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CAPÍTULO 17

last update publish date: 2026-08-20 01:13:47
El despacho de Diego tenía la puerta entreabierta. Alba lo oyó antes de verlo: la voz de Blanca llegaba desde adentro con ese tono que conocía demasiado bien, el registro suave de las conversaciones funcionales que nunca eran del todo funcionales si una sabía a qué prestarle atención. La voz no sonaba íntima; sonaba entrenada para parecer necesaria.

Alba llegaba además con otra advertencia todavía fresca. Renata le había informado esa mañana que alguien había cortado las dos ruedas delanteras d
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  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 123

    Alba esperó hasta que la redistribución quedó firmada antes de besar a Diego.No quería que la escena pareciera una recompensa por haber aceptado límites institucionales ni que él confundiera su deseo con aprobación. Esperó a que Pradas saliera, a que la coordinadora recogiera las copias del nuevo organigrama y a que el pasillo volviera a llenarse de gente que tenía asuntos más urgentes que la vida sentimental de su presidenta. Entonces le tomó la corbata y lo acercó.—Ahora sí.Diego alcanzó a sonreír antes de que Alba le cerrara la boca con la suya.El beso duró poco porque estaban en la fundación y porque a Alba le gustaba descubrir que podía detenerse sin sentir que desperdiciaba una oportunidad. Cuando se apartó, Diego siguió cerca.—¿Eso significa que ya puedo recuperar jurisdicción sobre tu hermana?—Eso significa que puedes dejar de hablar durante treinta segundos.—Ambicioso.Alba le dio un último beso y se alejó.—Esta noche en mi apartamento.—¿Orden o invitación?—Invitaci

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 122

    Alba no durmió con Diego esa noche. No dudaba de que él hubiera dicho la verdad. El problema era otro: creerle no borraba los años en que la frontera con Blanca había sido suficientemente cómoda para que nadie la cerrara del todo.A las siete de la mañana lo llamó.—Quiero verte antes del trabajo.—Voy.—No. Café de la esquina. Neutral.Diego llegó primero. Alba se sentó frente a él con el cabello todavía húmedo y una chaqueta sobre ropa sencilla.—Estoy enfadada —dijo.—Con Blanca.—También contigo.Diego dejó la taza.—Está bien.—No me respondas como si aceptar mi enojo fuera otra prueba que puedes aprobar.Él se quedó quieto.—Ayer ella ignoró un no. Eso es de ella —continuó Alba—. Pero durante años tú dejaste una puerta entornada porque te resultaba más cómodo no hacerla sentir rechazada. Yo tuve que volver, verla tocarte y explicarte por qué ese segundo y medio importaba para que empezaras a cerrarla.La mandíbula de Diego se tensó.—No me hagas responsable de que Blanca haya cr

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 121

    Blanca esperó hasta el día siguiente para buscar a Diego. Ese fue el primer error. El segundo fue convencerse de que necesitaba cerrar algo. Lo encontró en una sala lateral de la fundación después de una reunión sobre la investigación audiovisual. Estaba solo, guardando documentos en una carpeta. —¿Tienes un minuto? Diego levantó la vista. —Sí. Blanca cerró la puerta, pero no con llave. —Lo de ayer... —¿La grabación? —Todo. Diego esperó. Blanca llevaba veinticuatro horas viendo clips de Alba en el atril, de Diego entrando por la puerta principal, del beso en el vestíbulo. También llevaba semanas intentando construir algo propio. Las dos realidades habían coexistido hasta que una pareció empujar a la otra fuera de su sitio. —No puedo hacer como si no me doliera —dijo. —No te he pedido eso. —Lo sé. —Entonces ¿qué necesitas de mí? La pregunta debería haberla detenido. No lo hizo. —Quiero saber si alguna vez hubo una posibilidad. Diego dejó la carpeta sobre la mesa. —Blan

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 120

    A las ocho de la mañana había seis móviles de televisión frente a la fundación.Alba llegó caminando desde el estacionamiento subterráneo y pidió que no la hicieran entrar por una puerta lateral.—Hay prensa —advirtió seguridad.—Ya lo sé.—Podemos evitarla.—No quiero evitarla. Quiero llegar a trabajar.Diego no la acompañó. La decisión fue de ambos. Si aparecía a su lado a primera hora, la historia podía convertirse otra vez en “Diego protege a Alba”. Él iría más tarde si ella lo quería. Alba cruzó la entrada principal.—¿Se arrepiente de la relación con Diego Vidal?La pregunta llegó desde la segunda fila y, por un instante, Alba perdió el ritmo de la respiración. No hab&iac

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 119

    El problema de una multitud no era sentir miedo, sino la velocidad con que ese miedo se propagaba. Alba lo vio recorrer el salón en ondas: una persona recogía su bolso, otra interpretaba el gesto como señal, una tercera se levantaba y, de pronto, una mesa completa empujaba hacia la misma salida.—No bloqueen puertas —ordenó al equipo de seguridad—. Abran las tres. Flujo lento.Un hombre tropezó cerca del pasillo central. Una mujer cayó de rodillas. Nada grave todavía. Diego miró a Alba.—¿Qué necesitas?—Lado derecho. Ayuda a separar el flujo. No me pierdas de vista, pero no vengas detrás de mí.—Hecho.Se movió. Alba subió a una silla para que la gente pudiera verla.—Las salidas están despejadas. No hay fuego. No hay amenaza física confirmada. Salgan si

  • La Heredera que Regresó   CAPÍTULO 118

    La gala funcionó durante una hora y diecisiete minutos. Luego la pantalla principal cambió. Alba estaba junto a una mesa de beneficiarios cuando la imagen del proyecto de Aldecoa desapareció. Durante medio segundo apareció negro.Alba pidió que nadie prometiera control total sobre las copias: necesitaba hechos, no otra frase tranquilizadora destinada a romperse diez minutos después.Después, una fotografía pixelada. No explícita. Suficiente. Un fragmento del salón de música.Su hombro desnudo. La camisa abierta de Diego. La fecha de la cámara del salón de música incrustada en una esquina.Alba reconoció la escena antes que el resto. Diego también. El archivo se cortó a los dos segundos. Demasiado tarde.El salón quedó inmóvil. Alguien detrás del control audiovisual soltó una ma

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