el objeto rectangular que sostenía con la mano derecha.De pronto, los dos indicadores grises que aparecían debajo de su último mensaje cambiaron de color. Las dos marcas azules que confirmaban que el mensaje había sido leído se hicieron claramente visibles bajo las palabras que acababa de enviar.El corazón de Bastian comenzó a latir con violencia, golpeándole el pecho de una manera dolorosa. Los músculos de su cuello se tensaron y la respiración se le quedó atascada en la garganta. Con los ojos enrojecidos e inyectados en sangre, clavó la mirada en aquella sucesión de mensajes cargados de emociones que la mujer acababa de leer.Sin p
La luz del sol matutino de Nueva York se filtraba por las rendijas de las persianas verticales del bufete de abogados, ubicado en el distrito financiero, y proyectaba un tenue resplandor sobre la gruesa superficie de caoba del escritorio.Bastian permanecía rígido en una silla de cuero frente al escritorio. Tenía ambos brazos apoyados pesadamente sobre la mesa y observaba con atención los movimientos de los dedos de Harris, el abogado veterano en quien su difunta abuela había depositado toda su confianza. El hombre se acomodaba las gafas de lectura mientras examinaba el testamento de Clara Valdez y el resultado de la prueba de ADN que Bastian acababa de entregarle.Bastian se inclinó hacia delante y apoyó ambas palmas con firmeza sobre el escritorio de madera.—Mi difunta abuela añadió una cláusula especial a su testamento. Si Sofia y yo teníamos un hijo biológico, mi participación accionaria y mis derechos sobre los activos aumentarían del 30 % al 50 %. Esta prueba de ADN demuestra qu
Bastian aterrizó de nuevo en Nueva York cuando las luces de los rascacielos de Manhattan ya rasgaban la oscuridad de la noche. El hombre se negó a regresar a su casa.En cambio, decidió encerrarse en su despacho, apenas iluminado, junto a Harry, mientras planeaba su contraataque con los ojos enrojecidos por el cansancio y la ira.Bastian clavó la mirada en el informe de la prueba de ADN, que indicaba una coincidencia del 99,99 %, sobre su escritorio de madera. Sus dedos se aferraron al borde de la mesa con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.—Prepara la demanda formal de custodia para mañana por la mañana —ordenó Bastian con frialdad, con la voz ronca y cargada de tensión.Harry, de pie junto al escritorio, frunció el ceño con inquietud.—Pero, señor... Los resultados de una prueba de ADN obtenida en secreto no pueden presentarse directamente ante el tribunal. Primero debe solicitarle formalmente al juez que autorice una nueva prueba de ADN y, una vez que se confirme
El lujoso sedán negro conducido por el chofer personal de Thomas se detuvo suavemente frente al vestíbulo principal de un rascacielos ubicado en una exclusiva zona de Manhattan.Un guardaespaldas se apresuró a abrir la puerta del pasajero. Thomas bajó primero, tomó a Darren del interior del vehículo y lo estrechó entre sus brazos.Sofia salió detrás de ellos. Sus tacones pisaron suavemente el mármol del vestíbulo mientras alzaba la mirada hacia el imponente edificio de fachada de vidrio oscuro que se alzaba frente a ella.¡Ding!El ascensor privado subió rápidamente hasta el último piso, sin la menor sacudida. En cuanto las puertas de acero inoxidable se deslizaron para abrirse, un espacioso penthouse apareció ante sus ojos.Los ventanales que se extendían desde el suelo hasta el techo ofrecían una vista panorámica de los rascacielos de Nueva York y de la inmensa extensión verde de Central Park. El brillante suelo de mármol blanco reflejaba la luz de la lámpara de araña de cristal que







