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Preziosa

Author: Rosa
last update publish date: 2026-09-14 23:36:14

El edificio de apartamentos se alzaba frente a ellos, sus ventanas oscuras salvo por algunos cuadros de luz aquí y allá, vidas ordinarias que continuaban tras el cristal mientras la suya se había roto y vuelto a coser en el espacio de una sola noche.

Alejandro detuvo el auto junto a la acera y apagó el motor. Por un momento, ninguno de los dos se movió.

—Aquí es —dijo Alba, más para sí misma que para él.

—Sí. —Observó el edificio a través del parabrisas, inescrutable.

Ella extendió la mano haci
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    Alba se quedó mirando el nombre que brillaba en su teléfono.Adrian Salvatierra.Durante varios segundos, simplemente lo vio sonar. Después de todo lo que había pasado, después de que se firmaran los papeles del divorcio y sus vidas por fin se separaran, se había convencido de que Adrian ya no tenía lugar en su vida cotidiana.Y sin embargo, ahí estaba, llamándola.Su pulgar se detuvo sobre la pantalla antes de que por fin contestara.—¿Hola?Por un momento, solo hubo silencio. Luego llegó la voz de Adrian, más baja y áspera de lo habitual.—¿Recibiste la invitación?Alba frunció el ceño y miró la invitación que seguía abierta en su escritorio.—¿A tu boda?Otra pausa.—No hay ninguna boda.Su expresión cambió.—¿Qué quieres decir con que no hay boda? Recibí una invitación esta noche. Tenía tu nombre, Adrian. El tuyo y el de Mireia.—Lo sé.—¿Lo sabes?—Me enteré hoy.Alba se recostó en la silla, tratando de darle sentido a sus palabras.—¿Entonces el anuncio es falso?—Nunca acepté c

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    Mireia salió de la oficina de Adrian con la mandíbula apretada.Había ido allí esperando algo diferente. No una gran declaración, ni flores ni champán. Se habría conformado con una sonrisa, quizás incluso con un simple reconocimiento de que lo ocurrido entre él y Alba merecía celebrarse. Pero Adrian apenas había levantado la vista de su trabajo antes de decirle que no había nada que celebrar.Nada.La palabra la siguió por todo el pasillo. Para cuando entró en el ascensor, su irritación se había endurecido hasta convertirse en algo más frío.Bien. Si Adrian no creía que valiera la pena celebrarlo, ella encontraría a quien sí lo creyera.Mireia sacó el teléfono, miró la hora y ordenó a su chofer que la llevara a la residencia de Doña Reyes. De todos modos tenía que contarle la noticia. Al menos, eso era lo que se decía a sí misma.Cuando Mireia llegó, la hicieron pasar directamente a uno de los grandes salones de la mansión, donde Doña Reyes ofrecía una reunión vespertina. Varias mujer

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