FAZER LOGIN*—Nathan:
Nunca pensó que estaría regresando a aquel lugar en su vida.
Se bajó de su todoterreno del último modelo y caminó hacia aquella casa que tantos recuerdos le traía. No tenía nada que buscar en dicho lugar. Sus familiares ya no vivían allí pues se habían mudado todos juntos a una ciudad más próspera hace varios años.
Sonrió. Bueno, no es que quisiese decir que aquel lugar no era próspero, pero no se podía comparar a la gran ciudad donde había hecho su hogar por casi 10 años con aquel pueblo donde estaba ahora mismo.
Abrió la puerta de la casa y entró. Aunque la casa había sido habitada por una familia diferente, aún conservaba el olor de antes, a canela y manzana, como los pasteles que hacía su madre. Quizás solo era su mente evocando el olor.
Una triste sonrisa surcó sus labios mientras rememoraba esos viejos tiempos.
Dejó de recordar los viejos tiempos y cerró la puerta para luego tomar su maleta de viaje y moverla para dejarla al lado de un sofá. Nathan Rivers extendió los brazos al aire. Se sentía cansado. Había conducido hacia allí en un viaje de 7 horas y su cuerpo le estaba pasando factura ya. Debería dar un recorrido por la casa antes de irse a la cama.
Nathan se tomó su tiempo recorriendo su vieja casa y recordando en cada esquina buenos momentos vividos allí. Lo que más ayudaba era que un viejo amigo restaurado había sido la persona que había amueblado la casa luego de que los antiguos inquilinos se mudaron. Con las fotos que Nathan le había hecho llegar al mismo, este había hecho un trabajo magnífico encontrando muebles parecidos a los que se usaron cuando vivía aún allí. Incluso, llámenlo mentiroso, pero la había dejado casi igual, solo unos pequeños detalles insignificantes daban la diferencia que solo su familia y él notaría.
Luego de recorrer su viejo hogar, decidió sentarse al fin en el mullido sofá de su sala. Extendió sus largas piernas cubiertas por el pantalón del traje formal de color negro que llevaba ese día. Estaba hecho polvo. Ese viaje de 7 horas al pueblo lo había matado y solo lo había hecho porque deseaba llegar a este esa noche.
Bueno, sumándole a esto, tampoco había querido pasar una noche más bajó el mismo techo de su esposa. Hizo una mueca. La casa que había compartido con su ex esposa. Así sonaba mejor.
Cerró los ojos y se preguntó a sí mismo.
¿Qué había estado pensando antes?
¿Dónde había tenido la cabeza?
Espera, aun mejor, ¿había pensado con la cabeza correcta?
Una ronca risa salió de su ser.
No, no había pensado con la cabeza sobre su cuello, más bien con la cabeza que estaba en el medio de sus pantalones.
Es que cualquiera con dos dedos de frente se hubiera dado cuenta de lo arpía que había sido, o, mejor dicho, que era su ex esposa.
Stephanie Márquez había sido toda una diosa, un ángel del cielo cuando la conoció en sus años universitarios. Si, había sido todo un ángel, solo que era como Lucifer, un ángel caído.
¿Cómo no lo había venido venir? Había estado tan ciego, había estado tan… ¿enamorado? No, se dijo que aquello había sido un encaprichamiento, sólo había sido una forma de olvidar viejos amores. Tanto así que se dejó llevar por unos largos años hasta que terminó casado con ella.
Lo que no entendía es que, como él, un hombre tan inteligente, se había dejado cegar y no había visto el monstruo que era su ex esposa. Stephanie era una mujer interesada que solo le importaba el dinero y que solo se había acercado a él en la universidad con la intención de vivir una vida buena.
Movió la cabeza e intentó despejar sus pensamientos. Había venido a este pueblo a olvidar a Stephanie, de la cual se había librado por fin esta mañana al resultar su divorcio al fin efectivo. Ni bien le comunicaron esa gran noticia, Nathan puso en marcha sus planes, tomó sus maletas y su auto y condujo hasta allí.
Sabía que mañana la prensa estaría loca con la noticia del divorcio de ambos. No le importaba. Esos chismes dudaban que llegaran a este lado del mundo tan alejado y tranquilo. Era el mejor sitio para ocultarse y relajarse hasta que las aguas se calmaran. Además de ello, podría disfrutar de las pascuas en este pintoresco lugar.
Había sido una buena decisión.
Nathan soltó un suspiro y se puso de pie.
Pensar en su ex esposa le quitó el cansancio y el sueño. Además, si se dormía ahora, estaría soñando con ella por haber pensado en la misma recientemente. Era mejor que aclarara sus pensamientos dando una vuelta por el pueblo. De todos modos, debería comprar cena para esta noche.
Agarró la maleta y la llevó al segundo piso para no dejarla allí en su sala. Entró al cuarto principal que antes había sido el de sus padres y que ahora iba a ser suyo mientras estuviera allí. Dejó la maleta sobre la cama con dosel para buscar ropa más cómoda en esta, ya que tenía este traje desde tempranas horas.
Retiró de su cuerpo el traje hecho a su medida y de una buena marca y decidió colocarse un jersey oscuro y unos vaqueros que habían visto otro color, pero eran tan cómodos que Nathan, aun con el dinero que tenía, no quería deshacerse de estos. Se calzó unas botas para la nieve y luego se colocó el mismo abrigo de cachemir de antes.
Cuando estuvo listo, bajó y salió de la casa.
El viento frío de la época le golpeó la cara y se arrepintió de no ponerse un gorro, pero no iba a regresar sobre sus pies. Comenzó su caminata por aquel pueblo lleno de recuerdos.
Los recuerdos iban y venían. Recuerdos como su primer beso, su primer partido, sus salidas nocturnas, saltaron en su mente. Se detuvo frente a una cafetería, la cual frecuentó durante sus años de juventud. Oh sí, recordaba esas tardes con su grupo de amigos en aquella cafetería.
Nathan se acercó por el cristal para mirar dentro del lugar. Era increíble como la fachada seguía siendo igual que hacía diez años. Aunque bueno, era muy raro que en pueblos pequeños los sitios cambiarán. La urbanización llegaba poco a poco a estos lugares.
Una sonrisa apareció en su rostro. Si pudiera, Nathan se encargaría de reformar aquel lugar, pero éste perdería su toque pintoresco y era mejor dejarlo así. Además, le traía buenos recuerdos y si eso era él, estaba seguro que otros que ya vivían allí se sentían igual.
Siguió caminando por los lugares que había frecuentado en un tiempo atrás, incluso llegó a un área donde habían vivido la mayoría de sus viejos amigos. Aunque a algunas casas le habían hecho algunos arreglos todas seguían igual que antes. El sentimiento de añoranza seguía creciendo dentro de él.
En su momento no había querido irse del pueblo, pues dejaba atrás a sus amigos y a personas importantes para él, pero por su porvenir había sido lo mejor. Solo que quizás debió de regresar al menos alguna vez. La verdad es que habían pasado diez años desde que se fue y no había vuelto a poner un pie hasta ese entonces. Había estado muy ocupado.
Continuó con su caminata hasta que escuchó como alguien se quejaba del universo en voz alta. Era una voz femenina. Nathan rápidamente buscó el lugar de donde esta venia. Era una mujer luchando con su auto. Se acercó para ver mejor y verificar si podía ofrecerle su ayuda, pero mientras se acercaba, notó que dicha mujer se le parecía muy conocida, demasiado diría él.
La mujer cayó al suelo de un momento a otro y Nathan se asustó, por lo cual saltó hacia ella para ayudarla, pero vio cómo en unos segundos la mujer se levantaba y comenzaba a sacudirse la nieve de su ropa mientras volvía a quejarse de todo.
—¿Estás herida? —preguntó Nathan acercándose más y vio cómo, dándole la espalda, la mujer negaba con la cabeza.
Su cabello, el cual era de un rico y brillante rubio-fresa, se movió ante la acción y Nathan se dijo que ya no había distinción. Era ella y su corazón latió rápidamente al reconocerla. Perdió su control al recordar, como si fuera en cámara lenta, los bellos momentos que vivió junto a aquella mujer aparecieron en su mente.
Era su ex novia Rosemary Hamilton.
*—Rosemary: Eran cerca de las doce de la madrugada cuando regresaban a su apartamento. Nathan había llamado a un chofer para que los llevara, pues al final terminó bebiendo alcohol y no había querido conducir, aunque la cantidad ingerida haya sido mínima, por lo cual, de camino a casa, estuvieron sentados en el asiento trasero acurrucados y tomados de la mano. Rosemary no dejaba de pensar en la última pregunta de la señora Rivers y en lo que esto significaba para ellos. Había cierta información, cierta relevación que tenía que sacar a colación esa noche. Lo había retrasado por mucho tiempo, pero sentía que este debía de ser el día en que por fin lo sacara de su ser. Nathan se merecía saberlo más que cualquiera, pues era su pareja y la persona con la cual pasaría el resto de su vida si Dios se lo permitía. Se propuso hablar de ello cuando estuvieran en casa, pero ni bien la puerta de la entrada de cerró a sus espaldas, Nathan la tomó e
*—Rosemary: La boca de Rosemary volvió a caer mientras veía a su amado frente a ella pidiéndole matrimonio. Oh. Dios. Mio. Se llevó rápidamente las manos a la boca, cubriéndosela y sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas. Sintió su corazón comenzar latir rápidamente y como su cuerpo empezaba a sudar. Nathan le estaba pidiendo matrimonio y esto era un sueño que deseo que se pudiera cumplir, pero que se había perdido dada las circunstancias y la rapidez de su relación. Aunque antes había dicho que era todo muy rápido, viéndolo sobre una de sus rodillas frente a ella, extendiendo un hermoso y perfecto anillo y sonriendo tan hermosamente le hacía olvidarse de las palabras dichas hace un breve momento. Esto era muy diferente a lo que había pensado. —¿M-me estas pidiendo matrimonio? —le preguntó Rosemary aun sin creérselo. —No lo había hecho formal hasta este entonces porque quería darte tiempo, pero… —su vista se volvió hac
*—Rosemary: Bajaron del todoterreno y con las manos entrelazadas, caminaron hacia dentro de la casa. Ni bien llegaron a la entrada, el mayordomo de la edificación, les abrió la puerta. Rosemary saludó animadamente al hombre que había visto la última vez que estuvo allí y este les dio la bienvenida. Elías, el mayordomo, los guió hasta un enorme salón, en el cual estaban ya sentados los miembros de la familia Rivers. Varios pares de ojos de distintos colores se fijaron en ellos ni bien entraron. Rosemary se sintió cohibida. Esta atención era demasiada y no sabía porque se sentía así, ya había pasado por esto aquella vez que Nathan la trajo cuando Rosemary visitó por primera vez Los Ángeles. ¿Qué había cambiado? La madre de Nathan, Jane, saltó de felicidad del sofá donde había estado sentada junto a su esposo Frederick, para ir hacia ellos. Literalmente arrancó a Rosemary de los brazos de Nathan y la llenó de besos. Rosemary debía de admitir que
*—Rosemary: Un año más tarde… Había pasado un mes desde que vino a la ciudad de los Ángeles a vivir ya fijamente con Nathan, pero un año desde que aceptó lo inevitable y eso había sido volver a ser feliz junto al hombre que siempre había amado. La navidad pasada, Nathan y Rosemary volvieron a encontrarse luego de diez años separados y con este encuentro, volviendo a nacer de las cenizas de su viejo amor. Este tenía ciertas cosas del pasado, pero a la misma vez era uno nuevo, con nuevas promesas y un gran futuro por venir. Habían pasado unos maravillosos días, pero al finalizar las fiestas, Nathan tuvo que regresar a su vida lejos de Seasons, con la diferencia de que la promesa hecha esta vez, era real. Y muy real. Como había predicho, Nathan volvió una semana después de irse y volvió la semana después de esa. Este volvió una vez más a final de enero y para San Valentín por igual. Rosemary sabía que el
*—Rosemary: Después de tanto tiempo, de tantos años en sufrimiento, Rosemary podía decir, a boca llena esta vez, que había pasado la mejor navidad de todas. Su vista se movió hacia la pulsera de rosas rojas que estaba alrededor de su muñeca, la cual le traía buenos recuerdos. Luego de que casi perdía a Nathan por estar de testadura y de miedosa, y fue a buscarlo a Springvalley, llorando porque lo había perdido y sorprendiéndose porque Nathan aún seguía allí, las cosas entre ellos habían mejorado. Habian regresado al pueblo y habían pasado el día de navidad juntos, en todo el sentido de la palabra. Ni bien cruzaron el umbral de la puerta de entrada de la casa de Rosemary, este la tomó entre sus brazos y la llevo al segundo piso para hacerla sentir viva nuevamente. No fue hasta la noche que salieron de la habitación para ir a cenar con Jessie y los demás, para festejar por su regreso y por los días venideros. Rosemary se había
*—Nathan: Escuchar a Rosemary decir con mucha decisión en su tono de voz que venia a recuperarlo, lo emocionó de sobremanera. No había esperado escuchar a su amada decir dichas palabras, era muy emocionante y quiso saltar por esta, pero se contuvo. No quería saltar hasta que escuchara las palabras correctamente, así que esperó por Rosemary. —Se que es loco, yo todavía no lo creo, pero desde que regresaste, has hecho que me replantee ciertas cosas en mi vida. Después de tanto tiempo, me hice tantas preguntas sobre mi futuro, preguntándome a mí misma si estaba bien la manera en la que vivía y si estaba siendo feliz con mis acciones —comenzó está diciendo y desvió la mirada lejos de la suya. Se veía muy tímida y eso la hacía linda. Antes Rosemary se había visto decidida, pero nunca tímida—. Sabes que odio la navidad, para mi esta época, desde hace diez años, siempre ha sido la peor. He perdido tantas cosas y ver a todos siendo felices a mi lado,







