INICIAR SESIÓNSerethia nació marcada por la diosa Luna y su sangre puede sanar. Según la profecía, su cuerpo y alma fueron creados para el rey Alfa. Pero el día de la unión sagrada, Kaelvar, su alma destinada, la rechazó… y eligió a otra, humillándola. Deshonrada y maldita, Serethia huyó al mundo humano, el lugar para los licántropos condenados. Allí conoce a Alec, un humano que le hace creer que tal vez pueda elegir su destino por primra vez en su vida… Sien embargo, el pasado volvió a alcanzarla. Cuando la pareja de Kaelvar cae en desgracia, Serethia es obligada a regresar porque su sangre es la única esperanza. Y el vínculo con el rey Alfa —ese lazo ardiente que nunca murió— vuelve a reclamarla. Ahora debe elegir entre obedecer… o rebelarse contra la diosa que la condenó desde su nacimiento.
Ver másSerethia observó a Victoria salir hacia lo que quedaba del jardín y, sin pensarlo, comenzó a seguirla. No le interesaba la humana, pero algo en su interior la impulsaba a ir en esa dirección.Cuando salieron, redujo el paso y se quitó el himation para cubrirse el cabello. Después avanzó lentamente, protegida por la oscuridad. Mientras lo hacía, distinguió la figura de Alec junto al único árbol que quedaba en pie en el jardín y su corazón pareció detenerse durante un instante.Se quedó inmóvil y, un momento después, dio un paso hacia atrás, pero el impulso de marcharse se desvaneció en cuanto Victoria se sentó junto a él.Volvió a avanzar con cuidado para no llamar la atención de ninguno de los dos y se agachó detrás de unos arbustos, ocultándose lo más cerca que pudo. Desde allí podía escuchar sus voces y observar la situación sin ser vista.—Quizá debí escucharte —oyó decir a Alec—. Tenías razón; debí seguir con mi vida, sin vivir solo en función de encontrarla.Hubo una pausa, pero p
Alec solo siguió caminando, sin pensar hacia dónde realmente quería ir, pese a que cada paso le costaba más que el anterior. La fiebre parecía haberle aumentado y el dolor de cabeza volvió a intensificarse, pero nada de aquello se comparaba con la opresión que sentía en el pecho.El aire fresco que le golpeó el rostro lo hizo mirar a su alrededor y entonces se dio cuenta de que estaba en lo que ahora quedaba del jardín. Ni siquiera se había percatado de cuándo había salido de la casa, pero no se detuvo.Continuó caminando sin rumbo hasta que encontró un árbol apartado y se dejó caer junto al tronco, ignorando el dolor que le provocó el movimiento. Apoyó la cabeza contra la corteza y cerró los ojos mientras intentaba respirar profundamente, pero aquella opresión en el pecho se lo impidió.La sensación aumentaba cada vez que pensaba en que Serethia se había vinculado y ahora estaba embarazada. Quería dejar de pensar en ello y acallar todos sus pensamientos. Pero, por más que lo intentar
—¿Estás embarazada?No necesitó que ella le respondiera más allá de su reacción. Serethia se llevó una mano al vientre y lo observó con temor, aunque intentó disimularlo. Después permaneció inmóvil durante unos segundos, solo mirándolo, antes de asentir lentamente.—¿Cuánto tiempo?Ni siquiera supo por qué había hecho esa pregunta. Podía asumir que no tenía más de cinco meses, aunque tal vez la biología licántropa funcionara de forma diferente y el embarazo se desarrollara a un ritmo distinto.No sabía cómo había sido su nacimiento, así que aún podía existir la posibilidad de que el bebé fuera suyo. Y quiso aferrarse a eso.Necesitaba hacerlo.Aún podía existir la posibilidad de que hubiera malinterpretado todo y hubiera alguna otra explicación a lo que estaba sucediendo.Necesitaba que la hubiera.Pero las siguientes palabras de Serethia hicieron añicos aquella esperanza.—Cuatro meses, pero…Alec soltó una risa baja, la misma que siempre usaba cuando quería fingir que ignoraba su do
Alec y la doncella continuaron avanzando por el corredor, aunque cada pocos pasos él tenía que apoyarse con más fuerza en ella y en la pared para no perder el equilibrio. A pesar de su estatura, la licántropa tenía más fuerza de la que aparentaba y podía sostenerlo con relativa facilidad.—Ya casi —dijo la sirvienta con un poco de esfuerzo cuando doblaron una esquina y tuvo que aumentar la fuerza de su agarre para evitar que el joven cayera.Tomaron un corredor diferente, evitando pasar por la zona destruida y, aunque por momentos todo volvía a verse borroso, Alec alcanzó a percatarse del estado de esa parte de la casa.—¿Eso…? —preguntó con duda, girando la cabeza hacia atrás, aunque ya no veía aquel corredor.—Lo hizo usted junto con el Rey Alfa, mi señor.Alec la miró sorprendido, convencido de que estaba bromeando, pero ella mantuvo una expresión seria.—Lord Chalryl incluso se desmayó cuando le informaron de los nuevos daños —añadió, aunque esta vez tuvo que morderse el labio inf












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