LOGINDormimos separados.Tres noches.No porque estuviéramos enfadados.Porque lo necesitábamos.La primera noche fue horrible.Mi loba no entendía.Caminaba inquieta dentro de mí.Nick estaba al otro lado de la pared.Podía sentirlo.Despierto.También inquieto.La puerta comunicante estaba cerrada.No con llave.Eso importaba.Podía abrirla.Él también.Ninguno lo hizo.A la mañana siguiente desayunamos juntos.Normal.O intentando.Nick leyó documentos.Yo practiqué escritura.Nuestras manos se rozaron cuando ambos cogimos la miel.Mi cuerpo se tensó un poco.Nick retiró la suya.Sin hacer cara.Sin convertirlo en momento.Lo agradecí.—¿Consejo? —pregunté.—Dentro de una hora.—¿Cassandra?—Declarará esta tarde.Asentí.Silencio.—¿Y tú?Nick levantó la mirada.—¿Qué?—¿Cómo estás?La pregunta pareció sorprenderlo.—Bien.Levanté una ceja.—Mientes mal.Su boca se movió.—Eso es mío.—No.Señalé con la pluma.—No me robes las frases.Nick sonrió.Después dejó los papeles.—Estoy enfada
Nick tenía pruebas.Todas.El vino.La sustancia.La declaración de Cassandra.La información de los hombres del norte.La localización de la bruja.Incluso una carta que Cassandra había enviado semanas atrás a uno de los intermediarios de Espina Negra.Todo encajaba.Y aun así, cuando Nick intentó besarme, mi cuerpo se tensó.Fue automático.No porque no quisiera.Eso era lo que más dolía.Estábamos en mis habitaciones.Él había venido después de la reunión con el Consejo.Me contó todo.Después se acercó.Despacio.Levantó una mano.—¿Puedo?Asentí.Sus dedos tocaron mi mejilla.Bien.Calor.Conocido.Seguro.Nick se inclinó.Su boca quedó cerca.Y de pronto vi a Cassandra.No realmente.En mi cabeza.Su cuerpo junto al suyo.La mano.El perfume.Me aparté.Nick se detuvo inmediatamente.—Está bien.La vergüenza llegó.—No.—Serafine.—Quería.—Lo sé.Me llevé una mano a la frente.—Esto es absurdo.—No.—Sé que no hiciste nada.—Lo sé.—Sé que te drogaron.—Sí.—Sé que Cassandra mi
Cassandra llevaba dos días encerrada en sus habitaciones.No como prisionera.Nick había sido muy específico con eso.No podía abandonar Sol del Oeste, no podía comunicarse con nadie sin que Kael lo supiera y había guardias frente a su puerta.Pero todavía tenía cama.Comida.Privacidad.Más de lo que ella había permitido que yo tuviera cuando consiguió que me secuestraran.Pensar así me hacía sentir una persona que no reconocía.Quizá por eso había tardado dos días en decidir verla.Ariadne caminaba conmigo.Nick no.Había querido venir.Yo había dicho que no.—¿Estás segura? —preguntó Ariadne.—No.Ella asintió.—Buena respuesta.La miré.—Todos utilizáis mis propias frases contra mí.—Porque nos das material excelente.Casi sonreí.Después llegamos a la puerta.El humor desapareció.Mi loba se tensó.No furiosa.Alerta.El guardia abrió.Cassandra estaba junto a la ventana.Se volvió.Por primera vez desde que la conocía no parecía haber tenido tiempo para preparar la expresión cor
Regresamos a Sol del Oeste dos días después.La primera persona que vi fue Ariadne.Corrió hacia mí.Se detuvo antes de abrazarme.Aquello me atravesó.—¿Puedo?Las lágrimas llegaron.—Sí.Me abrazó.Fuerte.—Idiota.Me reí llorando.—Hola.—No vuelvas a desaparecer.Se apartó.—No.Eso ha sonado como una orden.—Entonces reformulo.Su voz se quebró.—Por favor, si alguna vez necesitas huir otra vez, despiértame primero.El pecho me dolió.—Lo haré.Ariadne me abrazó otra vez.Nick estaba detrás.No intervenía.No reclamaba.Esperaba.Después vi a Cassandra.Al fondo del corredor.Bajo vigilancia.Su rostro había perdido aquella perfección.No porque estuviera despeinada.Porque parecía cansada.Me vio.Se puso de pie.—Serafine.Mi cuerpo reaccionó.Frío.El recuerdo de la habitación.Nick.Su mano.La mentira.El secuestro.Todo junto.Cassandra dio un paso.—Necesito hablar contigo.Mi loba gruñó.Nick se tensó.Ariadne se colocó a mi lado.—No ahora.Cassandra la ignoró.—Por favo
Nick se transformó por primera vez delante de mí al día siguiente.No durante un ataque.Eso habría sido más sencillo.Fue porque yo se lo pedí.—Quiero verlo.Nick frunció el ceño.—¿Qué cosa?—Tu lobo.La reacción de su lobo fue inmediata.La sentí a través del vínculo.Entusiasmo.Demasiado.Nick cerró los ojos.—Mala idea.—¿Por qué?—Porque lleva semanas esperando que preguntes.—¿Y?—Y porque el tuyo también.Mi loba reaccionó.Sí.Muchísimo.Sentí calor.—Estamos en medio del bosque.—Exacto.—No hay nadie.Nick miró a Kael, que estaba a unos metros.—Hay alguien.Kael levantó la cabeza.—Puedo desaparecer.—Hazlo —dijimos los dos.Kael se marchó riendo.Nick volvió hacia mí.—¿Seguro?—Sí.—Bien.Se quitó la camisa.Me quedé inmóvil.Nick levantó una ceja.—¿Problema?—No.—Tu cara.—Cállate.Sonrió.Terminó de quitarse la ropa.Yo intenté mirar solo su cara.Fracasé.Mucho.Nick lo notó.—Serafine.—¿Qué?—Nada.Su sonrisa me enfadó.Después transformó.El cambio fue rápido.
El ataque llegó al anochecer.Otra vez.Empezaba a odiar los atardeceres.Habíamos acampado cerca de una formación de piedra cuando los caballos se inquietaron.Mi loba reaccionó antes que ellos.Hombres.Cinco.No.Seis.—Nick.Él levantó la cabeza.—¿Qué?—Vienen.Kael no preguntó cómo lo sabía.Solo dio órdenes.—Posiciones.Los guerreros se movieron.Nick se acercó.—Serafine, detrás de la roca hay un paso estrecho.—No voy a esconderme.—No te lo estoy ordenando.Su voz fue firme.—Te estoy diciendo que ahí no pueden rodearte.Eso era distinto.Miré.Tenía razón.—Voy.Nick asintió.—Bien.Corrí hacia el paso.No llegué.Un hombre apareció desde el lado contrario.Había estado esperando.—¡Serafine!Nick.Demasiado lejos.El hombre me agarró del brazo.Intenté soltarme.Fuerte.Mucho más que yo.—No hagas ruido.—Suéltame.—No compliques las cosas.La frase.Siempre.Como si la dificultad fuera culpa mía.Le clavé las uñas.El hombre soltó una maldición.Me agarró más fuerte.—He







