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POV AdánEl alta médica llegó como un golpe de realidad que tardé unos segundos en procesar.Richard cerró la carpeta clínica al pie de la cama con una sonrisa de satisfacción, anunciando lo que llevábamos esperando desde el primer segundo.—Bueno, familia. Si los niveles siguen así y la recuperación de la mamá va sobre ruedas... creo que hoy se van a casa.Sentí que el aire por fin volvía a mis pulmones con total libertad.Miré de inmediato hacia la cama. Victoria tenía a la niña en brazos, ya vestida con la ropita limpia que habíamos preparado, y sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y el mismo vértigo que yo sentía en las costillas.Durante los últimos dos días, mi mundo se había reducido exclusivamente a las paredes de esa habitación. Había aprendido a cambiar pañales con la precisión de una maquinaria militar, a sostener a la bebé contra mi pecho hasta que se quedaba dormida, y a ayudar a Victoria a levantarse al baño, ignorando el dolor punzante en su abdomen mientras sos
(POV Victoria)La oscuridad se desvaneció lentamente, reemplazada por un dolor sordo en el vientre y una sequedad atroz en la garganta.Abrí los ojos con muchísima pesadez, parpadeando contra la luz blanca de la habitación mientras el pitido de un monitor marcaba mi ritmo.—Agua... —logré raspar en un susurro apenas audible, con la boca completamente pegada.Una enfermera se acercó de inmediato al escucharme, ajustando la cama y acercando un vaso con un sorbete a mis labios resecos.—Despacio, toma con calma —me indicó con voz amable—. Llevas cuarenta y ocho horas inconsciente.Bebí con desesperación, sintiendo que el agua fresca me devolvía un poco la vida. Pero en cuanto el líquido calmó la garganta, la realidad me golpeó como un latigazo. Instintivamente, llevé una mano temblorosa hacia el vientre.Estaba plano. Suave. Vacío.El terror me heló la sangre. El corazón se me disparó en el pecho y las lágrimas brotaron de golpe, quemándome los ojos.—Mi bebé... —balbuceé, con la voz rot
POV AdánLo dejé tirado en el suelo del estacionamiento y regresé a zancadas hacia la entrada de urgencias. La rabia seguía quemándome las entrañas, pero en cuanto crucé las puertas automáticas y el olor a hospital me golpeó de nuevo, la furia se transformó en un nudo asfixiante en la garganta.Entré al área de maternidad como un alma en pena. Ninguna enfermera se atrevió a detenerme al ver mi expresión descompuesta. Me detuve frente a las puertas dobles de cristal esmerilado que conducían al quirófano, con la luz roja de "Cirugía en curso" encendida de forma permanente, clavándose en mis retinas como una sentencia.Resiste, Victoria. Por favor, resiste.Las horas pasaron como una eternidad líquida.Cada segundo que el reloj avanzaba era una apuesta con la muerte. Recordé su rostro pálido la última vez que la vi, la forma en que me miró antes de marcharse, y el peso de haberla dejado sola.Unos pasos apresurados resonaron en el pasillo. Levanté la vista de golpe.Richard salió del áre
POV: AdánDos meses.Dos malditos meses habían pasado desde la última vez que vi a Victoria. Sesenta días de forzarme a no buscarla, de tragarme el orgullo y convaciarme la cabeza con trabajo para no ir a buscarla a su departamento y arrastrarla de vuelta a mi vida.Durante ese tiempo, Rashell se había encargado de llenar los espacios públicos. Tengo que admitir que era eficiente: entendía el juego, sabía posar ante las cámaras y manejaba a los medios como la figura perfecta para potenciar mi marca. La prensa compraba la historia y los inversores sonreían.Pero entre nosotros no había nada.No me había acostado con ella ni una sola vez; la idea de tocarla me producía un desgano absoluto.Aun así, la mantenía cerca, a la distancia justa. Rashell era una pieza en mi tablero y sabía que, tarde o temprano, su presencia me serviría como el escudo o la carnada perfecta para mover mis siguientes cartas.Me encontraba en medio de la junta directiva más importante del trimestre. Los números de
VictoriaEl golpe de sus palabras me dejó sin aire, pero en lugar de quebrarme o rogarle, sentí que algo dentro de mí se apagaba de golpe. La furia ciega y el dolor se desvanecieron, dejando paso a una frialdad absoluta.Lo miré fijamente a los ojos, conteniendo el temblor de mis labios, y levanté la barbilla.—Qué bajo has caído, Adán —le susurré, con una calma que lo descolocó por completo.Apoyé las manos firmemente en su pecho desnudo y lo empujé hacia atrás, obligándolo a romper el espacio entre nosotros. Salí del baño con pasos decididos, atravesé la habitación y, sin dignarme a mirar atrás, me cambié la ropa con rapidez, quitándome de encima cualquier rastro de él.Cuando salí al pasillo del penthouse, Rashel seguía sentada en el sofá con una sonrisa triunfante pintada en el rostro. Me detuve frente a ella un segundo, la miré de arriba abajo con profunda lástima y solté el veneno con total claridad:—Todo tuyo. Se merecen el uno al otro.Sin esperar respuesta, caminé hacia la e
POV VictoriaEl portazo resonó en las paredes de la sala como un disparo, dejándome suspendida en el aire, con el eco de sus palabras golpeándome el pecho. El sonido de sus pasos desapareciendo por el pasillo fue la única respuesta que obtuve antes de que el silencio absoluto del penthouse se me cayera encima como una losa de plomo.Me quedé allí, de pie en medio de la sala, con la camisa de lino de Adán colgándome grande y los ojos ardiéndome por las lágrimas que seguían resbalando por mis mejillas. Mis manos temblaban.Las piernas me fallaron y me dejé caer pesadamente en el sofá, abrazando mi vientre abultadode manera instintiva, como si con ese gesto pudiera protegerme del desastre que acabábamos de provocar.Miré a mi alrededor: el espacio impersonal, lujoso, impecable, que no me pertenecía. El desayno servido en un plato con cariño para el, la ropa suya que llevaba puesta, el rastro de su olor impregnado en la tela y en mi piel.¿Qué diablos estaba haciendo?¿En qué momento habí







