INICIAR SESIÓNDurante los últimos días, Alba se había sorprendido a sí misma pensando en Adrián más de lo que quería admitir. No de forma constante. Al menos, eso era lo que se decía. Pero pequeños detalles no dejaban de recordárselo: la forma en que le gustaba el café, las comidas que prefería después de un largo día de trabajo, la expresión particular que se le dibujaba en el rostro cuando estaba cansado pero se negaba a reconocerlo.Tal vez por eso, aquella tarde, decidió sorprenderlo.Llevaba un tiempo pensando en pasar por su oficina, pero lo había ido posponiendo. Hoy, sin embargo, finalmente preparó ella misma su plato favorito y lo empacó con cuidado antes de salir de casa. No era nada extraordinario. Solo una pequeña sorpresa. Algo simple. Algo de lo que podía fingir fácilmente que no significaba nada si él se burlaba de ella.Entró en el edificio de oficinas con la comida y avanzó por el pasillo familiar. Estaba a punto de llegar a su despacho cuando la puerta se abrió.Alba aminoró el pa
Mireia apareció en la oficina de Adrián la semana siguiente, con una bolsa de papel familiar en una mano y una sonrisa que pertenecía a otra época. Adrián levantó la vista de los documentos de su escritorio cuando su secretaria anunció su llegada. Durante un momento se limitó a mirarla. No esperaba verla… no aquí, no después de tanto tiempo.Ella levantó ligeramente la bolsa. —Traje el almuerzo.Su mirada bajó hasta ella antes de volver a su rostro. —No tenías por qué.—Lo sé.Entró en la oficina como si lo hubiera hecho innumerables veces antes. De cierto modo, así había sido: antes de Alba, antes del matrimonio, antes de que todo se volviera complicado. Mireia dejó la comida sobre la mesita cerca de la ventana y miró a su alrededor. —Nada ha cambiado.—Algunas cosas sí.Se giró hacia él. Sus ojos se encontraron y, por un instante, algo pasó entre ellos, algo lo bastante familiar como para que Adrián casi apartara la mirada. Mireia sonrió levemente. —Tal vez.Adrián cerró el expedien
Alba estaba guardando su portátil en el estuche cuando Adrian apareció en la puerta.—¿Puedo preguntarte algo?Ella levantó la mirada. Había algo extraño en su voz. No sonaba frío ni autoritario, como de costumbre. Era simplemente más bajo, más tranquilo.—¿Qué?Adrian permaneció unos segundos junto a la puerta, como si hubiera estado a punto de cambiar de opinión. Finalmente, entró en la habitación.—¿Eras feliz cuando nos casamos?Las manos de Alba se detuvieron.La pregunta la tomó tan desprevenida que durante varios segundos solo pudo mirarlo. De todas las cosas que podría haberle preguntado, aquello era lo último que esperaba.Bajó lentamente la tapa del portátil.—¿Por qué me preguntas eso?—Te hice una pregunta.—Y yo te pregunté por qué.Sus ojos se encontraron. Por una vez, Adrian no tuvo una respuesta inmediata. Quizá eso era precisamente lo que hacía que la pregunta pareciera más seria.Alba fue la primera en apartar la mirada.—No lo sé.La expresión de Adrian cambió liger
Adrian encontró la fotografía escondida bajo una pila de documentos viejos que no había tocado en años. Estaba buscando un contrato en el despacho cuando una carpeta se deslizó del estante y cayó sobre el escritorio. Varios papeles se esparcieron sobre la superficie pulida. Suspiró y comenzó a recogerlos.Entonces la vio.Una fotografía.Se detuvo. Durante unos segundos, simplemente se quedó mirándola. No había duda sobre las personas en la imagen: era el día de su boda.Adrian la tomó con cuidado. La fotografía estaba ligeramente descolorida en los bordes, pero el recuerdo de aquel día regresó con una claridad sorprendente. El salón. Las flores. Los interminables parientes y socios de negocios. Las cámaras. Los apretones de manos. Las sonrisas que se habían sentido más como parte de un trato que de una celebración.Y Alba.Estaba de pie junto a él en la fotografía, vestida de blanco, con las manos entrelazadas frente a ella. Adrian recordaba estar a su lado. Recordaba mirar hacia las
Adrian encontró la fotografía escondida bajo una pila de documentos viejos que no había tocado en años. Estaba buscando un contrato en el despacho cuando una carpeta se deslizó del estante y cayó sobre el escritorio. Varios papeles se esparcieron sobre la superficie pulida. Suspiró y comenzó a recogerlos.Entonces la vio.Una fotografía.Se detuvo. Durante unos segundos, simplemente se quedó mirándola. No había duda sobre las personas en la imagen: era el día de su boda.Adrian la tomó con cuidado. La fotografía estaba ligeramente descolorida en los bordes, pero el recuerdo de aquel día regresó con una claridad sorprendente. El salón. Las flores. Los interminables parientes y socios de negocios. Las cámaras. Los apretones de manos. Las sonrisas que se habían sentido más como parte de un trato que de una celebración.Y Alba.Estaba de pie junto a él en la fotografía, vestida de blanco, con las manos entrelazadas frente a ella. Adrian recordaba estar a su lado. Recordaba mirar hacia las
Adrian llegó a casa más tarde de lo habitual, esperando encontrarla a oscuras y en silencio. En cambio, la luz cálida de la cocina seguía encendida.Aminoró el paso al acercarse. Por un momento, simplemente se quedó ahí, de pie.Alba estaba junto a la estufa, con una mano apoyada en la encimera mientras revisaba algo que se cocinaba a fuego lento en una sartén. Llevaba el cabello suelto, atado ligeramente hacia atrás, y todavía vestía la blusa sencilla con la que había salido de casa esa mañana.Se veía cansada. Pero seguía trabajando.Adrian se apoyó en el marco de la puerta.—Llegas tarde.Alba miró por encima del hombro.—Tú también.—Estaba trabajando.—Yo también.Ninguno de los dos se movió. El intercambio era ordinario, casi demasiado ordinario. Y sin embargo, últimamente nada entre ellos parecía tan simple como antes.Los ojos de Adrian se desviaron hacia la encimera. Había dos platos. Dos vasos. Y suficiente comida para dos personas. Su mirada volvió a ella.—¿Hiciste cena?A







