Mi íncubo desobediente
Sin pensarlo dos veces, le soltó un puñetazo que impactó de lleno en la cara a Diego.
Solté un grito de sorpresa, pero no hice nada para detenerlo.
En este mundo, bien se sabe que algunos íncubos callejeros, consumidos por el hambre, intentan seducir a las dueñas de otros.
Normalmente lo hacen a escondidas. Pero si los descubren, el íncubo de esa dueña suele estallar en cólera. Jamás lastiman a su ama, pero descargan toda su furia contra el descarado que intentó invadir su territorio.