تسجيل الدخول—Porque sigue siendo la persona que sabe cómo se manejan estas cosas. Tiene contactos, experiencia y una comprensión mucho mejor del lado social de estos eventos que cualquiera de los dos.—Intentamos evitar dramas innecesarios, no provocar más.—Es tu madre, Adrian.Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.Adrian apartó la mirada.Mateo pareció darse cuenta de que había tocado un tema que su amigo preferiría dejar en paz. No insistió, pero tampoco retiró la sugerencia.—Sea lo que sea que haya pasado entre ustedes —dijo con más suavidad—, no cambia el hecho de que sigue siendo tu madre. Y dudo que rechazara la oportunidad de ayudarte.Adrian no respondió.Tras un momento, Mateo se levantó.—Voy a empezar a armar los planes. Tú decides cuánto quieres que participe cuando llegue el momento.Se dirigió a la puerta y echó una última mirada atrás.—Y, por si sirve de algo, creo que le alegraría saber de ti.Adrian siguió en silencio.Mateo salió sin decir nada más.Esa tarde, de cam
La llamada terminó antes de que Alba pudiera hacer otra pregunta.Durante varios segundos permaneció sentada, con el teléfono pegado a la oreja, escuchando el silencio que siguió. Las últimas palabras del desconocido seguían resonando en su mente y removían los mismos pensamientos que llevaba semanas intentando dejar atrás.Es alguien muy cercano a ti.Bajó el teléfono y se quedó mirando la pantalla.¿Quién había sido?¿Sophia? ¿Alejandro? ¿Alguien del trabajo?Las posibilidades surgían con demasiada facilidad, y eso era justo lo que la asustaba. Había confiado en las personas que la rodeaban durante años. La idea de que una de ellas hubiera tomado su propuesta de investigación para sabotear su trabajo a propósito era casi imposible de aceptar.Alba dejó el teléfono sobre el escritorio y se obligó a volver a la computadora.No iba a hacerlo de nuevo.Ya había pasado incontables noches revisando su apartamento, repasando sus pasos y cuestionando cada conversación que lograba recordar.
A las pocas semanas de que comenzara la búsqueda de la propuesta de investigación desaparecida, la vida de Alba había ido recuperando poco a poco algo parecido a la normalidad.O, al menos, eso era lo que ella se repetía.Había dejado de revolver su apartamento cada noche y por fin había devuelto a las estanterías los cuadernos esparcidos. Sophia insistía en que necesitaba descansar, y Alejandro le había recordado más de una vez que no podía pasarse el resto de la vida buscando un documento que se negaba a aparecer.Tenían razón, por supuesto. Alba tenía trabajo que hacer y plazos que cumplir, y no iban a desaparecer solo porque un archivo importante se hubiera perdido.Aun así, la pregunta la seguía a todas partes.¿Dónde lo había puesto?Al otro lado de la ciudad, Adrian Salvatierra se preparaba para una reunión que podía decidir el futuro de su empresa.La sala de juntas llevaba arreglada desde mucho antes de que llegaran los inversores. Los documentos estaban apilados con pulcritu
Adrian bajó la página y volvió a mirar a Mireia.—Gracias —dijo por fin.Las palabras le salieron con más rigidez de la que habría querido. Lo decía en serio, pero bajo su gratitud seguía latiendo una pregunta silenciosa: ¿cómo lo había sabido? Mireia no había leído un artículo de investigación en toda su vida, y aun así había entrado en su despacho con el único documento que su empresa necesitaba.Si notó su vacilación, fingió no hacerlo. Su sonrisa se suavizó, casi tímida.—Es todo lo que quería. Odio verte así, Admie. Llevas semanas cargando con todo tú solo. —Se puso de pie y se alisó la falda—. Déjame acompañarte a casa esta noche. Te prepararé tu cena favorita. Parece que llevas días sin comer como es debido.—No.Sonó más firme de lo que pretendía, y ella parpadeó.—Quiero decir, gracias, pero prefiero estar solo. Tengo mucho que revisar.Por un instante, su sonrisa se mantuvo en su sitio. Luego se encogió de hombros, recogió el bolso y se detuvo junto a la puerta.—No trabajes
—¿Una solución?—Sí. Te traje algo que podría resolver el problema.Casi le preguntó si entendía siquiera cuál era el problema.Mireia nunca había mostrado demasiado interés por el aspecto técnico de su negocio. Su mundo giraba en torno a la moda, los eventos sociales y esas conversaciones que rara vez pasaban de lanzamientos de marcas y oportunidades de inversión. La conocía lo suficiente como para saber dónde estaban sus intereses.Para él, su repentina seguridad resultaba difícil de tomar en serio.—Mireia, el problema no es que no tengamos una propuesta de investigación. La tenemos. El problema es que no logró demostrar nada lo bastante distintivo como para convencer a los inversores. Necesitamos algo técnicamente sólido, original y comercialmente viable. Encontrar un documento en internet no resuelve necesariamente eso.—Quizá deberías mirarlo antes de decidir qué puede o no puede hacer.Metió la mano en su bolso y sacó una carpeta delgada.Los ojos de Adrian se desviaron hacia e
Mireia Soler entró en el despacho de Adrian con la seguridad de quien nunca ha dudado de que será bien recibida.Llevaba un elegante vestido color crema y el cabello le caía en suaves ondas sobre los hombros. Un bolso de diseñador colgaba de su brazo, y sus labios se curvaron en una sonrisa cuando lo vio detrás del escritorio.—¡Adrian! Empezaba a pensar que me harías esperar toda la tarde.—Estaba trabajando. —Señaló la silla frente a él sin levantarse—. ¿A qué debo tu visita?La sonrisa de Mireia se ensanchó mientras se acomodaba.—En realidad, esperaba encontrarte en casa. Iba a pasar a verte esta tarde, pero pensé que sería mejor venir primero aquí. —Ladeó la cabeza y lo estudió—. A menos, claro, que fueras tú quien pensaba visitarme a mí.—Lo estaba considerando.Su expresión se iluminó.—¿De verdad? ¿Cuándo pensabas venir? Podrías haberme llamado. Me habría asegurado de estar en casa.—No para una visita de cortesía.La sonrisa de Mireia vaciló.Adrian se recostó en la silla, si







