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capitulo 2

Author: E.V.SELVA
last update publish date: 2026-04-16 01:32:03

Elora apenas había dormido tres horas. Cada vez que cerraba los ojos, sentía la presión de los dedos fríos de Alaric en su mandíbula y escuchaba su voz describiendo su corazón como un ruido molesto.

A las 5:55 AM, estaba frente a las puertas de la Torre Thorne. El edificio, un monolito de cristal y acero, parecía observar la ciudad con la misma arrogancia que su dueño. Elora subió al piso 50, preparándose mentalmente para otra batalla.

Cuando entró en la oficina, la encontró sumida en una penumbra artificial. Alaric estaba sentado tras su escritorio, revisando unos hologramas de datos financieros. No había café, no había restos de comida, ni siquiera una botella de agua. Nunca los había.

-Llegas a tiempo -dijo él sin levantar la vista. Su voz era más áspera de lo normal, como si no hubiera usado sus cuerdas vocales en toda la noche.

-No me daré el lujo de darle una razón para "castigarme", señor Thorne -respondió Elora con sarcasmo, dejando su bolso en su puesto de trabajo.

Pasaron las horas en un silencio tenso, roto solo por el tecleo de Elora y el zumbido del aire acondicionado. Sin embargo, algo estaba mal. Alaric se movía con una rigidez inusual. Sus ojos seguían cada movimiento de ella por la habitación, como un lobo calculando la distancia hacia su presa.

-Vance, tráeme el archivo físico del proyecto Legacy -ordenó él de repente. Su voz sonó como un rugido contenido.

Elora caminó hacia el estante detrás del escritorio de Alaric. Tuvo que inclinarse cerca de él para alcanzar la carpeta. En ese momento, un olor metálico y penetrante golpeó su nariz. No era perfume. Era algo más denso, algo que la hizo retroceder instintivamente.

-Señor... -Elora se detuvo. Alaric tenía la cabeza gacha, pero sus manos estaban aferradas a los bordes del escritorio de obsidiana con tanta fuerza que el material empezó a crujir. Literalmente, el mármol se estaba agrietando bajo sus dedos-. ¿Se encuentra bien?

-Aléjate, Elora -siseó él. Sus hombros temblaban.

-Está pálido, más de lo normal. Déjeme llamar a un médico o...

-¡He dicho que te alejes! -Alaric se puso de pie con una violencia súbita, derribando la silla.

Elora tropezó hacia atrás, pero su pie se enredó con el cable de una lámpara de pie, haciéndola caer al suelo. El impacto fue seco. Al intentar sostenerse, su mano rozó un borde afilado de la estantería y soltó un pequeño grito de dolor.

Un hilo de sangre roja y brillante brotó de su palma.

El silencio que siguió fue absoluto.

Elora miró su mano y luego levantó la vista hacia Alaric. Lo que vio la dejó paralizada por el terror.

Alaric no respiraba. Sus pupilas se habían expandido hasta borrar el color de sus ojos, convirtiéndolos en dos pozos negros de hambre pura. Sus labios se contrajeron, dejando ver unos colmillos que no estaban allí un segundo antes. El aire en la habitación descendió diez grados de golpe.

-Señor Thorne... Alaric... -susurró ella, retrocediendo por el suelo, olvidando el dolor de su mano.

Él no caminó; se deslizó por el espacio con una gracia depredadora. En un segundo, estaba arrodillado sobre ella, atrapándola entre sus brazos. Elora podía sentir el frío que emanaba de su cuerpo, como si estuviera frente a un bloque de hielo.

-Te dije que te fueras -gruñó él, su voz ahora era una distorsión monstruosa de la original-. Tu sangre... es un veneno. Un veneno que he estado tratando de ignorar desde el día en que entraste en esta oficina.

Alaric tomó la mano herida de Elora con una delicadeza aterradora. Sus dedos largos y fríos acariciaron la herida, manchándose con su sangre. Elora temblaba tan fuerte que sus dientes castañeaban, pero no podía apartar la mirada.

Él llevó los dedos manchados de rojo a sus propios labios y probó la sangre. Sus ojos se cerraron y un gemido bajo, casi un ronroneo de placer y agonía, escapó de su garganta.

-Dulce... -susurró contra la piel de la palma de Elora-. Malditamente dulce. Eres mi destino y mi ruina, pequeña humana.

Antes de que ella pudiera gritar, Alaric la levantó del suelo como si no pesara nada y la sentó sobre el escritorio de obsidiana, justo encima de las grietas que él mismo había provocado. Se colocó entre sus piernas, invadiendo su espacio de una manera tan íntima y brusca que Elora sintió que el mundo daba vueltas.

-¿Qué es usted? -logró articular ella, con la respiración entrecortada, sintiendo la dureza del cuerpo de él contra el suyo.

Alaric se inclinó, enterrando su rostro en el hueco del cuello de Elora. Ella sintió la punta de sus colmillos rozando su vena yugular.

-Soy el dueño de tu vida desde el momento en que naciste, Elora -dijo él, y por primera vez, no hubo frialdad en su voz, sino una obsesión ardiente-. Y hoy vas a aprender por qué nunca dejo que nadie toque lo que es mío.

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