INICIAR SESIÓN—Solo dime qué debo hacer para que cambies de opinión. Haré lo que sea para arreglar las cosas. Por favor... no me dejes. No destruyas lo nuestro.
—¿Podrías dejar de interrumpirme cada vez que hablo? —gruñó Kayden.
Aria se estremeció ante la dureza de su voz.
Jamás había escuchado a su esposo hablarle de esa manera.
Aquellas palabras le atravesaron el corazón, pero se negó a retroceder.
Era Jayden.
Su Jayden.
Fuera cual fuera la tormenta que lo estuviera consumiendo, ella la enfrentaría junto a él.
Tenía que hacerlo.
Impulsada por la desesperación y el amor, lo abrazó con más fuerza por la espalda, pegando su cuerpo al de él.
Levantó la vista y lo miró con aquellos grandes ojos brillantes por las lágrimas.
Luego, muy despacio, se humedeció los labios de forma seductora, tal como había leído una vez en aquellos artículos nocturnos que prometían "reavivar la chispa" del matrimonio.
La respiración de Kayden se entrecortó.
Las suaves curvas de Aria se amoldaban a su cuerpo, mientras el delicado aroma a lavanda mezclado con el cálido perfume de su piel lo envolvía como una droga irresistible.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
La garganta se le secó.
Un calor abrasador recorrió cada rincón de su cuerpo, despertando una parte de sí mismo que había creído muerta hacía mucho tiempo.
Creía odiarla.
Creía que ni siquiera soportaba respirar el mismo aire que ella después de todo lo que le había hecho años atrás...
Después de destruir el futuro que él había imaginado ingenuamente cuando ella eligió a su hermano gemelo.
Entonces...
¿Por qué reaccionaba de esa manera ante su contacto?
¿Por qué cada caricia y cada provocación hacían que su propio cuerpo lo traicionara mientras el odio seguía ardiendo en su pecho?
¿Por qué ella?
¿Y por qué ahora?
—Lárgate —espetó con una voz que no admitía discusión.
—Por favor... no me rechaces —susurró Aria mientras nuevas lágrimas inundaban sus ojos—. No puedo soportarlo, cariño. Hazme el amor como antes... o como tú quieras. Soy tuya. Solo... no me eches de esta habitación.
Algo cambió dentro de Kayden.
Un aura helada emanó de él.
Su mirada se volvió oscura.
Peligrosa.
La de un depredador acechando a una presa herida.
Los celos y la posesividad rugieron con fuerza en su interior.
Debía ser mía.
Solo mía.
No de Jayden.
De nadie más.
Y, sin embargo...
Allí estaba ella.
Ofreciéndose a él con tanta entrega, convencida de que estaba frente a su hermano.
Cuanto más revivía el pasado, más crecía la rabia que llevaba años enterrando.
Hasta que algo terminó por romperse en su interior.
Volvió a desear aquello que creía haber olvidado para siempre.
Volvió a anhelar todo lo que alguna vez había soñado tener y que había encerrado en el rincón más oscuro de su corazón.
Estaba cansado de ser el maldito.
El que siempre se quedaba atrás.
El sustituto.
El reemplazo.
Ahora quería ser el protagonista de su propia historia.
Ya no estaba dispuesto a seguir viviendo en las sombras.
Pero, por encima de todo...
La quería a ella.
Quería verla suplicarle.
Quería escucharla gritar mientras se retorcía debajo de él.
Lo quería todo.
—Está bien.
Aquellas dos palabras fueron tan frías como el acero.
El alivio iluminó el rostro de Aria como el de alguien que logra salir a la superficie después de haber estado a punto de ahogarse.
—Gracias, amor... —susurró.
Se puso de puntillas para besarlo.
Pero la mirada glacial que él le lanzó la dejó completamente inmóvil.
Con el corazón desbocado, cambió de dirección en el último instante y depositó un beso débil y tembloroso sobre su barbilla.
—Me obedecerás —ordenó Kayden con voz baja y autoritaria—. No harás nada sin mi permiso. ¿Entendido?
Aria asintió de inmediato, tragando saliva.
—Sí... lo entiendo.
Intentó convencerse de que aquel comportamiento solo era consecuencia del dolor de Jayden.
Quizá estaba bajo demasiada presión.
Quizá su familia lo había manipulado una vez más.
Después de una noche de reconciliación, todo volvería a ser como antes.
Siempre había sido así.
—Más vale que no te arrepientas después —advirtió Kayden con expresión impasible.
Entonces, sin el menor atisbo de calidez, dio la siguiente orden.
—Quítate la ropa.
Aquellas palabras cayeron sobre Aria como un trueno.
Su cuerpo se tensó al instante, mientras una leve inquietud se instalaba en su estómago.
Su voz...
Sonaba distinta.
Más fría.
Más distante.
Pero apartó rápidamente aquella duda.
Esta noche le pasa algo.
Solo complácelo.
Mañana, cuando se haya calmado, podrán hablar de los papeles del divorcio.
—Sí... —se dijo en voz baja—. Esta noche... solo déjate llevar.
Al ver que tardaba demasiado en reaccionar, Kayden esbozó una sonrisa cargada de desprecio.
—¿No entiendes una orden tan simple? Si no quieres hacerlo, lárgate. No me hagas perder el tiempo.
—¡No... espera! Sí quiero...
Con manos temblorosas buscó la cremallera de su vestido.
El suave sonido al deslizarse pareció resonar por toda la silenciosa suite.
El vestido blanco resbaló lentamente por sus hombros hasta caer a sus pies.
Permaneció unos segundos inmóvil.
Después, volvió a llevar las manos hacia la espalda.
Desabrochó el sujetador y lo dejó caer al suelo.
El rubor cubrió sus mejillas.
Jamás se había sentido tan vulnerable delante de él.
Normalmente todo ocurría entre sábanas suaves, con las luces tenues y las tiernas palabras de Jayden tranquilizándola.
Aquella noche era diferente.
Había algo...
Peligroso.
Respiró hondo antes de deslizar lentamente la última prenda que llevaba puesta.
Cuando terminó, permaneció inmóvil frente a él.
Sus manos parecían no saber dónde colocarse.
Cambió varias veces el peso de un pie al otro, hundiendo ligeramente los dedos en la alfombra, incapaz de ocultar su timidez.
Kayden la recorrió con la mirada.
Cada detalle de ella quedó grabado en sus ojos.
Era... deslumbrante.
Aun así, obligó a su rostro a permanecer completamente inexpresivo mientras reprimía el deseo que amenazaba con traicionarlo.
Está fingiendo.
Todo esto es para Jayden.
Se acercó lentamente hasta quedar frente a ella.
—Arrodíllate.
Aria obedeció sin oponer resistencia.
Se arrodilló lentamente mientras su corazón latía con fuerza contra su pecho.
Desde esa posición, solo podía ver sus impecables zapatos de cuero y el elegante pantalón de su traje.
—Desabróchame el cinturón —ordenó Kayden con voz ronca—. Y demuéstrame lo bien que sabes obedecer.
65Al otro lado de la línea, Jayden arrojó furiosamente el teléfono contra la pared, haciendo que la pantalla se agrietara y el aparato se rompiera en varios pedazos.—¡Maldito seas, Kayden! —maldijo.‘¿De qué se sentía tan seguro? Aria es su esposa y nada hará que la deje ir. Si antes pudo arrebatarle a Aria a Kayden, podría hacerlo de nuevo. ¡Aria debía pertenecerle a él!’Había llegado el momento de hacer todo lo necesario para sacar a Kayden de en medio.**Flashback, tres años atrás…**Jayden llevaba un tiempo siguiendo a la novia de apariencia sencilla de su hermano, después de darse cuenta de lo importante que era para Kayden.Desde niño, a Jayden siempre le había gustado ser el centro de atención. Había estudiado en las mejores escuelas, vestido con la mejor ropa, tenido los mejores tutores y estado siempre rodeado de amigos pertenecientes a la élite.Kayden, en cambio, había sido enviado a un internado fuera de la ciudad y apenas veía a su familia. El internado al que asistía
64Corporación Hunt, 8:00 p. m.…Kayden estaba sentado detrás de su escritorio revisando unos documentos importantes cuando su teléfono comenzó a vibrar. El sonido del teléfono resultaba especialmente estridente mientras se deslizaba por la superficie lisa del escritorio.Kayden detuvo sus movimientos y dirigió la mirada hacia el teléfono. El nombre de Jayden parpadeaba en la pantalla.Un brillo indescriptible cruzó fugazmente sus ojos antes de tomar el teléfono y deslizar el dedo por la pantalla para contestar.—Hola, hermano —la voz emocionada de Jayden llegó desde el otro lado de la línea. Era evidente por su tono que estaba de muy buen humor.—¿Qué quieres? —preguntó Kayden directamente. No estaba de humor para entretener a su hermano.Después de descubrir que los recuerdos de Ariana habían sido manipulados, ya era un milagro que no hubiera ido al hospital para darle una paliza a Jayden.La única razón por la que se había contenido y no había actuado siguiendo sus impulsos era que
63 La primera vez que Aria confundió a Kayden con Jayden y estuvo con él, creyó que estaba teniendo relaciones con su esposo, así que ni siquiera pensó en protegerse contra un posible embarazo. La verdad era que, durante su primer año de matrimonio, le habían diagnosticado P.O.I., una afección que afectaba sus ovarios y tenía un impacto negativo en la producción de óvulos. Aunque el médico le había asegurado que tomar la medicación con regularidad y mejorar su alimentación le permitirían quedar embarazada con el tiempo, después de estar casada con Jayden durante tres años sin recibir buenas noticias, Aria había terminado por darse por vencida al ver que su menstruación llegaba puntualmente todos los meses durante los últimos tres años. Por eso conocía perfectamente la fecha de su período. Incluso recordaba el día exacto en que había terminado su última menstruación: había sido exactamente ocho días antes de su encuentro con Kayden. ‘¿Y ahora el médico le estaba diciendo que,
62Filadelfia… Hace unas dos horas…En una zona apartada de la ciudad, donde solo había unas pocas villas y que se encontraba bastante alejada del centro urbano, se alzaba una enorme mansión rodeada por una extensa área boscosa. Varios guardias patrullaban constantemente el perímetro.La atmósfera era inquietantemente tranquila, hasta el punto de hacer que la gente evitara aquel lugar de manera inconsciente, pues transmitía una sensación de terror.En el piso superior, dentro de una habitación tenuemente iluminada, podía distinguirse la silueta difusa de un hombre en medio de la oscuridad. Lo único visible eran las volutas de humo y la punta roja de su cigarro encendido. Estaba de espaldas a la puerta, con la mirada perdida en la oscuridad.Un suave golpeteo en la puerta hizo que el hombre se moviera ligeramente.Después de lo que pareció una eternidad, se apartó lentamente de la oscuridad, dejando al descubierto un rostro cautivador y atractivo.No parecía joven. No, ni mucho menos.
61—Señor, creo que alguien más también está vigilando a la señora. Vi a algunas personas extrañas siguiéndola, pero logré despistarlas cuando intentaron tenderme una trampa —informó James, y la mandíbula de Jayden se tensó.—¡Kayden, maldito bastardo! ¿Crees que por poner gente alrededor de ella vas a conseguir tenerla? ¡Sigue soñando! —gruñó Jayden.Para él, Kayden era el único capaz de llegar tan lejos por Aria.—No te preocupes. Aun así, deja que nuestros hombres vigilen en secreto todos sus movimientos. Deben mantener la distancia y actuar con discreción —ordenó Jayden.—Lo haré de inmediato, jefe —respondió James antes de disculparse y salir para cumplir su tarea.Ya podía darse cuenta de que su jefe estaba de un humor de perros. Lo mejor sería dejarlo solo.En lugar de tomar un taxi de regreso al hospital, Aria decidió tomar el autobús. Encontró un asiento en la parte trasera, se apoyó contra el respaldo y cerró los ojos, perdiéndose en sus pensamientos.‘¿Qué es la confianza?
60Aria asomó la cabeza desde entre los brazos de Jordan y lo miró como si fuera un extraterrestre antes de zafarse de su abrazo, incómoda por la manera tan íntima en que la estaba tratando.Sabía que habían sido hermanos muy unidos desde pequeños, pero ahora eran adultos y debía existir cierta distancia entre ellos, antes de que algunas personas malintencionadas pudieran malinterpretarlo.—Jordan, ¿por qué estás actuando tan extraño hoy? —preguntó Aria, y añadió—. Sabes qué, no voy a insistir en el asunto de que hayas abandonado la universidad, pero estoy bien en la familia Hunt. De verdad. Así que, ¿podrías dejar de aconsejarme que me divorcie?—¿Confías en tu esposo? —preguntó Jordan de repente.Aria frunció el ceño.‘¿Qué se supone que debía decir? Ella y Jayden habían pertenecido a mundos diferentes desde el principio, así que era inevitable que hubiera ciertas inseguridades, desconfianza y situaciones complicadas entre ellos, pero intentaba no permitir que esas cosas se interpus







