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Capitulo 9 Error

Autor: L. Alejandra
last update Data de publicação: 2026-05-15 12:21:12

Comenzó con los masajes.

Al principio, traté de mantener mi actitud defensiva. Pero Emma no es solo una cocinera; es una experta en anatomía. Sus manos empezaron a trabajar en mis muslos, ejerciendo una presión rítmica para estimular la circulación. El calor de sus palmas empezó a filtrarse a través de mi piel.

—Te duele aquí —no fue una pregunta, fue una observación técnica mientras presion

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  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar   Noche

    La medianoche llegó a Val-de-Lune vestida con un silencio absoluto, un manto de terciopelo azul oscuro salpicado por millones de estrellas que brillaban sobre las colinas del viñedo. El siseo de la tormenta de hace cinco años había sido reemplazado por el canto de los grillos y el crujido sutil de la madera de la casa que se asentaba tras el calor del día.Entré a nuestra habitación principal con pasos lentos, descalzo sobre el parqué pulido. Mis piernas se sentían fuertes, cargadas con la elasticidad que el ejercicio diario y la monta de los sementales más duros de la cuadra me habían devuelto. El bastón de roble descansaba en la esquina del armario, convertido en un trofeo del pasado, un monumento a una guerra que ya no me pertenecía.Emma estaba de pie junto al gran ventanal que daba a los jardines del sur. Vestía una bata de seda negra, una prenda translúcida que dejaba traslucir la silueta de su cuerpo, ese cuerpo que había albergado la vida cuatro veces y que conservaba una madu

  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar   ## Epílogo: El galope de la medianoche

    **Narrado por Noah**El amanecer en Val-de-Lune no conocía de treguas militares ni de rangos oficiales. Antes de que el sol lograra romper la línea del horizonte sobre las colinas de Siena, mi cama ya había sido invadida por un batallón de risas, sábanas revueltas y pies descalzos que correteaban sobre el parqué. Cinco años habían pasado desde las tormentas de la traición, y el palacio de sombras se había transformado en un territorio indomable donde la vida se abría paso con una fuerza salvaje.—¡Papá, levántate! ¡Prometiste que hoy iríamos al río con los ponis! —la voz de Bella, que ya se sentía la capitana del ala este de la mansión a sus cinco años, me despertó de golpe mientras se dejaba caer sobre mi espalda.A mi lado, Emma soltó una carcajada suave, hundiéndose más bajo la colcha, con el cabello castaño enredado sobre la almohada.—Tu pelotón te reclama, General —murmuró con la voz ronca del sueño, su mano buscando la mía por debajo de las sábanas para entrelazar nuestros dedo

  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar   Fin

    —Siempre cuidaste de nosotros —dije en un susurro, alzando la vista hacia las ramas del roble que se mecían con el viento—. Incluso en mitad de la penumbra, cuando tus ojos ya no podían ver el salón, nos diste la pista final para desenmascarar el nido de víboras. Gracias por haber sido el ancla de mi pequeña intrusa cuando el mundo se caía a pedazos.Bella se puso de pie, sacudiéndose la tierra de los pantalones, y me miró con esos ojos maduros que tanto me recordaban el pasado.—Papá… ¿ella nos está viendo ahora? —preguntó, tomando de nuevo mi mano.—Ella siempre nos ve, Bella —le respondí, apretando sus dedos con suavidad—. Su recuerdo es el que cuida que el viñedo siga dando frutos. Vámonos. Alguien nos está esperando en la casa y la tarde se va a enfriar.Nos dimos la vuelta, dejando atrás la paz del camposanto bajo la sombra del roble, regresando por el sendero donde Mateo nos esperaba en la camioneta con el motor encendido. El misterio de la vida y la muerte se entrelazaba en la

  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar   Capítulo 67: El eco de las colinas

    Narrado por NoahEl sol de la Toscana tenía una forma muy particular de filtrarse a través de las hojas de los cipreses cuando el verano comenzaba a madurar. Era una luz dorada, densa, que parecía flotar sobre la tierra como un óleo antiguo. Cinco años. Cinco veranos exactos habían pasado desde la noche en que la tormenta de Siena intentó tragarse los cimientos de mi existencia; cinco años desde que los muros de Val-de-Lune dejaron de ser una fortaleza de sombras para convertirse en algo que, finalmente, se parecía a un hogar.El viento soplaba limpio desde el norte, arrastrando el aroma dulce de las uvas sangiovese que ya empezaban a oscurecer en las vides. Sentado sobre la valla de madera del picadero principal, observaba el trote rítmico de un semental andaluz de capa negra, cuyo pelaje brillaba bajo el sol como el carbón pulido. Sobre el lomo del animal, con una postura que delataba una herencia de orgullo y disciplina que me inflaba el pecho, iba Bella.A sus cinco años, mi hija

  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar    La última línea de defensa

    Narrado por NoahLa camioneta blindada rugía como una bestia herida mientras cortaba los bancos de niebla que se aferraban a las laderas más bajas del monte Amiata. El rastreo de la señal satelital que Mateo había logrado interceptar de las comunicaciones de la ambulancia privada nos había llevado lejos de la autovía principal, adentrándonos en las antiguas zonas mineras abandonadas del sur de Siena. El lodo salpicaba los cristales y las llantas patinaban en las curvas cerradas, pero mis manos no cedían ni un milímetro en el volante. La adrenalina de la cacería había borrado cualquier rastro de cansancio físico; en mi mente solo resonaba el pitido del respirador mecánico de Emma y la certeza de que el tiempo se nos estaba acabando.—¡Ahí está, General! —gritó Mateo, señalando a través del parabrisas hacia una vieja estación de bombeo de piedra, devorada por la maleza y los años de abandono.Apostada junto a la estructura en ruinas, con las luces de emergencia apagadas y las puertas tr

  • La Esposa Talla Grande que el CEO Inválido no Quería Amar   Martha

    Hubo un silencio del otro lado de la línea, el sonido de unos papeles moviéndose sobre un escritorio antes de que el médico volviera a hablar con un tono de extrañeza.—Signor Noah… el traslado de su esposa ya se realizó. Hace exactamente una hora que la ambulancia crítica salió de nuestras instalaciones en dirección a Val-de-Lune.El suelo pareció desaparecer bajo mis botas. Me apoyé con fuerza en el bastón de roble para no caer de rodillas en mitad del salón este.—¿Qué traslado, Gatti? —mi voz salió como un siseo de ultratumba, un sonido carente de toda humanidad—. Yo no he firmado ninguna orden de traslado. Mi esposa está intubada, conectada a un soporte vital completo. Moverla en ese estado es una ejecución. ¿Quién autorizó esa maldita locura?—Su ama de llaves, signor Moretti —explicó el doctor Gatti, y por primera vez se percibió una nota de pánico en su voz de profesional—. La señora Martha llegó aquí hace un par de horas. Trajo consigo un documento notariado con su firma y el

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