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作者: Svania Blass
last update publish date: 2026-09-28 22:33:01

Damian

—¿Dónde está su empleado... Andrés Valbuena? —pregunto, con voz cortante, rompiendo el silencio de la habitación. El hombre atado a la silla se remueve incómodo, con la frente ya perlada de sudor.

Claramente no esperaba que nadie entrara en su oficina, no después de haberla cerrado por la noche. Seguro que ahora mismo se siente fatal.

Al otro lado de la habitación, Mario está sentado en un sofá de cuero desgastado, con una expresión que es una máscara amenazante de furia y determinación
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  • Reclamada por tres moteros   83

    ManuelaMario y Dam entran en la habitación; el olor a comida grasienta inunda el ambiente cuando Mario deja caer una bolsa de McDonald's sobre la cama. Gabriela la agarra de inmediato, exigiendo que alguien la abra, a pesar de que acaba de almorzar hace una hora.—Ya no te lo pregunto, Manuela. Come —gruñe Mario, mirándome fijamente con preocupación.Suspiro profundamente, abro la bolsa y le doy a Gabriela una patata frita caliente.—No tengo hambre —murmuro, evitando mirar a Mario.Han pasado días desde que fuimos a la sede de las Serpientes de Hierro, y desde entonces, no tengo apetito. Incluso cuando intento comer, no puedo retenerlo. Creo que es porque seguimos aquí. Este

  • Reclamada por tres moteros   82

    Andrés—Gánate el derecho a comerte mi semen —gruñe Michael, mi jefe, mientras me mete la polla más adentro de la garganta. Su mano se enreda en mi pelo, tirando de mí con una fuerza que me hace llorar—. Me mentiste, Valbuena. Primero me dices que te vas de vacaciones con tu familia, ¡y luego aparecen unos pandilleros en la oficina y me amenazan? Sí, me debes un montón de dinero.Odio su condescendencia, pero odio aún más necesitarlo. Aun así, no es que no lo disfrute, pero todo es culpa de Manuela. Esa inútil y patética zorra. Si no se hubiera marchado como lo hizo, no estaría aquí ahora, ahogándome con la polla de mi jefe solo para seguir bajo su protección. Mandó a su hermano y a sus amigos tras de mí. Así que, cada momento humillante, cada segundo de sumisión, todo se remonta a ella.El agarre de Michael se intensifica, provocándome un gemido mientras mi garganta se tensa a su alrededor. Por ahora, me quedo en una de sus casas, esperando el momento oportuno para atacar, para recup

  • Reclamada por tres moteros   81

    ManuelaEn el momento en que War toma el control, lo siento. Su postura cambia, sus hombros se enderezan con una confianza endurecida e inquietante, su mandíbula se aprieta con una nitidez completamente distinta a la de Logan. Sus ojos gris acero se entrecierran y se oscurecen, y una sonrisa lenta y maliciosa se desliza por su rostro. El aire parece denso con un aura amenazante, no como la de Mario, cuya oscuridad me resulta protectora y segura. No, esto es diferente, como un animal salvaje y desquiciado que se resiste a devorarte hasta encontrar el momento perfecto. Pero sigo pensando lo mismo... Confío en Logan y en su alter ego.La mirada de War me recorre, y luego se inclina hacia mí, inhalando profundamente. Arruga la nariz con desdén al alejarse. —Qué asco. Apestas a prado —gruñe, con una voz mucho más ronca que la de Logan. Se acerca a la barra mientras se pasa la mano por su pelo corto y castaño, y se sienta—. Alex, sírveme algo más fuerte. El whisky no me va a servir.Alex n

  • Reclamada por tres moteros   80

    LoganAhora que Manuela está aquí delante de mí, no puedo quitarle los ojos de encima.Dios, es hermosa.La última vez que la vi, tenía solo siete años y estaba de pie junto a mi cama de hospital, con lágrimas corriendo por su rostro. Casi nunca estaba despierta, pero esa mirada llena de culpa que tenía se me quedó grabada en la memoria. Ahora tiene veintidós años, uno menos que yo, y es la diosa en la que siempre imaginé que se convertiría.Aunque esté sentada en el regazo de otro hombre.Sé que ella me reconoce. Veo un destello de reconocimiento en sus ojos. Verme debió haberle refrescado la memoria.Apuesto a que Nelson se siente como un idiota ahora mismo, cayendo en la trampa que le tendí con la ayuda de Bones. Él quiere esta alianza con el club de Nelson; yo la quiero a ella.Mi mirada se posa en el chaleco de cuero que lleva, marcado con la inscripción de Mario. Aprieto la mandíbula al verla apoyarse en él, y los celos me consumen. Pero Bones estará encantado. Es justo el cebo

  • Reclamada por tres moteros   79

    Manuela—Manuela, Logan... quédense en mi oficina. Ya saben cómo funciona. No salgan hasta que uno de nosotros se lo diga —ordena papá.—Vale, papi.Doy vueltas en su gran sillón, el cuero suave y liso bajo mis dedos.—Bien. Como sea —murmura Logan mientras papá cierra la puerta. Poniendo los ojos en blanco, se deja caer en la silla frente a mí.Logan es como mi amigo. A veces viene al club con su tío Sal, que es muy malo y siempre le está gritando. Tiene el pelo corto y castaño, y los ojos de un bonito color gris. Mamá dice que cree que le gusto, pero no entiendo muy bien qué quiere decir. Simplemente me gusta que juegue conmigo a juegos que me hacen sentir segura, no como los juegos de papá.—Oí a mi papá decir que había otras chicas abajo. ¿Las has visto alguna vez? —pregunto, ya aburrida. Siempre me aburro cuando no nos dejan salir de la oficina.Logan simplemente niega con la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido. —Yo no iría allí si fuera tú. Te meterías en problemas.Siempr

  • Reclamada por tres moteros   78

    ManuelaTras una siesta intranquila, paso el resto del día con Gabriela, aferrándome a cada segundo como si fuera el último. Sé que Mario y Daniel me protegerán, pero la persistente angustia se siente como una nube oscura de la que no puedo librarme. Siento una opresión en el pecho mientras intento mantener una sonrisa por Gabriela, viéndola reír y jugar.Tras despedirnos de ella y de Dam con un beso, Mario, Daniel llegó con su celular. Tenía a Nelson en la línea. Su mirada se clava en mí cuando tomo el teléfono.—Manuela —dice con tono cortante.—Bésame el culo, Nelson.Deja escapar un largo y contenido suspiro, y sus ojos se dirigen rápidamente a Mario, quien me da un cálido beso en la nuca. —Te daré un poco de espacio —murmura Mario, pero me aferro a su brazo, reacia a soltarlo.—No tienes por qué hacerlo. No quiero hablar con él.El rostro de Nelson se tensa. —Manuela, tenemos que hablar. Ahora mismo.Entrecierro los ojos mientras Mario retrocede, acercándose a donde está Daniel

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