Compartilhar

Capítulo 3. Pareja.

Autor: N.Mordon
last update Data de publicação: 2024-01-15 12:58:11

Peter Bennett.

Al escuchar su voz a través de los parlantes, hizo que me congelara en mi puesto, sin poder avanzar. Mi intención nunca fue asistir a la conferencia.

Es más, había desistido de ir, no por el tema en sí, sino que era más relevante mi reunión con el decano Smith, por lo tanto, jamás había esperado estar en el auditorio. Apolo, mi lobo, se agitó dentro de mi cabeza, exigiendo verla.

Necesitaba saber a quién pertenecía la melodiosa voz que hablaba, cuyo discurso estaba lleno sentencias ingeniosas y descubrimientos novedosos.

Dejé hablando solo al decano y me dirigí en piloto automático hacia el auditorio.

Me quedé en la puerta, observando a la pequeña figura detrás del podio.

Mi lobo saltaba en mi cabeza, absolutamente enloquecido aullando, —¡Pareja, pareja, pareja, mía, mía, mía! —dándome una gran jaqueca.

Nunca me casé, porque siempre creí que encontraría al amor de mi vida, algún día. No creí que, a mis treinta y seis años, la encontraría por las casualidades de la vida.

Aunque si me hizo peguntarme, ¿Por qué estaba dando un discurso a los humanos? ¿Trabajará con ellos?

Rápidamente, le pregunté al decano, —¿Quién es ella?

El decano la observó, y sonrió ampliamente. —Ella es la Dra. Emma Spencer. Es doctora en educación, especialista en innovación educativa. En los últimos años sus investigaciones se han centrado en la capacidad de los docentes para reinventarse en la entrega de conocimientos a los niños.

Continuó hablando aún más sobre ella—. Trabaja activamente en el ministerio de educación y sus cátedras en la universidad tratan de eso. Debe visitarla en alguna clase, ya que siempre están llenas de alumnos. Es extremadamente popular entre los estudiantes.

Asentí en silencio, encantado de saber que mi pareja era una eminencia en educación, eso quería decir, que sería una formidable Luna.

Me quedo en silencio escuchando su discurso. Apolo no dejó de mirarla, absolutamente maravillado.

Cuando estuvo a punto de terminar, me moví hacia la salida para que me reconociera.

Mi pulso se había acelerado con la anticipación de poder estrecharla entre mis brazos.

Terminó su discurso y la observé como bajó del escenario, usando una falda azul hasta su rodilla, revelando sus piernas tonificadas, sus caderas curvas, su trasero redondo, y una blusa blanca abierta hasta su abundante pecho, haciendo que un suave gruñido se me escapara.

Usaba zapatos altos que la estilizaban aún más.

Su pelo castaño rizado que caía hasta debajo de sus hombros, sus ojos azules, los cuales brillaban de la emoción, su nariz perfilada, su tez blanca aterciopelada y sus labios rojos carnosos, los cuales rogaban por ser besados.

Apolo solo quería reclamarla aquí y ahora.

Usé toda la fuerza de voluntad existente en mi para poder controlar mis impetuosas ganas de reclamarla.

La saludé cortésmente, con ganas de estrecharla contra mí, esperando a que me reconociera, poder llevarla a casa, pero ella solo se limita a mirarme y agradecer mi cumplido. ¿Qué estaba pasando?

—Peter, ¡no nos reconoció! —dijo Apolo, completamente conmocionado.

Luego ella dijo que tenía una hija.

Mi mirada se oscureció y me totalmente ensimismado. Como era posible que después de esperarla por tanto tiempo, ella tuviera una hija, sin mí.

—No nos esperó, —dijo Apolo, aullando de dolor.

Cuando salimos de nuestro estado de shock, nos dimos cuenta de que ella ya no estaba.

—¡Sigue su olor! —gruñí.

Rápidamente captamos la maravillosa esencia de vainilla y fresas que sobresalía de la multitud, la cual se dirigía al estacionamiento.

Alcanzamos a ver que se subió a su auto, y me molestó inmediatamente que condujera un carro tan inseguro.

Le golpeé la ventana y enseguida observé que está enojada por haberla seguido.

Me preguntó si se me había perdido algo y solo tenía tantas ganas de gritarle que ¡tú eres lo que he perdido!

Atrevidamente le pregunté si estaba dispuesta a hacer algo por mí… Sabía que no debía hacerlo, puesto que no nos conocemos…pero no pude aguantar.

Ella me respondió muy molesta que no estaba para eso. Honestamente cualquier mujer con un poco de auto respeto, me hubiera abofeteado.

—Deja de molestarla, Peter y pregúntale si está casada.

Hago lo que me pidió Apolo y su respuesta me despedazó.

—Peter, ella no sabe de lo que estás hablando porque no percibo a su loba.

Fruncí el ceño y le pregunté: —¿Cómo rayos sabes entonces que es nuestra pareja?

—Porque su olor no miente, Peter. Ella es nuestra… ¡Lo sé! Pero es extraño… No percibo su lob…  Hay algo en ella, en su olor que me dice que no es tampoco solo humana. Pregúntale la edad de su hija.

Hice lo que Apolo me pidió, y vimos como nuestra hermosa pareja arrugó el ceño y nos cortó de inmediato.

Como si fuera una hembra protectora de su cachorra, la vemos irse a toda velocidad, indignada.

—Algo anda terriblemente mal, Peter. No percibo a su loba, pero huele como una y mi intuición me hace pensar que ha sido criada como una humana. Sin su loba, no puede reconocernos como su pareja y ni siquiera entiende a que nos referimos.

Pensé por un momento en silencio. —Tienes razón Apolo. Nuestra hermosa, inteligente y temperamental pareja, es más de lo que pretende ser.

Con todo eso en mente, llamé a mi beta William por enlace mental. —¿Qué sucede? —me respondió a penas unos segundos después.

—William, necesito que hagas una investigación completa sobre la Dra. Emma Spencer, profesora de la universidad de Stanford. Envíame los datos lo antes posible.

—En seguida, Peter. ¿Algo más?

—Sí, averigua su número telefónico. Envíalo a mi celular.

—De inmediato. Permanece atento. —Con eso, cerré la conexión.

Me devolví a mi auto, completamente intrigado por los acontecimientos desarrollados.

Mi pareja la cual era absolutamente asombrosa, sin embargo, no sabía quién era y lo más probable es que no pudiera reconocerme.

Llegué al auto, me subí a él cuándo el decano me golpeó la ventana. ¡Carajo! Resoplé mientras bajé el vidrio. —¿Sucede algo decano?

—Sí, Sr. Bennett. No pudimos tener nuestra reunión. —¡Por un demonio! Maldigo en mi cabeza a lo que Apolo responde, —Por un demonio, así es. Sácatelo de encima… ¡Ahora!

Estaba a segundos de perder la paciencia —Reagendaremos. Espere a que mi asistente se contacte con usted. Que tenga un buen día. —Sin esperar su respuesta, subí el vidrio, encendí el motor y salí de ahí.

Observé por el retrovisor y vi a mis hombres incorporarse en el trayecto.

Luego de eso el sonido de un mensaje entrante interrumpió mis pensamientos.

Prendí la radio para poder escucharlo. —Peter, el número telefónico de la Dra. Spencer. —Excelente.

Es por ello por lo que conservaba a William aquí… Era un excelente beta y un gran amigo de la infancia.

Me detuve a un costado de la vía y la llamé.

Sonó dos veces y me contestó.

Le confesé que estaba sorprendido de escucharla. Ella no me reconoció en absoluto. Era completamente irritante todo esto, él saber que era tuya, pero no poder reclamarla.

Le dije quién era y solo percibí ira en ella.

Estaba extremadamente enfadada por haberla llamado sin que ella me diera su número y luego me dijo cosas de que solo por ser hombres, éramos así. ¿Qué carajos le pasaba?

—Algo le ocurrió, Peter. Ella no está bien.

Tomando en consideración lo que apolo dijo, le pregunté con toda la preocupación del mundo. —¿Se encuentra bien? ¿Hay algo en que la pueda ayudar?

Y solo con eso, la escuché llorar.

No había nada más desolador que escuchar a tu pareja llorar y no poder ayudarla, consolarla y contenerla.

Pero Apolo estaba lívido.

Quería ver sangre correr y obtener a toda costa la cabeza del culpable que hizo a nuestra pareja llorar.

Demandé que me dijera donde estaba, a lo que se negó. Rápidamente le escribí un mensaje a mi beta para que averiguara la ubicación de su celular.

Hizo la triangulación y un minuto después, me envió su ubicación en tiempo real.

Le dije que me esperara en la avenida, ya que me encontraba muy cerca de donde ella estaba. Y sin más, di la vuelta y conduje a toda velocidad a su encuentro.

Cuando llegué y abrí la puerta, escuché los gemidos de mi pequeña pareja. Me agaché para observar su bello rostro y vi sus ojos hinchados y rojos de tanto llorar.

Intento contener mi ira y le pregunté, de la forma más contenida que pude. —¿Qué pasó? ¿Quién fue capaz de hacerle daño?

Ella se cubrió el rostro, avergonzada de que la viera sufrir.

Le tomé su barbilla y las chispas me invadieron, enviando una deliciosa descarga eléctrica que viajó por todo mi cuerpo.

Emma tembló ante mi tacto y fui dolorosamente consciente de que podía sentirlas al igual que yo y que no era inmune a mí.

Sin pensarlo dos veces, le susurré, —Pareja.

Una ola de confusión se reflejó en su rostro y separándose abruptamente de mí, me interrogó.

—Al parecer, a nuestra pequeña pareja no le gusta mostrarse vulnerable. ¿Será una hembra alfa? —Preguntó Apolo.

Volqué mi atención hacia Emma, y le dije que la escoltaría a la casa… Error.

Gigante error.

Emma dio un grito desesperado, negándose.

—Te apuesto a que la basura de su marido algo le hizo. ¡Hay que buscar a ese mal nacido y despedazarlo! ¡Déjame romperle el cuello!

Ignoré el comentario, por razones obvias. Mi atención estaba en ella.

Después de un par de segundos, finalmente, accedió.

La pregunta que vino a continuación me dejó por un momento, pensando —¿por qué está aquí?

Y no me quedó más remedio que decirle la verdad… Era absurdo mentirle si quería que confiara en mí. Y tanto apolo como yo estábamos desesperados por lograr eso.

—Estoy aquí, Emma, porque soy incapaz de dejarte tranquila.

Aunque ella me quisiera lejos, no podía… nunca podría.

Ella era mía y haría todo lo que estuviera en mi poder para que me escogiera y se quedara conmigo.

Dado que no me respondió, decidí por ella:  la llevé a mi casa.

Sabía que podría calmarse estando conmigo y aunque ella no entendiera porque se sentía de esa forma estando cerca de mí, mi pareja necesitaba a alguien dominante a su lado.

Era perfecta para mí. ¡Lo sabía!

Cuando le dije donde íbamos, se asustó mucho… Cada una de sus reacciones nos hacían pensar que algo muy grave le sucedió.

—¿Ves que tengo razón? Ese hijo de puta algo le hizo a nuestra pareja. ¡Hay que despellejarlo vivo!

—No ayudas en nada, Apolo —. Me dije internamente.

Le aseguré a Emma que jamás haría nada que la metiera en problemas. Todo lo contrario, solo quería que estuviera segura y bien… Ella y su hija.

Con la confianza que se estaba desarrollando entre nosotros, me sentí con la seguridad necesaria para preguntarle, —¿qué fue lo que te hizo tu marido?

Se colocó sumamente nerviosa, sin saber cómo admitir que fue lo que sucedió.

Se tomó una pausa larga. Pero teníamos todo el tiempo para escucharla. Pero la información que podría proporcionarnos seria valiosa para saber cómo apoyarla.

—Lo acabo de ver cogiéndose a su secretaria, en mi casa —. Dijo Emma en un susurro.

Sin querer asustarla, un rugido salió de mi pecho, absolutamente cegado por la ira.

¿Por qué los seres humanos actuaban de esa forma con sus parejas?

¿Por qué descuidaban su vínculo, como si no valiera nada?

—Porque los seres humanos no han sido bendecidos por las Diosas. Para ellos, cualquier vinculo es desechable, cuando para nosotros no es una opción.

Me quedé en silencio

Emma se asustó por el gruñido y se alejó de mí.

—No, no, no te alejes, Emma. Perdón. No quise asustarte. Solo es que no puedo creer que tu marido prefiera a otra mujer que estar contigo. Eres demasiado buena para él.

Una suave capa rosa adornó sus mejillas y desvió la mirada al escucharme… Emma no sabía lo hermosa que era

Me bajé del auto y abrí su puerta.

Le ofrecí la mano para ayudarla a bajar, con la intención de volver a sentir esas chispas.

Ella aceptó y me deleité con las deliciosas chispas que recorrieron mi cuerpo.

Emma me miró con sus ojos muy abiertos, llenos de sorpresa y yo no pude dejar de sonreírle de vuelta, ya que era dolorosamente consciente de que estaba sintiendo exactamente lo mismo que yo.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Carina Lockmer meza
machista para variar
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • La Princesa Lycan Perdida.   Capítulo 88. Las marcas.

    Maddison Spencer – Bennett.El bosque no nos soltó de inmediato. Cuando la grieta del cielo se cerró a medias y la voz de Samara dejó de retumbar en las ramas, el claro siguió respirando con nosotros. Elijah no me soltó la mano. Vladimir tampoco. Alonso se quedó a mi izquierda, la palma abierta sobre mi espalda como si pudiera sostener el peso de lo que acababa de despertar. Santino y Sokaris no hablaron. Solo miraron el horizonte negro que se había abierto sobre las copas y luego me miraron a mí, como si ya supieran lo que yo todavía no me atrevía a decir en voz alta.El tirón no se fue. Se quedó. Más profundo que la marca de Vladimir, más antiguo que el vínculo de Alonso, más callado que cualquier promesa que hubiera hecho en el patio. Era el hilo entre la heredera y el primogénito, y ahora que el velo se había levantado, no pedía permiso. Pedía cierre.—No hay tiempo —dijo Kallie, baja, casi sin burla—. Las diosas están empujando. Lo siento en los huesos.Asentí por dentro. No hací

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 87. El Guardián del Umbral.

    Maddison Spencer – Bennett.La luz salió de mi pecho y cruzó el espacio hasta Elijah. No era dorada ni plateada. Era un destello brillante, que te enceguecía con solo mirar.Caí de rodillas mientras Vladimir dio dos pasos hacia atrás jadeando. Alonso soltó una exclamación y se llevó una mano al pecho. Santino retrocedió también. Sokaris alzó el rostro hacia las copas negras de los árboles.El vínculo predestinado acababa de despertar. No era el de Vladimir y yo. Era algo más antiguo. El velo que cubría el centro del bosque se levantó de golpe y una fuerza me atravesó desde la nuca hasta los talones. No fue dolor exactamente. Fue afirmación. Una parte de mí que había estado dormida desde antes de mi nacimiento abrió los ojos y miró directamente a Elijah.Lo sentí. El vínculo entre la heredera y el primogénito.No era solo un vínculo de pareja. No era solo una promesa romántica ni una orden para amar a alguien. Era una conexión de origen, una línea escrita antes de que pudiera elegir mi

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 86. ¡Eres tú!

    Maddison Spencer – Bennett.El espejo no reflejaba al grupo. Reflejaba el principio.Un niño de ojos dorados estaba de pie frente a tres figuras envueltas en luz lunar. Una de ellas le tendía las manos. Otra sostenía una espada. La tercera lloraba.El niño no era Vladimir… Era Sebastián.No… El nombre apareció dentro de mi cabeza con tanta fuerza que Kallie se estremeció. Elijah Saint Lorent.—¡Eres tú! —dije y no fue una pregunta.La frase salió de mi boca rota, pequeña, casi inútil frente al tamaño de lo que acababa de ver. Sebastián cerró los ojos. Durante un instante pareció que iba a negar la imagen, negar el nombre, negar incluso el bosque. Después dejó caer los hombros.—Sí.El espejo vibró. Vladimir dio un paso hacia mí, pero se detuvo antes de tocarme. Alonso se colocó a mi izquierda. No delante. Ya había aprendido que no necesitaba protegerme de todo lo que podía herirme; a veces solo tenía que permanecer allí mientras yo decidía si quería mirar.—¿Tú eres Elijah? —preguntó.

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 85. El bosque de los Espejos Rotos.

    Sebastián Lafallete.—¿Qué encontraron? —preguntó Maddison.Su voz salió más baja de lo que quería, pero no más débil. La furia seguía allí. Podía verla en la forma en que mantenía los hombros tensos, en la mano que Alonso todavía sujetaba con cuidado y en la manera en que evitaba mirar mi boca.No había olvidado el patio y yo tampoco.Vladimir giró ligeramente hacia mí. No necesitaba pronunciar una palabra. La orden estaba en sus ojos: habla. La lasca de piedra permanecía en el suelo, entre nosotros. El nombre raspado en su superficie parecía haberse oscurecido desde que entramos en la sala.Elijah.No había querido que mi nombre apareciera allí. No delante de ella. No mientras todavía podía fingir que Sebastián Lafallete era una identidad y no una costra levantada sobre una herida demasiado antigua.—Encontramos un camino —dije.Maddison frunció el ceño.—Eso no es lo que pregunté.—Es la única respuesta que puedo darte aquí.—Qué conveniente.La frase cayó entre nosotros con el mis

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 84. Furiosa.

    Maddison Spencer – Bennett.El rechazo no dolió como una bofetada. Dolió como una puerta que se cerraba cuando ya habías dado el paso. Todavía sentía sus manos en la cara. El pulso bajo sus pulgares. El centímetro de aire entre su boca y la mía, y después la risa... Baja, fea. Calculada.“Qué barato, princesa y qué predecible.”La frase seguía girando dentro de mi cabeza, golpeando siempre el mismo lugar. No era la primera vez que alguien intentaba herirme. Tampoco era la primera vez que alguien se burlaba de mí. Pero Sebastián no se había reído de mi furia, ni de mis amenazas, ni de mi forma de hablar cuando estaba asustada.Se había reído porque había sabido que iba a besarlo. Eso era lo que me quemaba.Había leído mi deseo como si fuera una página abierta. Había dejado que me acercara, había inclinado apenas la cabeza, había esperado a que cerrara los ojos y, justo cuando yo estaba a punto de olvidar todo lo que debía preguntarle, había convertido mi vulnerabilidad en un chiste.Sa

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 83. Ruinas del Norte.

    Sokaris.La muerte no tenía prisa y yo tampoco. Salimos por la puerta norte cuando el otro auto todavía no había doblado hacia el este. No había amanecido del todo, aunque la noche ya empezaba a perder profundidad. Vi a Vladimir subir sin mirar atrás.No necesitaba hacerlo. Su cuerpo entero estaba hecho de una negativa. La espalda rígida, las manos cerradas, la cabeza ligeramente inclinada como si llevara dentro una voz que no quería escuchar. Lafallete subió después al otro auto. Antes de entrar, miró una vez por el cristal. No fue una mirada larga, pero sí demasiado tranquila.Maddison se dio la vuelta antes de devolverle la mirada. Alonso quedó en la escalera con la mandíbula tensa. Santino, que estaba en el otro auto, lo observó por encima del hombro. Yo no necesitaba estudiar su rostro para saber lo que pensaba. Alonso parecía un hombre dispuesto a arrancarle el corazón a alguien, pero no sabía todavía a quién.Eso, más que la furia de ella me dijo que la noche anterior no había s

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status