Masuk—Hola, Indianna.
Indianna levantó la vista, sorprendida, cuando Greyson se sentó a su lado en la siguiente clase: francés.
En cuanto sus miradas se cruzaron, ella bajó los ojos de inmediato y comenzó a juguetear nerviosamente con las manos sobre el pupitre.
No dijo una sola palabra.
—Bueno... aquí es donde tú me respondes con un "hola". De lo contrario, se consideraría de mala educación, Indianna —dijo Greyson en voz baja.
Sonrió de lado, y sus ojos oscuros brillaron con diversión cuando los ojos de Indianna se abrieron un poco más y ella logró responder con un tímido:
—Hola.
—Creo que no llegué a presentarme en la clase anterior. Soy Greyson Evans.
Greyson hablaba con una seguridad que Indianna jamás había tenido.
Era evidente que no estaba acostumbrado a que lo cuestionaran ni le llevaran la contraria.
Estaba acostumbrado a mandar.
Y le gustaba.
—Sí. Brooke ya me habló de ti —respondió Indianna.
Estaba completamente segura de que no olvidaría el nombre de Greyson Evans en mucho tiempo.
El simple hecho de tenerlo a una distancia tan corta la ponía nerviosa.
Su piel vibraba por la cercanía entre ambos.
Era como si él acaparara todos sus sentidos.
Podía sentir el calor que desprendía su cuerpo.
Percibía el aroma de su colonia.
Le costaba apartar la vista de él.
Y cuando hablaba, lo único en lo que podía concentrarse era en aquella voz grave y aterciopelada.
—Brooklyn... —murmuró Greyson mientras asentía con la cabeza.
La observaba con atención.
La estudiaba.
Sabía perfectamente que ella evitaba mirarlo a los ojos.
—Te conviene seguir cerca de ella. De Brandon, en cambio... es mejor mantenerse lejos. Es un desgraciado.
Durante una fracción de segundo, Indianna levantó la mirada.
—A mí me parece agradable.
Greyson puso los ojos en blanco.
—No todo el mundo en este pueblo es quien dice ser, Indianna.
—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó ella, frunciendo el ceño.
—Solo ten cuidado con las personas de las que te haces amiga —advirtió Greyson.
Su tono era firme.
Indianna no pudo evitar preguntarse por qué le importaba.
—Pero Brandon y Brooke...
—Son buenas personas. Simplemente no soporto a Brandon —respondió Greyson, haciendo un gesto despreocupado con la mano—. No me refiero a ellos.
—No he conocido a nadie más.
A menos que contara la voz dentro de su cabeza.
—No me sorprende.
—¿Por qué?
Sin darse cuenta, terminó mirándolo directamente a los ojos.
—No eres precisamente la persona más fácil de abordar, ¿verdad, Indie?
—¿Indie?
Greyson ignoró su pregunta.
—Lo entiendo. Eres tímida. No estás acostumbrada a tratar con la gente, ¿verdad? Aunque pienso cambiar eso. No todos los días tengo la oportunidad de ayudar a una marginada social.
—¿Qué? ¡Yo no soy una marginada...!
—Estoy bromeando —la interrumpió Greyson con una risa baja—. Además, ¿sabes cuántas chicas matarían por estar en tu lugar?
—¿No?
Greyson se inclinó un poco más hacia ella.
Indianna contuvo el aliento mientras lo observaba con cautela.
—Con solo chasquear los dedos, puedo conseguir cualquier cosa que quiera —susurró—. La gente me tiene miedo... pero también me desea. Y mírame. Estoy aquí, hablando contigo.
—Ah... Está bien.
Indianna no supo qué más responder.
Nunca había sido buena conversando ni relacionándose con la gente.
Mucho menos con alguien tan seguro de sí mismo, arrogante y confiado como Greyson.
—Entonces, Indie... ¿por qué te mudaste aquí? —preguntó Greyson al ver que ella no tenía intención de continuar la conversación.
—Mi madre quería un cambio de ambiente —respondió Indianna.
Su voz sonó más baja.
Más distante.
Ya no quería seguir hablando con Greyson.
Solo quería que la dejara en paz.
Detestaba las miradas que recibía de los demás alumnos.
Todos la observaban con curiosidad.
Susurraban entre ellos al ver que Greyson Evans estaba hablando con la chica nueva y tímida.
—¿Vives con tu padre? —insistió Greyson.
Era plenamente consciente de los murmullos que recorrían el salón.
Pero le daba exactamente igual lo que la gente pensara de él.
Tras unos segundos de silencio, Indianna respondió:
—No.
Jugó distraídamente con el anillo que llevaba en el dedo.
—Él... ya no está con nosotras.
—Está lejos... —murmuró Greyson, arqueando una ceja—. Entiendo.
—¿Por qué estás hablándome? —preguntó Indianna de repente, sorprendiéndose incluso a sí misma por haber reunido el valor para hacerlo.
Conocía a chicos como Greyson.
Y sabía perfectamente que nunca perdían el tiempo con chicas como ella.
—Porque quiero.
Y siempre consigo lo que quiero.
No había ni la más mínima duda en su voz.
Indianna frunció el ceño mientras se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.
Se preguntó qué era lo que Greyson realmente quería de ella.
Aun así, simplemente respondió:
—Está bien.
—¿Y esto? —preguntó Greyson de pronto.
Le sujetó la muñeca y la giró para verla mejor.
Indianna palideció al instante.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Greyson sintió cómo todo su cuerpo se tensaba.
Incluso pudo notar cómo su pulso se aceleraba.
—Greyson... s-suéltame.
—¿Qué es esto? —preguntó de nuevo, arqueando una ceja.
—¡Me estás haciendo sentir incómoda!
Indianna forcejeó e intentó liberar el brazo.
No lo consiguió.
Levantó la vista hacia los oscuros ojos de Greyson y tragó saliva.
Parecía molesto.
Y estaba bastante segura de que no pensaba soltarla sin obtener una respuesta.
—Puedes ver perfectamente lo que es... —murmuró finalmente con la voz quebrada.
Greyson parpadeó una vez.
—¿Cómo te la hiciste?
—¿De qué otra forma consigues una cicatriz con forma de mordida en la muñeca? —respondió Indianna con un tono amargo que sorprendió incluso a Greyson—. Me mordieron.
—¿Te atacaron?
Indianna permaneció en silencio.
—Respóndeme, Indie. No me gusta que me ignoren.
Indianna tragó saliva y apartó la mirada.
Greyson empezaba a asustarla.
Pero sabía que la forma más sencilla de salir de aquello era responder a sus preguntas, por incómodas que fueran.
—Sí.
Me atacaron.
Greyson soltó su brazo.
Indianna salió disparada de su asiento, intentando alejarse del chico que la intimidaba y la hacía sentir miedo.
Pero, por rápida que creyera ser...
Greyson fue más rápido.
Le bloqueó el paso y la observó desde arriba con una sonrisa burlona.
—¿Y adónde crees que vas?
Indianna levantó la vista hacia él.
Sus ojos se abrieron de par en par, esta vez llenos de rabia.
—¿Estás loco? —espetó entre dientes—. ¿Te divierte aterrorizar a las chicas nuevas? ¿Eso es lo que te excita...?
Soltó un gemido frustrado cuando Greyson volvió a impedirle el paso.
Se llevó una mano a la frente.
—Por favor... solo déjame pasar.
—Indie, intenté detenerlo. Lo siento.Indianna se frotó los ojos cuando la voz de Kal la despertó, y frunció el ceño.¿Qué?Se quedó sin aliento cuando la puerta se abrió de golpe y Rogue entró, sonriendo alegremente.Oh.—¡Hermana! —dijo Rogue, chasqueando las manos—. Me alegra verte... con vida.—No lo estoy.—Oh, venga, no seas una aguafiestas —sonrió Rogue con suficiencia, mirando a su alrededor.La habitación de Greyson.—¿Lo extrañas? Claro que sí. Aunque no entiendo cómo; no era agradable —se burló Rogue.—Tampoco tú —dijo Indianna despacio, incorporándose en la cama, con el cuerpo tenso y las manos cerradas en puños.—Ah, pero yo lo admito y lo acepto —sonrió Rogue.Cerró la puerta de una patada con su bota, haciendo que Indianna diera un salto.—No pongas esa cara de tensión. No voy a hacerte daño, hermanita.—Demasiado tarde.—Oh, ya lo superarás —dijo Rogue con desdén.Se acercó al armario de Greyson y empezó a rebuscar entre su ropa.—Vaya.Rogue levantó una bufanda y arqu
Indianna miró a Kirstie y se dio cuenta de lo agotada que se veía. Tenía unas ojeras oscuras bajo los ojos y la piel de un tono pálido enfermizo.Kirstie le apegó la mano a Mac y se acercó lentamente a la temblorosa Indianna mientras los demás se marchaban.—No —susurró Indianna, negando con la cabeza—. ¿Qué ha pasado? No recuerdo nada desde que me derribaron al suelo. ¿Qué le pasó a él? ¿Está bien? ¿Está herido?Kirstie tragó saliva.—Ya no sufre —dijo despacio.—¿N-No sufre? —balbuceó Indianna—. K-Kirstie. Kirstie, está... ¡No puede ser! ¡No puede! ¡No! ¡Está vivo! ¡Tiene que estarlo! Necesito que esté...Indianna se deslizó de la cama y se desplomó en el suelo mientras las lágrimas le brotaban por las mejillas.—¡No puede ser! —gimió.Kirstie se agachó y la envolvió con sus brazos.—¡No! ¡Es lo único que tengo!—Lo siento mucho —murmuró Kirstie, cerrando los ojos para contener las lágrimas—. Lo siento muchísimo, Indianna.Indianna gritó contra el pecho de Kirstie.—¡No!—Lo siento
—Indie —la voz de Greyson sonaba dolorida—. Los mates pueden vivir cuando el otro muere. Quedan rotos por dentro, pero siguen vivos. Rogue solo te quiere a ti. No le importa cómo estés por dentro. A veces ambos mates mueren cuando el otro fallece, pero no siempre.—¡No! —espetó Indianna—. ¡No, no digas eso! ¡Dijo que no lo haría!—Dijo que dejaría ir a Brooklyn y a Martha —repuso Greyson—. Y no lo hizo.—¡No! —gritó Indianna—. ¡No, no vas a dejarme!—Mira a tu alrededor —suspiró Greyson.Odiaba rendirse, pero estaban librando una batalla perdida. Había creído que podían ganar.No podían.Tenía demasiados hombres. Ha ganado.Los hombres de Jason se agrupaban alrededor de los miembros de la manada que quedaban en pie. Había bastantes, pero Jason tenía cientos de lobos.—¡No te rindas, Greyson! ¡Eres un testarudo! ¡Tú nunca te rindes!—Te las apañas para insultarme incluso ahora —soltó Greyson con una pequeña risa ahogada.—Jason no se arriesgará —dijo Indianna—. Me quiere a mí. No se ar
Indianna no estaba segura de lo que estaba pasando. En un momento, estaba viendo a Greyson correr hacia ella, y al siguiente, la empujaron al suelo mientras un lobo de color arena pasaba volando sobre su cabeza.Jadeó y miró a su alrededor con frenesí. Los lobos acudían en masa desde todas las direcciones, con los dientes batiendo, gruñendo y con aspecto voraz.Gritó cuando los lobos comenzaron a atacar a la manada de Greyson.—Mi manada —susurró, girándose sobre su costado.Estaba fuera, observando desde la barrera, y era horrible. Los gruñidos ensordecedores le encogieron el estómago, y se encogió cuando oyó unas mandíbulas triturando carne. Un aullido dolorido llenó el aire, y miró a su alrededor desesperada, rezando para que el lobo herido perteneciera a Jason.Había una borrosa mezcla de colores, y no logró localizar el pelaje negro de Greyson. Su corazón latía con fuerza en su pecho y su respiración se aceleraba.Sus ojos se posaron en un gran lobo gris que tacleó a Brandon cont
—Indie. Indie, ¿estás despierta?Indianna gimió y obligó a sus ojos a abrirse. Le zumbaba la cabeza y le costó un buen rato enfocar la vista en su entorno.—¿Qué está pasando? —preguntó Indianna aturdida.Estaba atada espalda con espalda junto a Brooke en el suelo, en medio de un claro en el bosque.—¿Estás herida? ¿Estás bien?—Estoy bien —asintió Brooke.—¿Dónde está Jason? —se aterrorizó Indianna, mirando alrededor del claro vacío.—No lo sé —dijo Brooke—. Nos dejó aquí. Llevamos horas.—Dios mío —gimió Indianna—. No entiendo nada. ¿Por qué hace esto? ¿Qué quiere?—Le oí hablar con Brandon —dijo Brooke en voz baja.—¿Qué dijo?—La manada de Greyson es poderosa —respondió Brooke—. La quiere para él.—¡Pero es un renegado! ¿Para qué querría una manada?—Quiere el control de todo, Indie. Todo el mundo de los lobos. Va a empezar por este pueblo y luego irá ganando más poder poco a poco...—No, no lo hará. No puede quedarse con esta manada ni con el pueblo. Como dijiste, nuestra manada
—Lo haré —asintió Brooke—. Le diré cuánto lo amas todos los días del resto de mi vida si hace falta.—Gracias —susurró Indianna—. Además, todavía hay un espía en la manada. No sé quién es, pero me dejaron salir. Cualquier plan que estén haciendo ya no sirve de nada. El espía podría ser cualquiera...—Indie, ¿y el... —Los ojos de Brooke se desviaron hacia el vientre de Indianna.—No puedes decirle —se pánico Indianna—. No puedo causarle más dolor. Ya me ha perdido. No puede perder nada más.—Eres toda una caja de sorpresas con tus secretos, ¿verdad?Indianna dio un jadeo y giró sobre sus talones.Sus ojos se posaron en una figura que estaba de pie junto a la puerta, y se puso en tensión.—Rogue.—Prefiero Jason —se encogió de hombros él.Se bajó la capucha, revelando un cabello rubio sucio y los relucientes ojos verdes de su padre.Indianna tenía tantas preguntas. Quería decir tantas cosas. Quería gritar y chillar, pero no podía.—Mta... —Indianna luchó por formar las palabras—. B-Bien







