MasukAlba le echó una última mirada a Adrián.Se suponía que sería rápido.No lo fue.Por un breve instante, sus miradas volvieron a cruzarse. Su expresión era imposible de leer, pero había algo distinto en la forma en que la miraba ahora. Algo que le oprimió el pecho antes de que pudiera evitarlo.Luego, tan rápido como había ocurrido, Adrián apartó la vista.Claro que sí.Siempre había sido bueno ocultando sus emociones. Podía estar en una habitación llena de gente y no revelar absolutamente nada de lo que pasaba en su cabeza.Alba casi negó con la cabeza.Contrólate, Alba.Se dio la vuelta hacia la cocina antes de cometer el error de volver a mirarlo.¿Qué le pasaba últimamente?Había pasado tres años construyendo muros alrededor de sí misma. Tres años recordándose que ese matrimonio nunca había tenido que ver con el amor. Había sido un acuerdo, nada más.Y sin embargo, últimamente había empezado a notar cosas que no debería.La forma en que Adrián la miraba.La forma en que su voz se s
La alarma sonó, arrancando a Alba de un sueño inquieto. Sus ojos se abrieron de golpe. Durante varios segundos, se quedó mirando el techo, completamente desorientada.Había estado en un auto. Estaba segura de eso. Y ahora estaba en su cama.Alba se sentó despacio y se frotó la cara. ¿Qué había pasado? Fragmentos de la noche anterior regresaron a ella: el auto, Adrián sentado a su lado, su conversación... y esa mirada en sus ojos.Frunció el ceño. No. Sacudió la cabeza. Tenía que ser un sueño. No había forma de que Adrián la hubiera mirado realmente así. Y desde luego, no había forma de que Meira se hubiera vuelto de pronto tan amable como para acomodarla.—Ridículo —murmuró Alba.Se levantó de la cama y se masajeó las sienes. Obviamente había estado agotada. Eso era todo.Alba abrió las cortinas y la luz brillante de la mañana inundó la habitación. De inmediato entrecerró los ojos. Ya era tarde. Sábado.Miró su teléfono. Varios mensajes esperaban, la mayoría relacionados con la casa a
Durante los últimos días, Alba se había sorprendido a sí misma pensando en Adrián más de lo que quería admitir. No de forma constante. Al menos, eso era lo que se decía. Pero pequeños detalles no dejaban de recordárselo: la forma en que le gustaba el café, las comidas que prefería después de un largo día de trabajo, la expresión particular que se le dibujaba en el rostro cuando estaba cansado pero se negaba a reconocerlo.Tal vez por eso, aquella tarde, decidió sorprenderlo.Llevaba un tiempo pensando en pasar por su oficina, pero lo había ido posponiendo. Hoy, sin embargo, finalmente preparó ella misma su plato favorito y lo empacó con cuidado antes de salir de casa. No era nada extraordinario. Solo una pequeña sorpresa. Algo simple. Algo de lo que podía fingir fácilmente que no significaba nada si él se burlaba de ella.Entró en el edificio de oficinas con la comida y avanzó por el pasillo familiar. Estaba a punto de llegar a su despacho cuando la puerta se abrió.Alba aminoró el pa
Mireia apareció en la oficina de Adrián la semana siguiente, con una bolsa de papel familiar en una mano y una sonrisa que pertenecía a otra época. Adrián levantó la vista de los documentos de su escritorio cuando su secretaria anunció su llegada. Durante un momento se limitó a mirarla. No esperaba verla… no aquí, no después de tanto tiempo.Ella levantó ligeramente la bolsa. —Traje el almuerzo.Su mirada bajó hasta ella antes de volver a su rostro. —No tenías por qué.—Lo sé.Entró en la oficina como si lo hubiera hecho innumerables veces antes. De cierto modo, así había sido: antes de Alba, antes del matrimonio, antes de que todo se volviera complicado. Mireia dejó la comida sobre la mesita cerca de la ventana y miró a su alrededor. —Nada ha cambiado.—Algunas cosas sí.Se giró hacia él. Sus ojos se encontraron y, por un instante, algo pasó entre ellos, algo lo bastante familiar como para que Adrián casi apartara la mirada. Mireia sonrió levemente. —Tal vez.Adrián cerró el expedien
Alba estaba guardando su portátil en el estuche cuando Adrian apareció en la puerta.—¿Puedo preguntarte algo?Ella levantó la mirada. Había algo extraño en su voz. No sonaba frío ni autoritario, como de costumbre. Era simplemente más bajo, más tranquilo.—¿Qué?Adrian permaneció unos segundos junto a la puerta, como si hubiera estado a punto de cambiar de opinión. Finalmente, entró en la habitación.—¿Eras feliz cuando nos casamos?Las manos de Alba se detuvieron.La pregunta la tomó tan desprevenida que durante varios segundos solo pudo mirarlo. De todas las cosas que podría haberle preguntado, aquello era lo último que esperaba.Bajó lentamente la tapa del portátil.—¿Por qué me preguntas eso?—Te hice una pregunta.—Y yo te pregunté por qué.Sus ojos se encontraron. Por una vez, Adrian no tuvo una respuesta inmediata. Quizá eso era precisamente lo que hacía que la pregunta pareciera más seria.Alba fue la primera en apartar la mirada.—No lo sé.La expresión de Adrian cambió liger
Adrian encontró la fotografía escondida bajo una pila de documentos viejos que no había tocado en años. Estaba buscando un contrato en el despacho cuando una carpeta se deslizó del estante y cayó sobre el escritorio. Varios papeles se esparcieron sobre la superficie pulida. Suspiró y comenzó a recogerlos.Entonces la vio.Una fotografía.Se detuvo. Durante unos segundos, simplemente se quedó mirándola. No había duda sobre las personas en la imagen: era el día de su boda.Adrian la tomó con cuidado. La fotografía estaba ligeramente descolorida en los bordes, pero el recuerdo de aquel día regresó con una claridad sorprendente. El salón. Las flores. Los interminables parientes y socios de negocios. Las cámaras. Los apretones de manos. Las sonrisas que se habían sentido más como parte de un trato que de una celebración.Y Alba.Estaba de pie junto a él en la fotografía, vestida de blanco, con las manos entrelazadas frente a ella. Adrian recordaba estar a su lado. Recordaba mirar hacia las







