Mag-log inDiego Montemayor, un hombre temido desde las sombras hasta bajo los rayos del sol, rompe la frágil paz entre familias secuestrando al único heredero de la familia Lozano, sus peores enemigos. Elena Lozano es sacrificada como moneda de paz pero antes de entregarla, su padre da una última orden: descubrir el punto débil de Diego y entregárselo, a cambio ella podrá tener entre sus brazos a su hijo recién nacido del que no conoce el padre. ¿Qué gana Diego iniciando una guerra? Ella fue enviada para destruirlo. Él hará cualquier cosa para conservarla a su lado. ¿Por qué el hombre más peligroso del país sigue salvando a la mujer que debería destruir?
view moreElena abre la puerta de la reunión de capitanes de su padre, y todos guardan silencio, ninguno la quería ahí, mucho menos que presenciara la reunión completa.
Pero no podía quedarse más tiempo fuera de todo esto, ella también era una Lozano e iba a estar en la reunión como tal…
— Vaya la pequeña Elena creció… — Susurró un hombre de más de cincuenta años.
Ella ignora el comentario burlón y avanza hasta sentarse a un costado de donde está la silla de su padre.
— Quiere jugar a que manda.— Susurra otro aunque es claro su intento por hacerla sentir mal.
Todos se miran relajándose al tenerla presente.
Había prestado atención a conversaciones que muchos en la sala no recordarían pero solo le confirmaban una cosa, estaban equivocados y no lo sabían, pero ella sí, y lo probaría.
En eso todos guardan silencio y frente a ellos llegó Samuel Lozano, el ambiente cambió y todos se tensaron acomodándose en sus sillas.
El líder de toda la organización, un hombre hecho a sí mismo y sobre todo, que creció a base de la desesperación de los demás…
Sus pasos son como anuncio de su llegada.
Elena traga saliva y mantiene la mirada hacia el frente.
Samuel se sienta en su silla y la ignora, como si hubiera una presencia invisible y eso le duele.
— Necesitamos revisar las filtraciones de las rutas del sur con el dinero ya lavado.
Los camiones trasladaban cargamentos de efectivo ya limpio con más de un millón de pesos cada uno.
Samuel suspira discretamente y se talla los dientes con la lengua, desviando la mirada hacia una silla vacía a su lado izquierdo.
La maldita silla seguía vacía.
Esa misma silla que Bruno Lozano el primogénito y heredero del imperio debía utilizar para mostrar su compromiso hacia sus capitanes, estaba vacía.
— Es imposible reubicar a cada uno de los miembros de la policía, siempre los están intercambiando y sobre todo los que ya tenemos comprados en ocasiones no pueden cumplir con sus encomiendas.
— Entonces necesitamos comprar a los más altos rangos, los gatos siempre se pueden mover con un poco de croquetas…—Declara Samuel con desprecio.
Elena guarda silencio observando que varios de los capitanes se miraban con discreción y Elena abre la boca para intervenir pero las puertas se abren en ese momento.
Todos se giran para encontrarse con Bruno Lozano acomodando el cuello de su camisa, vestido impecable y con el olor de su perfume favorito e importado inundando el lugar.
— Lamento llegar tarde pero… hay una necesidad innata en mí en siempre verme perfecto.
Elena pone los ojos en blanco.
Nadie le dice nada y esperan a que él se siente con total calma en su silla de siempre.
— Bueno pueden continuar…—dice Samuel apretando las quijadas por la rabia que siente al ver a su hijo sin un gramo de sentido de puntualidad.
El hombre que había comenzado con su discurso carraspea y continúa.
— Necesitamos encontrar los motivos de filtración en el área sur se han perdido varios cargamentos de efectivo…
—Son los malditos Montemayor…— Susurra Bruno volteando el rostro hacia todos los demás — Siempre son ellos… Deberíamos establecer quién es el más fuerte de los dos.
— Entonces quieres iniciar una guerra sin pruebas reales que ellos son los responsables… Sería perder muchas vidas innecesariamente.— responde Elena sin poder mantenerse en silencio un segundo más.— No podemos olvidarnos que no son camiones al azar sino que solo atacan a los que llevan efectivo, en áreas sin cámaras, no es una casualidad, debemos saber por dónde se filtra la información…
Bruno jadea sorprendido.
—Hermanita hasta ahora me doy cuenta que estas aquí, este es un día de traer a tu niña al trabajo ¿o algo así?
Pequeñas risas se distribuyen discretas por toda la mesa.
— Yo también soy una Lozano, tengo derecho de estar aquí, además tengo...
— Bueno dejemos esto de lado…— Interviene Samuel.— Necesitamos ideas más realistas, si el maldito de Diego Montemayor es responsable yo mismo voy a despellejarlo vivo.
— Padre no es necesario sobornar a niveles mayores, estamos en un nivel más alto que eso…
— ¿Me estas llamando estúpido?— escupió Samuel con la cara roja.
— No padre pero estudié unos patrones que…— susurros sutiles de todos los capitanes hacen que la piel de Elena se erice, pero no va a detenerse.—debemos garantizar la lealtad de los que ya son miembros de nuestra organización, reorganizar las rutas, cambiar horarios y mantener la información a cuentagotas, y mantenerlo así desde los capitanes hasta conductores.
El ruido de un impacto en la mesa la silencia, Samuel Lozano había golpeado con sus puños para hacerla callar.
— No creas que lo sabes todo, ¿estudiaste patrones? Debiste ser costurera entonces y no creer que puedes con algo más difícil que unas cuántas fotografías… esta es una reunión de hombres, y solo nosotros podemos hablar.
Elena siente que una corriente caliente recorre su cuerpo su mirada se desvía hacia Tomás Ochoa, capitán de movimientos, pero él desvía la mirada.
Pero ella habla en automático.
— No es casualidad que varios cargamentos fueran robados, exclusivamente de efectivo. ¿Cómo lo supieron? ¿Cómo adivinaron que no llevaban herramientas, carteles o latas de pinturas? Varios de los establecimientos están en remodelación y…
Bruno suspira ruidosamente para atraer la atención…
— ¿Crees que un Montemayor sería un riesgo? Pondremos una trampa— Responde Bruno sonriendo complacido— con el efectivo necesario para atraerlos. Después sabremos quién es el traidor dependiendo de cuál camión quieran interceptar y le metemos un plomazo entre ceja y ceja.
Elena se acerca a su hermano.
— Diego Montemayor no actúa por instinto…
— Él es el hijo de papi, está a cargo porque su padre es un viejo decrépito, a Diego le gustan más sus casinos y vicios… ¿no te has enterado? no sale de un burdel que él mismo controla en el centro de la ciudad.—Bruno habla con tono de hablar con una niña.
Elena se aprieta tanto las manos que se hace unas pequeñas heridas en las palmas.
— Así debe ser, mantenerlos vigilados, sobre todo a ese que se cree mucho solo porque ha tenido suerte el último tiempo…— response Samuel.— Pero tu plan es interesante incluso hasta divertido.
Elena tensa sus quijadas y mira cómo todos asienten menos Tomás, el único en quien confiaba.
Samuel continúa levantando la voz dándole la razón a Bruno y los capitanes incluso se acercan hasta que la hacen retroceder del lugar en el que estaba.
Ella los observa y da un paso hacia atrás, después otro…
Ellos eran los encargados de proteger a la familia, pero estaban ciegos con la respuesta ante sus ojos, Samuel Lozano solo reconocía a quien llevaba resultados.
Bueno, ella los llevaría y se los restregaría a todos en la cara.
“Sé que soy mejor que mi hermano para ser jefa de familia y me encargaré de hacerlo posible, sin importar quién no esté de mi lado.”
Bruno tenía el apoyo de su padre, el apellido, los aplausos… pero ella conseguiría algo que no podría robar: los resultados.
El primer paso, saber por qué su hermano se esforzaba tanto por culpar a Diego Montemayor frente a todos.
No había pedido pruebas, ni reportes, como si ya supiera qué debía decir incluso antes de pisar la sala.
Tomás Ochoa conocía cada ruta del sur y tendría que darle respuestas.
Capítulo 40. Tienes una hora.Nat revisó todas las conexiones de la habitación, posibles micrófonos o cámaras.Nada de lo que había visto en ese lugar era normal o común.Incluso el hombre que la había traído a la habitación parecía más peligroso de lo que dejaba ver a simple vista.Ella se mordió el labio.‘Feo no es, y tiene una actitud poderosa que me agrada’ Pensó dejándose caer a la cama.Sus ojos azules no salían de la cabeza de Nat, hasta que tocaron a la puerta.Ella se levantó y acomodó un poco sus chinos rebeldes… y acomodó sus shorts sus curvas jamás habían sido un impedimento para hacer caer a quien le interesaba.Abrió la puerta para encontrarse con Elena, ella sólo dio un paso a un costado y su amiga entró a la habitación como si hubiera visto un fantasma…—¿Qué tienes? ¿Qué pasó?Nat se puso con actitud combativa de inmediato.—Yo… yo lo lamento Nat, pero no tenía otra opción.Nat frunció las cejas, confundida.— ¿Por qué?La morena se sentó en la cama.—Necesitaba prob
Capítulo 39. Dime que si.Elena sentía que cada uno de sus movimientos era una declaración de intenciones, esa habitación que había sido su resguardo y su tranquilidad, ahora él la tenía envuelta entre sus brazos.Sus labios buscaban con desesperación.Como si fuera la respuesta a todas sus preguntas y Elena quería serlo.Deseaba en el fondo de su ser no solo ser las respuestas sino la creadora de nuevas dudas, o deseos.Las manos de diego recorrieron su espalda hasta tomarla por las nalgas y levantarla en el aire.— ¡Agh!—Salió de entre los labios húmedos de Elena.Ambos abrieron los ojos, no se conocían, aunque algo dentro de cada uno gritaba que esto era lo que necesitaban…Ella apretó su agarre sobre los hombros de Diego.—Dime que si—suplicó Diego con los ojos dilatados y la respiración agitada.— ¿Qué?Elena tenía la vista borrosa ciertos aguijonazos se concentraban en sus brazos y piernas avanzando como una corriente hacia su centro.Diego apretó las quijadas se notaba que
Capítulo 38. Ya lo eres...Diego contuvo su instinto de acercarse a Elena hasta quedar a solo unos cuantos pasos…—Estás segura…— Diego por favor… No permitas que ellas tengan el control.— La voz de Ángela estaba en ese lugar cerrando la tensión entre todos.— Ángela silencio…—diego se concentró en Elena en su mirada firme y decidida y después de eso escuchó las voces de los miembros de su equipo.—Señor no considero que confiar la seguridad de toda la flota para…— ¿No consideras?—La voz de Diego interrumpió a ese hombre que se atrevió a hablar.— No deberíamos confiar en una mujer desconocida…Diego se giró hacia Ángela, ella había pasado el rumor torcido de algo que no existía.Y Ángela desvió la mirada aceptando su culpa en silencio…Diego encendió los micrófonos.—Tengo entendido que el jefe de todo soy yo y si no quieren confiar en una mujer desconocida tienen la obligación de confiar en la mujer que elegí para ser mi compañera y la señora Montemayor…Los jadeos se escucharon s
Capítulo 37. Tenemos la coartada.Elena estaba en la entrada de la mansión a un lado de Diego solo con respirar fuerte podía sentir su cercanía.Ella había insistido en que Natalia no podía resolverlo todo a distancia. Los ataques se movían demasiado rápido y necesitaba que alguien organizara datos en tiempo real junto a ella. Diego había aceptado con una condición: Luna revisaría cada cosa que Natalia trajera antes de dejarla cruzar la entrada.— Te estás equivocando.—Ángela no necesito que me digas cosas innecesarias.Ella se quedó detrás de ellos en las escaleras.Mientras Elena sentía que no podía sonreír más. A lo lejos se iba levantando una nube de polvo anunciando la llegada de alguien con bastante rapidez.Cuando un auto deportivo completamente negro llego a ellos Diego cubrió a Elena para que no sintiera el polvo rodearla con fuerza.Cuando Diego la cubrió del polvo, Elena quedó pegada a su pecho. Su cuerpo reaccionó antes que su razón; recordó la cercanía de él, la noche q












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Rebyu