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CAPÍTULO 7

Author: Blue Ink
last update publish date: 2026-10-04 20:14:13

Al día siguiente, el primer día de trabajo de Valerie, se levantó muy temprano por la mañana... No podía llegar tarde en su primer día.

Al bajar las escaleras, se encontró con Susan, que estaba sirviendo el desayuno en el comedor.

-¿Qué pasa con ese atuendo? Deberías cambiarte y ponerte algo más a la moda.

Valerie suspiró cansada y se rascó la cabeza.

-¿De verdad? ¿Esto no está bien?

Susan la miró fijamente, resopló y respondió:

-Claro que no. Ya deberías saber dónde vas a trabajar ahora, jovencita.

-De todos modos, hoy me darán mis uniformes de trabajo. Ya no habrá necesidad de estos vestidos «pasados de moda» -Valerie puso los ojos en blanco y volvió a su habitación.

Entonces pensó en la pequeña Audrey. Sus labios se curvaron en una sonrisa. No quería que la niña también le dijera que parecía anticuada.

Unos minutos después, ya estaba en un taxi de camino a la residencia de los Davison. En poco tiempo, llegó a la mansión.

-Buenos días -saludó al guardia de seguridad de aspecto intimidante.

Él asintió antes de dejarla entrar.

«¿Esto significa que aquí nadie sonríe?», pensó, pero decidió olvidarlo en cuanto entró en la mansión.

Miró a su alrededor, confundida, al no ver a nadie.

-¿Por qué este lugar está tan desierto? Ni siquiera recuerdo adónde tengo que ir desde aquí.

Todavía estaba pensando qué hacer cuando alguien le dio un golpecito.

Se giró rápidamente y vio a la anciana justo detrás de ella.

-Oh, buenos días, Lady Veronica -la saludó con una amplia sonrisa.

-Buenos días... ¿Cómo te llamabas? -Se quitó las gafas y me miró fijamente.

-Soy Valerie.

-Oh, Valerie. Sígueme. Necesitas recoger tu uniforme de trabajo. Después te daré un mapa para ayudarte a orientarte por aquí. ¿Entendido? -espetó la anciana Veronica.

Valerie asintió.

Parecía que todo en la villa de los Davison tenía una manera perfectamente establecida de hacerse. Pasaron junto a tantos sirvientes que Valerie empezó a preguntarse si habría hasta cien personas trabajando en aquella villa.

Valerie y Lady Veronica llegaron a los aposentos de los sirvientes, tal como estaba escrito en letras grandes en la parte superior de las puertas.

-Esta será tu habitación por ahora. En caso de que necesites algo, puedes venir a esta habitación -dijo Lady Veronica.

Valerie asintió.

Veronica le entregó los uniformes. Eran de color azul cielo.

-Creo que deberías probártelo para asegurarme de que te quede perfectamente.

Valerie tomó el vestido y entró al baño. Se cambió y se miró. El uniforme le quedaba muy bien.

Cuando salió del baño, Lady Veronica le dedicó una sonrisa de aprobación, y Valerie no necesitó que nadie le dijera que se veía hermosa con el uniforme que llevaba puesto.

-Bien. El otro uniforme está justo ahí. Puedes llevártelo a casa si quieres. En segundo lugar, este es un mapa que te ayudará a orientarte por la mansión -Lady Veronica le entregó el mapa.

-Gracias, señora.

-La habitación del tercer piso es la de Miss Audrey. Necesita vestirse para sus clases particulares en casa, y a su padre no le hará ninguna gracia que llegue tarde. Teacher Vicky estará aquí en una hora -respondió Lady Veronica.

Valerie asintió antes de alejarse.

No dejaba de mirar el mapa y, gracias a eso, consiguió encontrar la habitación de Audrey.

Al detenerse frente a la puerta, su corazón comenzó a latir más rápido.

«Espero que nos llevemos bien».

Tenía las palmas completamente sudadas. ¿Estaba nerviosa? ¿Era por la pequeña? ¡Qué absurdo!

Presionó el timbre.

-¡Adelante! -escuchó decir a una vocecita.

Valerie esbozó una sonrisa amable mientras entraba en la habitación.

Al entrar en la enorme habitación, abrió los ojos de par en par, completamente asombrada.

«¿Esta es la habitación de la niña? ¡Dios mío! ¡Esto es el doble de grande que todo nuestro apartamento!»

Valerie recorrió la habitación con la mirada y se sorprendió al no ver a la niña que le había dicho que entrara.

-¡Miss Audrey! ¡Miss Audrey! ¿Estás ahí? Miss...

Estaba a punto de llamarla de nuevo cuando escuchó unos ruidos provenientes de debajo de la cama.

Un jadeo escapó de sus labios y se agachó para mirar. Allí estaba Audrey, dibujando con sus lápices y crayones debajo de la cama.

-¿Q... qué estás haciendo ahí?

Audrey salió con dificultad de debajo de la cama con una sonrisa traviesa y la saludó con la mano.

-Hola, señora anticuada.

Valerie se quedó boquiabierta.

¿Acababa de llamarla señora anticuada? ¿Era por la ropa que llevaba la última vez?

¡Pequeña mocosa!

-Pequeña, ¿qué estabas haciendo ahí? Me asustaste -consiguió decir Valerie.

-Todavía no lo sabes, ¿verdad? Me encanta dibujar debajo de la cama. Te ves mejor con el uniforme, señora anticuada -Audrey soltó una risita.

Valerie no pudo evitar reírse. La niña era muy divertida y ya le había puesto un apodo.

-Ehm... Audrey, escuché que tu profesora vendrá pronto, y...

Audrey negó con la cabeza y chasqueó la lengua con fuerza.

Valerie arqueó las cejas y se giró rápidamente hacia ella.

-Primero, no sé tu nombre. Segundo, tengo que darte mis reglas, señorita anticuada.

-Soy Valerie. Y sí, puedes decirme las reglas, como dijiste -Valerie le dedicó una sonrisa encantadora.

Audrey asintió y caminó hasta su cómoda. Abrió un cajón y sacó un libro.

-No tienes permitido abrir este libro, nanny -echó un vistazo a Valerie, quien asintió rápidamente.

Valerie siguió mirándola, preguntándose qué estaba haciendo.

«Incluso tiene un libro que no debo tocar. Qué gracioso».

-Aquí está.

Audrey soltó un profundo suspiro de alivio antes de entregarle una larga hoja de papel a Valerie.

Valerie tomó el papel con cierta vacilación.

-Es mi lista de cosas que puedes y no puedes hacer -Audrey le guiñó un ojo.

Valerie tragó saliva.

-Primero, nada de entrometerte en mis cosas. Segundo, no puedes enamorarte de mi papá y...

Valerie se quedó sin palabras al leer la segunda regla.

-¿Qué?

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