LOGINAl captar el tono sarcástico en la voz de Vanessa, los ojos de Beatriz destellaron con furia.
—Vaya, estoy deseando ver qué puede presentar la presidenta Saxon que sea mejor que la propuesta de Ness —dijo con una sonrisa tensa.
Aunque su tono parecía calmado, por dentro ardía de rabia.
—La siguiente, por favor.
Vanessa tomó aire, preparó sus materiales y caminó con paso firme hacia el frente.
—Permítanme presentarme. Soy Vanessa Saxon, de Cortex Group. —Encendió el proyector y continuó—: Todos, por favor, echen un vistazo. Este es el borrador del diseño que elaboramos después de realizar una investigación de campo...
Antes de que pudiera terminar, una voz la interrumpió:
—Pensé que el diseño de la presidenta Saxon sería algo innovador, pero no hay nada nuevo. Es demasiado complicado. Si seguimos su propuesta, costará una fortuna y no tiene ningún atractivo. ¿No es solo fachada?
Vanessa sonrió levemente.
Beatriz apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Ver a Vanessa en el escenario, con esa sonrisa encantadora y segura, le hacía desear subir y abofetearla dos veces.
Contuvo la rabia con gran esfuerzo y forzó una sonrisa cortés.
Vanessa, imperturbable, presionó la tecla siguiente.
En la diapositiva final apareció una comparación de datos entre Cortex Group y Ness Corp.
—Los datos hablan por sí solos —dijo Vanessa con voz serena—. Cortex es claramente superior a Ness.
Las miradas se dirigieron al PowerPoint. Las cifras de Cortex eran impresionantes.
Una bofetada invisible cayó sobre el rostro de Beatriz. Sintió las miradas burlonas a su alrededor, pero mantuvo la sonrisa mientras apretaba los dientes hasta casi romperlos.
¡Vanessa Saxon... ya me las pagarás!
La licitación terminó a las seis de la tarde.
Ya dentro del coche, Vanessa le entregó a su asistente una tarjeta de presentación.
—¿Mariah Hutchson, de VH? ¿Piensa contratarla, jefa?
—La empresa es nueva, necesitamos reclutar talento.
De regreso en la oficina, Vanessa apenas se había sentado cuando su asistente volvió con un fajo de documentos.
—¿Filtración de secretos comerciales?
Vanessa frunció el ceño y comenzó a revisar los documentos con atención. Algo no cuadraba.
Por lo que conocía de Mariah, no era del tipo que cometería algo así.
En los informes se mencionaba que recientemente se había celebrado una conferencia de prensa sobre un nuevo tipo de medicamento especial y que también se había anunciado al responsable del nuevo proyecto de energía.
Había escuchado sobre ambos mientras estaba en el extranjero, y en aquel entonces le habían dicho que no había grandes avances. Pero ahora, aparentemente, ya estaban desarrollados con éxito.
Vanessa entrecerró los ojos, pensativa.
La asistente hizo un gesto de “OK”.
—Y mándame la dirección del almacén de energía nueva a mi teléfono.
—Entendido.
Después de salir de la empresa, Vanessa siguió el GPS hasta llegar, ya de noche, a las afueras de la ciudad.
El lugar estaba rodeado de silencio, solo un almacén solitario cubierto por la oscuridad.
Aparcó el coche entre las sombras y se acercó con cautela, sosteniendo su teléfono. Evitando las cámaras de seguridad, se deslizó hacia la parte trasera del muro, decidida a escalarlo.
No era muy alto. Con su agilidad, lo superó fácilmente y aterrizó con ligereza. Pero al levantar la vista, vio frente a sí un par de zapatos de cuero.
—Vaya coincidencia.
Una voz familiar le heló la sangre. Vanessa alzó la mirada y se encontró con el rostro de Luca, quien la observaba con una leve sonrisa burlona.
—Señor Kensington —dijo ella con calma forzada—. Cuánto tiempo sin vernos.
Sus miradas se cruzaron, y ambos comprendieron que estaban allí por la misma razón.
Pero Vanessa no tenía intención de quedarse a charlar. Giró sobre sus talones y se dirigió hacia el patio trasero.
Encontró una ventana sin cerrar, la empujó con cuidado y alumbró el interior con su linterna.
Vacío.
El ceño de Vanessa se frunció. Tal como sospechaba, el supuesto proyecto de energía nueva no era más que una fachada.
Sacó su teléfono y comenzó a grabar un video, dispuesta a marcharse... cuando escuchó pasos acercándose. Sin pensarlo, giró y lanzó un puñetazo, que fue atrapado firmemente por la mano de Luca.
Vanessa retiró la mano al instante, como si se hubiera quemado. Iba a decir algo cuando el sonido de una cerradura girando la interrumpió.
Varias voces se escucharon del otro lado, riendo.
El rostro de Luca cambió. La sujetó del brazo y la arrastró hacia un estrecho espacio entre dos paredes.
Los intrusos encendieron las luces y se sentaron frente a ellos, abriendo botellas y sacando una baraja de cartas.
Maldita sea, pensó Vanessa, justo antes de darse cuenta de lo cerca que estaba de Luca. Tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.
Un extraño calor se filtró entre ellos.
Luca echó un vistazo rápido a su alrededor, luego le dio un leve golpecito en la cabeza, indicándole que mirara hacia adelante.
Frente a ellos, semioculta, había una pequeña puerta.
Vanessa asintió comprendiendo su plan.
El hombre empezó a contar con los labios, pero justo entonces sus ojos se detuvieron en algo más: un enorme perro que se acercaba, olfateando el aire.
Vanessa también lo vio. Su corazón se aceleró. Rezó para que el animal no tuviera tan buen olfato.
Un segundo después:
—¡Guau, guau!
Sin dudar, Luca tomó la mano de Vanessa y corrió hacia la puerta con toda la velocidad que tenía.
Los hombres gritaron y salieron tras ellos, blandiendo palos y martillos.
Vanessa apenas podía respirar, pero no soltó la mano que la guiaba a través de la oscuridad. Corrían sin mirar atrás.
Magnus asintió de inmediato.—Por supuesto, papá es un hombre fuerte. Si le promete algo a Maxime, se asegurará de cumplirlo.—¡Papá es genial! ¡Papá es el mejor! ¡Te quiero más que a nadie! —Maxime saltaba de alegría en sus brazos.La cara de Senna se oscureció de inmediato.—Este pequeño bribón no tiene conciencia. ¡Con solo una consola de videojuegos ya te compraron! Si mamá no te compra una, la odiarás, ¿verdad? ¿Hmm?Al ver que el rostro de su madre se oscurecía, Maxime salió de los brazos de Magnus, abrazó su brazo y coquetamente dijo:—No, no, mamá, no te enojes, yo te quiero más… más… más… —repetía “más” varias veces de un tirón.Senna se rió.—Menos mal que aún sabes que quieres a mamá más que a nadie… De lo contrario, ya no te querría.Maxime frunció sus pequeños labios y dijo:—No, no, no…—Está bien, Maxime, mamá necesita descansar más para recuperarse. Ve con el tío Edric de regreso a Rosewood Manor.Como ya era tarde, Magnus llamó a Edric para que lo llevara de vuelta.—
Cuando Maxime vio al Viejo Maestro acostado en la cama, sus ojos negros recorrieron la habitación unas cuantas veces, dándose cuenta de que no había nadie más. Luego se inclinó hacia la cabecera con una sonrisa adorable:—Eres mi bisabuelo.Magnus no le había mentido. El niño era prácticamente su mini-yo, se parecía tanto a él cuando era pequeño. El Viejo Maestro miró a Maxime, con los ojos enrojecidos, casi incapaz de contener las lágrimas.—Bisabuelo, ¿por qué estás acostado en la cama sin moverte? —Maxime se tocó la cabeza y luego pareció darse cuenta de algo—. Ya sé, el bisabuelo está enfermo, igual que mamá, y tiene que descansar en la cama, ¿verdad?—El pequeño joven maestro es muy atento. Así es, tu bisabuelo está enfermo y solo puede descansar en la cama —dijo el mayordomo, cada vez más feliz al ver al niño tan considerado.¡Qué niño tan bien educado!—Mamá dice que cuando estás enfermo, debes descansar y beber más agua. Bisabuelo, debes beber más agua y comer bien para que te
Senna miró a Magnus, el hombre que para ella era como un dios, y sus ojos se enrojecieron por la emoción.—Magnus, tú…—Esas acciones te fueron dejadas por tus abuelos. Sé que estás preocupada —dijo Magnus, sosteniéndole suavemente el rostro con sus manos, inclinándose y besándole con delicadeza la frente, sonriendo mientras decía—: He ayudado a que las recuperes porque quiero que seas feliz, no para hacerte llorar.—Yo… simplemente estoy tan abrumada por la emoción —Senna se rió suavemente, parpadeando para secarse las lágrimas—. Me importan esas acciones no por la riqueza que representan, sino porque son un legado de mis abuelos, una bendición de ellos.—Senna, quiero pedirte un favor —dijo Magnus, levantando a Maxime en brazos mientras la miraba.—¿Todavía quieres algo después de todo lo que has hecho por mí, y aún así te mantienes tan distante? —Senna levantó una ceja, su curiosidad despertada.—Este asunto requiere tu consentimiento antes de que pueda actuar. La familia Voss te d
Los ojos de la señora Thorne estaban hinchados y enrojecidos, el rostro pálido; era evidente que había llorado toda la noche. Entró hecha una furia, señalando a Senna con rabia mientras la acusaba:—¡Tú, mujer desgraciada, deberías haber muerto hace tres años! ¡No deberías haber vuelto! ¡Devuélveme la vida de mi Astrid! ¡Mi pobre hija, murió tan miserablemente!Tobias y Maxime notaron su hostilidad y se levantaron enseguida, bloqueando la ventana donde estaba Senna.Maxime señaló a la señora Thorne y, con voz de adulto, dijo en tono alto:—Bruja vieja, no voy a permitir que maldigas a mi mamá.—¿De dónde salió este mocoso salvaje? ¿Cómo te atreves a llamarme bruja vieja? ¡Niño grosero, maleducado, bastardo! —le gritó la señora Thorne a Maxime.Senna se incorporó, acariciando suavemente la cabeza de Maxime. Su rostro se oscureció y su mirada se volvió helada:—Maxime no es ningún mocoso salvaje. Es mi hijo, y solo necesita ser educado con quienes lo merecen.La señora Thorne estaba fue
En una amplia y lujosa habitación privada del hospital, el Viejo Maestro yacía en la cama, su rostro marchito, expresión agotada y ojos vacíos. Siempre había sido tan orgulloso y arrogante, incapaz de aceptar que ahora estaba paralizado. Se negaba a comer y, después de dos días, solo podía sobrevivir con inyecciones de nutrición.—Viejo Maestro, le suplico, por favor, coma un poco. Si no come ni bebe, ¿cómo podrá sobrevivir su cuerpo? —dijo el mayordomo, sosteniendo un tazón de gachas de arroz, intentando alimentarlo, pero el anciano se negó a abrir la boca.El mayordomo sintió que el corazón se le rompía. Había servido al Viejo Maestro durante muchos años, y su relación hacía tiempo que había superado los límites de amo y sirviente. Lo consideraba un hermano, un miembro de la familia. Al verlo así, deseó poder tomar él mismo su sufrimiento.El anciano era famoso por su terquedad; cuando no quería hacer algo, nadie podía obligarlo. Una vez fue una figura poderosa, pero ahora había caí
—Aún no lo tienes, pero lo tendrás pronto. Apresúrate y recupérate. No lo olvides, el décimo día es nuestro gran día —dijo Magnus mientras sostenía su mano, con el rostro lleno de expectativa.—Todo el mundo afuera cree que te vas a casar con Astrid Thorne. ¿Qué tiene eso que ver conmigo? —Senna desvió el rostro y resopló.—¿Celosa? —Magnus no pudo evitar sonreír—. Eres la madre de mis dos hijos, y aun así sigues celosa.Magnus extendió la mano para girarle el rostro suavemente hacia él, rozándole la nariz con el dedo. —Todavía no te lo he dicho… Astrid está muerta.—¿Qué? ¿Astrid está muerta? —Senna preguntó sorprendida—. ¿Cómo murió?Ya había sospechado que Magnus no la dejaría ir tras lo que hizo en la mansión, pero no esperaba que llegara al extremo de matarla. Después del shock, sintió una pizca de lástima: había sido demasiado fácil para ella. Una mujer tan venenosa como Astrid debería haber terminado pudriéndose en la cárcel.—Fue a la mansión Voss buscando refugio con el viejo







