MasukOLIVIA—No vuelvas a tocar mis controles.Elliot retiró la mano del tablero con una tranquilidad que me dieron ganas de golpearle.—Solo apagué una pantalla.—Esa pantalla estaba procesando el respaldo de la entrevista.—Terminó hace diez minutos.—Y por eso mismo se respalda antes de que algún ejecutivo derrame café sobre el sistema y borre el programa que rompió el récord del canal.Miró el vaso que llevaba en la mano y lo dejó lejos de la consola.—¿Mejor?—Un poco.El estudio estaba casi vacío. Amelia se había marchado con Aarón y Alexander después de obligarme a prometer que dormiría. Los técnicos recogían cables al otro lado del cristal y yo llevaba veinte minutos comprobando archivos que ya había revisado dos veces.No quería ir
CAPITULO 164MATEO—¿Dónde está el abogado?George miró detrás de mí antes de sentarse frente al cristal.—No traje ninguno.—Entonces ¿para qué viniste?Aarón me había llevado hasta la entrada y quiso acompañarme. Le pedí que esperara. Entregué el teléfono, el reloj y el bastón para revisión. Hacía años que no cruzaba una puerta sin que mi apellido pudiera acelerar el trámite.George seguía mirando detrás de mí, esperando un abogado o alguna señal de que la entrevista había iniciado un plan para liberarlo. No había nada.La puerta de su lado se cerró. Llevaba un uniforme gris, el cabello demasiado corto y una pequeña herida cerca de la ceja. Preguntarle qué había ocurrido fue mi primer impulso. Me obligu&eacut
CAPITULO 163AMELIA—Entramos en treinta segundos —avisó Olivia por el auricular—. Si Mateo se levanta o intenta terminar la entrevista, no mandamos a corte hasta que yo lo diga.Miré al hombre sentado frente a mí.—Puede escucharte.Mateo levantó una ceja.—Y no pienso levantarme.—Eso dicen todos antes de la primera pregunta —respondió Olivia.La cuenta regresiva apareció en el monitor. Tenía las manos húmedas y la garganta seca. Detrás del muro del estudio estaba la habitación que Elliot había mandado preparar para Alexander. Aarón esperaba ahí con él y había prometido no entrar al foro aunque la entrevista se complicara.No estaba segura de que cumpliera.La luz roja se encendió.—Buenas noches. Esto es Frente a frente —comencé, mira
CAPITULO 162AMELIAEl moisés estaba vacío.Metí la mano entre las mantas, como si Alexander pudiera haberse escondido debajo de ellas. El lado de Aarón también estaba vacío y la puerta de la habitación permanecía abierta.—¿Aarón?Nadie respondió.Miré el baño, el vestidor y después otra vez el moisés. El corazón empezó a golpearme tan fuerte que apenas escuchaba el mar entrando por las ventanas.—¡Aarón!Salí al pasillo descalza. No había guardias corriendo ni cristales rotos. La casa estaba en silencio. Eso no ayudó. Mi cuerpo ya había regresado a la residencia Kane, a la habitación vacía y al momento en que comprendí que se llevaban a mi hijo.Volví a oír el golpe de la puerta, el grito de Olivia y la voz de Ivann
AMELIAEl cierre del vestido se atascó a la mitad de mi espalda.Aarón tiró otra vez y la tela me apretó debajo de los brazos.—Despacio —protesté—. Vas a romperlo.—Puedo comprarte otro.—Este es el que usé para casarme contigo.—Entonces puedo comprar la tienda y obligar a la modista a repararlo.—Qué romántico.Lo sentí soltar aire detrás de mí. Llevaba horas queriendo quitarme ese vestido y ahora una cremallera estaba acabando con su paciencia.—No te muevas —ordenó.—Deja de darme órdenes en nuestra noche de bodas.—Amelia.—Está bien.Aarón se agachó para liberar la tela atrapada. Sus dedos rozaron mi espalda y se me puso la piel de gallina. El cierre cedió al fin. La parte superior del vestido cay&o
CAPITULO 160AMELIALa mano de Olivia temblaba dentro de la mía.—Se supone que la nerviosa soy yo —murmuré.—Estoy cargando al heredero de los Kane sobre arena. Si me caigo, Aarón me entierra aquí mismo.Alexander soltó un ruido y apretó el vestido de Olivia. Llevaba un traje diminuto y uno de los calcetines ya se le estaba bajando.—No te vas a caer —le dije.—Eso mismo dijiste antes de que te secuestraran de una casa llena de guardias. Tus pronósticos no me tranquilizan.Quise responderle, pero la música comenzó y el aire se me quedó atrapado en el pecho.Al otro extremo de la playa estaba Aarón.La corbata le había quedado un poco torcida. Mateo seguía sentado en la primera fila con el bastón entre las manos y Sebastián permanecía al lado de mi esposo, vigilando lo







