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Capítulo 5 — Sal de mi cabeza

Author: TPageWriting
last update publish date: 2026-07-27 21:23:03

—No te muevas —ordenó Greyson con firmeza.

—¡Tú no puedes decirme lo que tengo que hacer! —replicó Indianna.

Indianna era callada y reservada.

Tenía carácter, pero lo mantenía enterrado en lo más profundo de su ser.

Greyson, sin embargo, parecía no tener ninguna dificultad para sacarlo a la superficie.

Y cuanto más crecía su enojo...

...más desaparecía su timidez.

—¡Aléjate de mí!

La mandíbula de Greyson se tensó.

Sujetó a Indianna del brazo, impidiéndole moverse.

—Te dije... —susurró junto a su oído.

Su voz sonó casi como un gruñido.

Un escalofrío recorrió la espalda de Indianna.

—No te muevas. Ahora siéntate de una maldita vez y haz lo que te digo.

En ese momento, Indianna tenía miedo de Greyson.

Pero su rabia superó con facilidad tanto al miedo como a su timidez.

Creía haber conocido antes a chicos como Greyson.

Estaba equivocada.

Jamás se había encontrado con alguien como él.

—¿Quién demonios te crees que eres? —exigió Indianna—. ¿Mi padre? No puedes darme órdenes. ¡Estás completamente loco! Ahora quítate de mi camino o voy a gritar.

De repente, la frialdad desapareció del rostro de Greyson.

Fue reemplazada por una expresión que, aunque no era amable, sí resultaba mucho más suave que la de unos segundos antes.

Aflojó el agarre.

El brazo de Indianna se deslizó entre sus dedos.

Greyson recorrió su rostro con la mirada.

Los ojos de Indianna seguían muy abiertos.

Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

—Es el enojo... —dijo finalmente tras unos segundos de silencio.

Indianna parpadeó, desconcertada por aquel cambio tan repentino.

—¿Q-qué?

—El enojo —repitió Greyson—. Saca a relucir tu confianza. Te ayuda a defenderte.

La boca de Indianna quedó entreabierta.

No sabía si reír...

...o llorar.

—¡Lo hiciste a propósito! ¿Verdad? ¡Solo intentabas hacerme enojar!

Las comisuras de los labios de Greyson se curvaron apenas.

—Quería poner a prueba una teoría —respondió encogiéndose de hombros mientras volvía a sentarse.

—¡Me estabas asustando! ¿Por qué harías algo así?

—Quería ver qué tan rápido te enfadabas.

—¿Por qué? ¡Eso fue cruel!

—No te preocupes por eso —respondió Greyson con indiferencia.

Hizo un gesto hacia la silla junto a él.

—¿Vas a sentarte otra vez?

—¡Dímelo, Greyson!

—Todavía no es el momento.

Indianna se quedó completamente inmóvil.

La voz le había dicho exactamente lo mismo hacía un rato.

Eres tú.

Indianna miró a Greyson mientras pronunciaba aquellas palabras en su mente.

Él la observaba.

Pero su expresión no cambió en absoluto.

Su rostro permaneció completamente impasible.

Con un suspiro, Indianna volvió a sentarse.

No vio la pequeña sonrisa que apareció en los labios de Greyson.

No tengo idea de qué estás hablando.

La voz hizo que Indianna diera un respingo.

Miró inmediatamente a Greyson.

Cada vez sospechaba más de él.

Entonces volvió a sentir aquella presencia dentro de su mente.

Era como si alguien estuviera abriéndose paso a la fuerza entre sus pensamientos.

Invadiendo su privacidad.

—¿Estás bien, Indie? —preguntó Greyson con curiosidad.

Indianna entrecerró los ojos y bajó la vista hacia sus manos.

—Estoy bien... —murmuró.

Toda su atención estaba puesta en la presencia dentro de su cabeza.

Sí sabes de qué estoy hablando, insistió.

No. Me temo que no.

¡Solo dime quién eres y qué haces dentro de mi cabeza! Si estás dentro de mi mente... ¿eso significa que...?

Indianna se interrumpió.

Pero la voz respondió la pregunta que nunca llegó a formular.

Sí. Sí puedo leer tu mente.

—Dios mío... —susurró Indianna.

¿Quién eres?

Todavía no puedo decírtelo, Indie.

Indianna abrió los ojos de par en par y levantó la vista hacia Greyson.

Él estaba mirando su teléfono.

Un momento después, giró lentamente la cabeza hacia ella.

—¿Quieres algo, Indie?

—Yo... eh...

Indianna negó con la cabeza apresuradamente.

—No. No es nada.

Vas a volverme loca, le dijo a la voz.

Me alegra poder servirte, preciosa.

¿Preciosa?

¿Hay algún problema con que te llame así?

Sí. No me gusta.

Entonces es perfecto.

Indianna solo había hablado dos veces con aquel chico.

Pero podía imaginar perfectamente la sonrisa de suficiencia que debía de tener en ese momento.

Le estaba hirviendo la sangre.

Ya lo odiaba.

No eres precisamente la alegría de la fiesta, ¿verdad?

Sal de mi cabeza. Déjame en paz.

No tienes ninguna gracia.

¡Sal de mi cabeza!

Volveré, preciosa.

La presencia desapareció de su mente.

Indianna soltó un largo suspiro.

Apenas era la segunda hora de clases...

...y ya se sentía completamente agotada.

—¿Estás bien, Indie? —preguntó Greyson.

Indianna suspiró mientras se frotaba los ojos con cansancio.

—La verdad... no tengo ni idea.

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