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ผู้เขียน: Lallita Fehr
last update วันที่เผยแพร่: 2024-02-28 02:53:01

Aidan miraba a Mathias y a Hugo intentando controlar sus emociones. Sintió furia al darse cuenta de que intentaron engañarlo. Pero al mismo tiempo, le dieron una excelente oportunidad.

 

No se convirtió en el Alfa más poderoso simplemente haciendo muecas a la gente. Aidan sabía que era necesario ser más inteligente que sus oponentes. Calcular sus pasos para estar por delante de los demás.

 

No es que Mathias fuera gran cosa como líder. Era un alfa débil y tonto. Con una Luna más tonta que él, era un líder destinado al fracaso.

 

Desde el principio, los instintos de Aidan lo atrajeron hacia Isabelle. Pero por un tiempo estuvo dispuesto a llevar a Giselle y probar su compatibilidad. Pero los eventos de hoy hicieron eso innecesario. Giselle no era la hembra adecuada. Necesitaba llevar a Isabelle y descubrir a dónde lo llevaría esa atracción. Si ella demostraba ser como sus padres o como su hermana, él la devolvería inmediatamente.

 

— Espero que podamos resolver esto amigablemente. — Mathias sudaba a chorros, el cabello castaño pegado en su frente.

 

Acababa de contarle a Aidan una versión de la historia donde su estúpida esposa intentó comprometer a Aidan e Isabelle para que Giselle no se fuera.

 

Pero Aidan sabía que todos estaban involucrados. No sabía si Isabelle también estaba involucrada. Pero no tenía dudas sobre todos los demás.

 

— Tengo una propuesta. — Aidan miró a Mathias como un león a punto de comerse a un conejo.

 

———————-

Isabelle terminó su baño y tomó un vestido negro. El vestido de la fiesta estaba arruinado, y para ser honesta, la fiesta estaba arruinada.

 

Se puso el vestido negro corto y ajustado que realzaba su atractivo cuerpo. Se maquilló de nuevo y planeó simplemente saludar a los invitados y retirarse de la m*****a fiesta.

 

Cuando el Beta de la Bestia golpeó la puerta de su habitación, se sorprendió. Estaba preocupada por la reunión abajo, pero no esperaba ser invitada a participar.

 

Siguió a Laurent hasta la biblioteca, y cuando entró, sintió inmediatamente la mirada de Aidan sobre ella. Se quedó sin aliento al identificar la malicia en su expresión. Realmente apreció el vestido. Tener a un hombre tan peligroso mirándola así debería ser aterrador. Pero se sentía poderosa.

 

Apenas se sentó, su padre tomó su mano.

 

— Belle, el Alfa Aidan pide como compensación que cambies de lugar con Giselle y te vayas con él a la alcateia Luna de Sangre. Así se conocerán y si aceptas, se convertirán en compañeros.

 

¡Guau! Qué bomba.

 

El tono en el que su padre dijo eso dejó en claro el miedo que sentía por la bestia.

 

Isabelle pensó por un momento. La verdad es que la convivencia con Giselle sería de lo peor a partir de ahora. La hermana se había lanzado sobre su prometido e incluso había intentado un estúpido golpe para separarlos a los dos. Sabía que su madre había participado en el plan.

 

De cualquier manera, ya no se casaría con Hugo. Y entonces ya no sería Luna de la alcateia.

 

No había nada más para Isabelle en la alcateia Guerreiros Noturnos. Y ella quería más. La bestia era aterradora, pero al mismo tiempo muy atractiva. Además, si no quería quedarse con él, podría volver.

 

— Acepto.

 

Hugo la miró con odio y desprecio.

 

— ¿Quieres irte con él? — el ex prometido preguntó.

 

— Él no tiene un asunto con mi hermana, Hugo. — Isabelle se sintió injustamente tratada por su reacción.

 

— Giselle será una Luna mucho mejor que tú. Al menos ella no es tan voluble. Ella sabe lo que quiere.

 

— Sé lo que quiero, Hugo. Quería ser Luna, pero ahora sé que no quiero ser tu Luna. No vale la pena el sacrificio.

 

La sonrisa furtiva de Aidan no pasó desapercibida para Isabelle. Se estaba divirtiendo con la humillación de Hugo.

 

— Si el acuerdo está hecho, organizaré todo para nuestra partida temprano mañana, Alfa Aidan. — Laurent dijo y esperó la autorización del jefe.

 

— Por mí, podemos partir hoy mismo. — Isabelle anunció. — Ya no tengo nada más que hacer aquí.

Después de hoy, no quería ver a Hugo, Giselle o Amelie por un buen tiempo.

 

——————

 

 

Mientras guardaba sus cosas en la maleta, Isabelle se esforzaba por contener las lágrimas. Su madre y su hermana ni siquiera habían aparecido para pedir disculpas. Ella era la víctima, pero su familia actuaba como si ella fuera la culpable de todo. Deberían estar felices, después de todo, estaban libres de ella incluso con el plan fallando. Giselle tendría a Hugo, sería la Luna de la Alcateia. Al igual que la abuela Florine, al igual que Amelie. Y como Isabelle. Debería haber sido.

 

Isabelle não sabía lo que el futuro le deparaba y esperaba no haber tomado una mala decisión. No sabía nada sobre el monstruo, pero sentía que era su mejor opción en ese momento. Irse con él era todo lo que le quedaba para intentar salvar su dignidad. No quería estar por debajo de su hermana en la manada. Quería su propio espacio y quería marcar la diferencia. Además, el Monstruo la atraía. No sentía miedo de él, sino curiosidad.

 

La puerta de la habitación se abrió y Belle esperó que alguien de los Corbyn estuviera allí, pero fue Rachel quien entró. Al ver a su amiga, su corazón se apretó. Con toda la confusión, ni siquiera había tenido tiempo de hablar con ella. Rachel y Belle eran amigas desde la infancia. A pesar de todos los intentos de Giselle por separarlas, eso nunca sucedió.

 

— No puedo creer que te estés yendo en lugar de Giselle. — Rachel empezó a llorar. — ¡Es tan injusto!

 

— Mi familia prefiere así. — Belle percibió el resentimiento en sus propias palabras. — Pero lo que más me hará falta serás tú.

 

Rachel abrazó a Isabelle con fuerza, las lágrimas corriendo por su rostro. Las amigas de la infancia, ahora separadas por un destino inesperado. Isabelle, con el corazón apretado, intentaba contener sus propias lágrimas. Su familia la había abandonado, prefiriendo a Giselle en su lugar.

 

— Pero lo que más me hará falta serás tú. — Isabelle confesó, su voz entrecortada por la emoción. Rachel era su única amiga verdadera, siempre presente, a pesar de los intentos de Giselle de sabotear sus amistades.

 

— No mereces esto, Belle. — Rachel sollozó. — Giselle siempre te envidió, siempre quiso destruirte. Y ahora, por culpa de su ambición, te estás yendo.

 

— No sé cómo serán las cosas. — Isabelle dijo, intentando mantenerse fuerte. — Pero sé que no puedo quedarme aquí. Necesito encontrar mi propio camino, mi propio lugar.

 

Rachel secó sus lágrimas y miró a Isabelle con determinación.

 

— Te echaré de menos, amiga. Pero sé que serás feliz. Eres fuerte, inteligente y valiente. Conquistarás el mundo.

 

Isabelle sonrió, una sonrisa triste y agradecida.

 

— Gracias, Rachel. Siempre has creído en mí, incluso cuando yo misma no lo hacía. Eres la mejor amiga que alguien podría pedir.

 

Las dos amigas se abrazaron una última vez antes de que Isabelle bajara y se despidiera de la manada que la había traicionado.

 

No había nadie para decir adiós. Solo Amelie y Mathias la esperaban, junto con Aidan y Laurent.

 

— Sabes, querida. — Su madre se justificó al darle un abrazo débil. — No queremos arruinar la fiesta con despedidas. Eso le quitaría toda la alegría.

 

Isabelle sabía que sus padres solo querían mitigar los daños. Ese intercambio absurdo no pasaría desapercibido. Probablemente la pareja Corbyn inventaría alguna excusa y la culparía a ella.

 

— Realmente lo siento mucho, cariño. — Su padre dijo al despedirse. — Espero que seas muy feliz en la Alcateia Lua de Sangue.

 

Isabelle no dijo nada. Ser sacrificada para salvar a los Corbyn superaba sus peores expectativas sobre su familia.

 

Les dio la espalda y se fue sin decir una palabra. Aidan y Laurent la siguieron.

 

El rugido del motor del Range Rover negro rompió el silencio de la madrugada. Isabelle apretó el cinturón de seguridad, observando las luces de la alcateia Guerreiros da Noite alejándose en el espejo retrovisor. Una mezcla de emociones revolvía su interior: tristeza por dejar a Rachel, ira por la traición de su familia y un miedo y una expectativa mixtos por el futuro incierto junto al Alfa Aidan.

 

A su lado, Aidan conducía con una mano, la otra descansando en la consola central. El silencio era ensordecedor, solo interrumpido por el sonido de la música baja que emanaba del sistema de sonido del coche. Isabelle observaba su perfil imponente, la mandíbula tensa, los ojos fijos en la carretera. El cabello rubio largo, la barba y el cuerpo fuerte. Era una figura poderosa, intimidante, y la aura de peligro que lo rodeaba era innegable. Pero también era increíblemente atractivo.

 

— Entonces, Isabelle, cuéntame un poco sobre ti.

 

Su voz era grave, ronca, con un tono que le erizó la piel. Isabelle dudó por un momento, buscando las palabras adecuadas.

 

— No hay mucho que decir. – Comenzó ella, con voz vacilante. – Soy la primogénita del Alfa Mathias y la Luna Amelie. Siempre he estado dedicada a mis deberes en la alcateia, entrenando para convertirme en una guerrera fuerte. Entrenada para ser Luna. Pero al final, fui expulsada de mi propia manada.

 

— ¿Y qué esperas del futuro? – Preguntó Aidan, con sus penetrantes ojos fijos en ella.

 

— No nací para ser una inútil, Alfa Aidan. Espero que mi esfuerzo sea reconocido. Espero que mis cualidades sean valoradas. Y si llego a ser tu compañera, espero ser la Luna.

 

Aidan le dio una sonrisa de lado. Esa chica era realmente ambiciosa. Y a él le gustaban las personas ambiciosas.

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