MasukDiego se talla las sienes furioso.
Había caído en el truco más viejo de la historia.
Pero traga saliva recordando sus ojos dilatados.
El nerviosismo con cada caricia.
Cómo había susurrado que esta era su primera vez.
Cómo se sintió dentro de ella y…
Lanzó un golpe contra la madera de la mesa donde estaban los documentos que le expusieron la verdad. La información que estaba impresa en esas hojas eran las estrategias de los próximos seis meses.
— No puedo cambiarlo absolutamente todo, tendré que modificar pequeños detalles, susurra aún sin darse cuenta que seguía empapado y solo envuelto con la toalla en su cadera.
—Señor…— se presenta Rodrigo. Sorprendido por el desastre que veía en la habitación.
Copas arrojadas por todas partes, dos mesas en el suelo, una silla, para terminar en la mirada vacía de su jefe.
Esta no era una reacción común en él.
— Me dijiste que mi seudónimo era seguro.
— Sí, nadie en el hotel sabe su verdadero nombre.
— ¿Estás seguro?
Rodrigo traga saliva, se estaba poniendo nervioso, la mirada de su jefe indicaba solo una cosa, que algo de lo que decía era un error.
— Sí. Yo mismo me encargué de revisar cada uno de los perfiles.
— ¿Y por qué demonios alguien entró a mi habitación gritando que sabe la verdad? Y salió después de haber revisado los documentos de estrategias en los próximos seis meses.
Rodrigo abre los ojos.
— Pero hasta divulgamos un rumor sobre una identidad completamente distinta.
Diego agarra los documentos y los arruga hasta hacerlos una bola.
— Pues creo que no funcionó, ahora ve encuentra ¿quién demonios es la mujer que entró en esta habitación? Necesito saber cuál es su nombre. Quién la mandó y sobre todo. Cuál será el último día que respire.
Rodrigo toma su teléfono y comienza a rastrear las imágenes de seguridad.
Diego se queda solo, así que comienza a vestirse, pero se confunde ¿por qué los ojos color avellana de esa mujer no salían de su mente?
—Deja de pensar en mujeres siempre son un problema que pudo evitarse…
Cuando abrocha el botón del pantalón.
Tocan a la puerta.
Rodrigo entra.
Su mirada implacable y la tensión de sus hombros sólo le dice una cosa.
—No son buenas noticias. ¿Verdad? Ya suéltalo.
Rodrigo solo extiende su mano.
— ¿Es ella?
Diego toma la imagen con delicadeza y ahí se encuentra con una mujer cabello largo oscuro.
La pequeña cintura, el vestido negro entallado.
— Sí es ella.
— Busqué las cámaras pero en ningún momento sale que haya forzado su entrada a la…
—¿Te pregunté cómo entró?—Interrumpe Diego sintiéndose estúpido al ver a Rodrigo contener sus palabras..— Trágate todo lo que ibas a decir, es lo mejor para ti.
Rodrigo asiente.
Y Diego vuelve su mirada a la imagen de la mujer, se veía tan desinhibida, tan alegre, incluso un poco nerviosa.
Su mano se va hacia el rostro y lo acaricia.
Levanta la mirada para enfocarse en su guardia de seguridad.
— ¿Quién es ella?
— Lo lamento, señor. Ya la tenemos identificada, ella es…—El guardia se detiene.
— Me estás poniendo de malas… ¿quién es ella?
— Elena Lozano. — Las palabras salen como metralleta de Rodrigo.
La imagen parece quemar en la mano de Diego y sonríe con amargura.
Elena Lozano, hija de su mayor enemigo…
— Vete.
— Pero.
— Que te largues —ordena.
En cuanto escuchó la puerta cerrarse, Diego suelta la imagen sobre la cama.
Se había acostado y había entregado cada una de sus estrategias a la única mujer que había jurado jamás tocar en su vida.
La hija de un maldito traidor.
— La voy a encontrar y pagará por lo que hizo.
En la mansión Lozano.
Elena respira profundo.
— Vamos, tú puedes, es el momento perfecto para hablar con él.
Habían pasado más de doce horas y Tomás no se había acercado a ella pero había llegado el momento.
— Tomás… Tomás.— Susurra ella llegando a la cochera.
— Elena ¿qué necesitas?
Las manos de ella comienzan a sudar, pero algo dentro de sí le grita que tiene que enfrentar de una vez por todas la verdad.
— Se que ayer discutimos pero necesito que hablemos de lo que pasó ayer.
Tomás se ríe acomoda sus manos en el cinturón del pantalón y se acerca con una sonrisa.
— Ayer no discutimos.— La corrige.— Solo traté de hacerte sentir mejor.
— Tal vez si hablamos con mi papá y le explicamos él no se moleste y…
— No, el error de ayer no voy a volver a cometerlo Elena. No quiero que vuelvas a hablarme en privado. Incluso no quiero que vuelvas a buscarme de ninguna otra manera que no sea por algo relacionado con tu padre.
El pecho de Elena se hace pequeño.
— Pero lo que pasó ayer y lo que…— Elena no recuerda casi nada pero debía intentarlo. — Yo sé que terminamos bruscamente, que simplemente hui, pero...
— No hay peros, entiéndelo, lo de ayer fue un error y lo único que tenemos que hacer es olvidar que pasó.
Elena asiente, sonríe y pone su rostro gélido, el mismo de niñas caprichosas.
— Bien. No estoy dispuesta a cometer el mismo error dos veces.— Susurra.— Además no es como que seas muy bueno.
Ella se da media vuelta y sale de la cochera con el corazón en la garganta.
“Voy a probarle a todos estos hombres que tengo la capacidad de proteger el territorio. Lo único que tenía que hacer era investigar ¿dónde carajos se esconde Diego Montemayor?
Capítulo 41. Este día es solo para ti.Elena contuvo el aliento, exactamente una hora después Diego había tocado en la puerta de su habitación para entrar a ella.— ¿Por qué tan callada?Elena se giró para encontrarse con Diego con la mirada fija en el teléfono no había dejado de escribir en él, la había sorprendido con que ahora iría atrás con ella en un auto antibalas y enorme.—Es la primera vez que salgo de la mansión desde que llegué ahí.— Su mirada se desvió a la pantalla pero él la cubrió.Diego se concentró solo en ella y Elena se sintió pequeña casi indefensa ante ese hombre tan implacable.—Te lo dije, puedes ir a donde desees solo pídemelo o a Luna, él también puede organizarte protección…Ella asintió y miró cómo guardaba el teléfono en su saco.— ¿A dónde vamos?La voz de ella era más baja, más discreta, estaba tan inquieta ante la sensación que la recorría.¿Un auto blindado?Su compañía y atención.Era algo a lo que no estaba acostumbrada.‘¿Así se siente que te cuiden?
Capítulo 40. Tienes una hora.Nat revisó todas las conexiones de la habitación, posibles micrófonos o cámaras.Nada de lo que había visto en ese lugar era normal o común.Incluso el hombre que la había traído a la habitación parecía más peligroso de lo que dejaba ver a simple vista.Ella se mordió el labio.‘Feo no es, y tiene una actitud poderosa que me agrada’ Pensó dejándose caer a la cama.Sus ojos azules no salían de la cabeza de Nat, hasta que tocaron a la puerta.Ella se levantó y acomodó un poco sus chinos rebeldes… y acomodó sus shorts sus curvas jamás habían sido un impedimento para hacer caer a quien le interesaba.Abrió la puerta para encontrarse con Elena, ella sólo dio un paso a un costado y su amiga entró a la habitación como si hubiera visto un fantasma…—¿Qué tienes? ¿Qué pasó?Nat se puso con actitud combativa de inmediato.—Yo… yo lo lamento Nat, pero no tenía otra opción.Nat frunció las cejas, confundida.— ¿Por qué?La morena se sentó en la cama.—Necesitaba prob
Capítulo 39. Dime que si.Elena sentía que cada uno de sus movimientos era una declaración de intenciones, esa habitación que había sido su resguardo y su tranquilidad, ahora él la tenía envuelta entre sus brazos.Sus labios buscaban con desesperación.Como si fuera la respuesta a todas sus preguntas y Elena quería serlo.Deseaba en el fondo de su ser no solo ser las respuestas sino la creadora de nuevas dudas, o deseos.Las manos de diego recorrieron su espalda hasta tomarla por las nalgas y levantarla en el aire.— ¡Agh!—Salió de entre los labios húmedos de Elena.Ambos abrieron los ojos, no se conocían, aunque algo dentro de cada uno gritaba que esto era lo que necesitaban…Ella apretó su agarre sobre los hombros de Diego.—Dime que si—suplicó Diego con los ojos dilatados y la respiración agitada.— ¿Qué?Elena tenía la vista borrosa ciertos aguijonazos se concentraban en sus brazos y piernas avanzando como una corriente hacia su centro.Diego apretó las quijadas se notaba que
Capítulo 38. Ya lo eres...Diego contuvo su instinto de acercarse a Elena hasta quedar a solo unos cuantos pasos…—Estás segura…— Diego por favor… No permitas que ellas tengan el control.— La voz de Ángela estaba en ese lugar cerrando la tensión entre todos.— Ángela silencio…—diego se concentró en Elena en su mirada firme y decidida y después de eso escuchó las voces de los miembros de su equipo.—Señor no considero que confiar la seguridad de toda la flota para…— ¿No consideras?—La voz de Diego interrumpió a ese hombre que se atrevió a hablar.— No deberíamos confiar en una mujer desconocida…Diego se giró hacia Ángela, ella había pasado el rumor torcido de algo que no existía.Y Ángela desvió la mirada aceptando su culpa en silencio…Diego encendió los micrófonos.—Tengo entendido que el jefe de todo soy yo y si no quieren confiar en una mujer desconocida tienen la obligación de confiar en la mujer que elegí para ser mi compañera y la señora Montemayor…Los jadeos se escucharon s
Capítulo 37. Tenemos la coartada.Elena estaba en la entrada de la mansión a un lado de Diego solo con respirar fuerte podía sentir su cercanía.Ella había insistido en que Natalia no podía resolverlo todo a distancia. Los ataques se movían demasiado rápido y necesitaba que alguien organizara datos en tiempo real junto a ella. Diego había aceptado con una condición: Luna revisaría cada cosa que Natalia trajera antes de dejarla cruzar la entrada.— Te estás equivocando.—Ángela no necesito que me digas cosas innecesarias.Ella se quedó detrás de ellos en las escaleras.Mientras Elena sentía que no podía sonreír más. A lo lejos se iba levantando una nube de polvo anunciando la llegada de alguien con bastante rapidez.Cuando un auto deportivo completamente negro llego a ellos Diego cubrió a Elena para que no sintiera el polvo rodearla con fuerza.Cuando Diego la cubrió del polvo, Elena quedó pegada a su pecho. Su cuerpo reaccionó antes que su razón; recordó la cercanía de él, la noche q
Capítulo 36. Ella solo juega con intuición.Elena sintió las miradas de todos los que estaban presentes incluso del guardia que siempre se mantenía con actitud imparcial.Sus manos temblaban con nerviosismo.‘El tiempo está en contra, si no consigo ayuda de Nat nada de lo que intente hacer tendrá la fuerza necesaria, no puedo hacerlo sola’ Pensaba desesperada.El lugar enorme aunque forrado de pantallas con los rostros de los capitanes quienes se movían de un lado a otro la hacía sentir extraña…Así no se manejaban las cosas en la mansión Lozano, todo era un orden sutil en el que se daban ideas sin importar lo que dijera nadie…Siempre se sobreponían las ideas de Samuel, su padre.— Esto es increíble.— Comenzó Ángela con una risa amarga llena de incredulidad — Diego entiéndelo ella lo que quiere es tener gente de la suya dentro de estas paredes… quiere separarnos, volvernos débiles desde dentro.Ángela se acercó a Diego quien estaba en silencio.—Diego solo dime ¿qué piensas? Necesi







