Compartilhar

Capítulo 4. La verdad.

Autor: N.Mordon
last update Data de publicação: 2024-01-15 12:58:34

Emma Spencer.

Peter dijo que yo era muy buena para Alberto…

Por supuesto que sabía que era muy buena para Alberto y justamente era eso lo que me enojaba de esta situación. Que a pesar de todo lo que habíamos vivido, haya sido capaz de engañarme… ¡A mí!

Mi ego estaba espectacularmente herido.

Creí que sabía lo que hacía cuando decidí escogerlo como mi marido…

Creí que sería un buen padre para Maddie, pero no.

Me equivoqué tanto y por Dios… ¡Como odiaba equivocarme!

En el papel, él era el hombre indicado, pero la realidad, no podía ser más errada.

Suspiré, absolutamente derrotada…

Pero el que un hombre extraño haya sido capaz de verme, me hacía sonrojar como una quinceañera.

Se bajó del auto y me ofreció su mano, la cual acepté.

Y ahí estaban de nuevo: las chispas. Esa descarga eléctrica que comenzaba desde la nuca y me recorría hasta la punta de los pies.

Abrí mucho los ojos al sentirlo.

 ¿Él? Solo se limitó a sonreírme. Como si supiera lo que yo sentía.

¿Qué era esto?

¿Por qué este hombre me provocaba estas sensaciones, las cuales jamás había sentido con otro hombre?

¿Por qué sentía como si lo conociera desde hace años?

¿Por qué me sentía tan segura estando cerca de él?

Me quedé absorta con todas estas preguntas deambulando por mi cabeza, sin tener la menor certeza de cuánto tiempo había transcurrido, tomados de la mano, mirándonos, sin decir nada.

—¿Emma? ¿Un penique por tus pensamientos? —Salí de mi cabeza de inmediato.

Rápidamente le solté la mano, diciéndole, —lo siento. —En el minuto que me alejé de él, maldije mi actitud. Me sentí… sola y vacía.

Su sonrisa se desvaneció y en su mirada había decepción.

No pude evitar sentirme culpable.

Me aclaré la garganta, incómoda —¿Qué hacemos aquí?

Él suspiró—. Te traje aquí, ya que creí que necesitabas un refugio seguro donde poder quebrarte sin sentirte juzgada—. Miró la imponente mansión.

—Es mi casa —. Se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa.

—Aquí podrás estar todo el tiempo que quieras o que necesites. Creo que necesitas este tiempo a solas para poder decidir que harás y pensé que querrías calmarte antes de ver a tu hija.

Me dejó sin palabras.

¿Este hombre me demostró tanta preocupación y entendimiento por lo que me pasó, sin siquiera conocerme?

¡Por qué no llegó a mi vida antes!

Suspiré, absolutamente tocada por sus palabras.

Me llevé una mano al corazón y en un susurro solo pude decir, —gracias. —Sentí como las lágrimas salieron, nuevamente.

Su cara se quebró.

Se acercó a mí, me abrazó, y yo puse mi cabeza en su pecho.

—Por favor, no llores, querida. Detesto verte llorar. Se me rompe el corazón al verte en este estado.

Le dije entrecortado, —¿Por... por qué haces esto? ¡Ni siquiera me conoces!

—Eso es irrelevante, Emma. Eres una mujer que se acaba de enterar de que su marido le fue infiel. Yo sí entiendo lo que significa ser engañado. No hay nada de qué avergonzarse.

Colocó sus manos en mis hombros y me miró a los ojos—. Confía en mí, Emma. Estaré contigo siempre y te ayudaré en todo lo que necesites, te lo prometo. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que lo requieras. Podemos ir por tu hija también. Mi casa, es tu casa.

—No podría abusar así de tu hospitalidad, Peter. Has hecho tanto por mí en estos momentos que más lo he necesitado.

Él sonrió tiernamente mientras volvió a colocar sus enormes brazos alrededor de mi cuerpo, dando suaves palmaditas en mi espalda —y, aun así, siento que no estoy haciendo nada para ayudarte y que podría hacer más.

Me separé para verle la cara —¿Más?, ¿cómo qué?

Peter se rió y sus ojos brillaban entretenidos, —podría eliminar a tu marido, y hacer que luzca un accidente.

Me quedé en silencio por un momento, disfrutando de su cercanía y de su aroma— En realidad, eso no sería una mala idea.

Él se rió aún más fuerte.

Besó mi frente— Estoy de acuerdo. No es una mala idea.

Con esta conversación, aunque sabía que era absurda, no podía evitar fantasear en mil formas de que Alberto perdiera la cabeza.

—Lo que tu propones es más real. Yo quería incendiarle el auto.

Me encogí de hombros, mirándolo.

Levantó mi barbilla y con una ceja levantada dijo: —tus deseos son órdenes, querida. Solo tienes que dar la orden.

Fruncí el ceño ante la idea de que en verdad lo estuviera considerando… y, a decir verdad, yo también.

¿Qué demonios me pasaba?

Me solté de su agarre, incómoda.

Me aclaré la garganta y cambiando el tema simplemente pregunto: —¿me invitarás a pasar?

Una pausa… Más larga de lo que me hubiera gustado.

 —Sí, por aquí.

Subimos cinco escalones y caminamos hacia la entrada.

Cuando entramos, me quede mirando a mi alrededor, embobada. ¡El lugar era enorme!

Pensé por un momento de que, si me quedara aquí, constantemente me perdería. Me quedé congelada en la puerta sin avanzar, absolutamente intimidada por la opulencia del lugar.

Él se giró—¿Hay algo malo?

Cerré la boca, porque noté que la tenía abierta y me apresuré a decir, —no, es todo lo contrario, en realidad. No hay nada malo en este lugar.

—¿Y entonces?

Me mordí el labio inferior —es solo que no estoy acostumbrada a tanto lujo. Mi vida es bastante simple, ¿sabes?

—Hum… te hace sentir incomoda. —Me encogí de hombros.

—¿Hay algún lugar de la casa en donde te sientes segura?

Sin pensarlo dos veces, respondí: —sí, la cocina.

Él sonrió. —¿Pasas mucho tiempo en la cocina?

—No todo el tiempo que me gustaría—. Resoplé—. Para mí, cocinar, es terapia. Puedo ordenar mis pensamientos y puedo decidir qué hacer. A decir verdad, mis más grandes ideas han surgido en la cocina. También fue el lugar en donde Maddie dio sus primeros pasos.

—¿Maddie es el nombre de tu pequeña? —me preguntó, mientras me señaló que lo siguiera.

—Sí. Maddie es mi vida. Tiene cinco años y es… un torbellino de alegría.

Llegamos a la cocina y era espaciosa.

Observé maravillada alrededor, fantaseando con la cantidad de pasteles que hornearía.

Me senté en la silla mientras—¿Quieres algo? ¿Tienes sed? ¿Hambre?

—Solo un vaso con agua, gracias.

Él asintió en silencio mientras llenó un vaso con agua purificada.

Me la entregó y se sentó a mi lado —espero que no te moleste que te pregunte, pero ¿Cómo o por qué una mujer como tú terminó casada con un hombre como tu marido? Por favor, explícamelo, porque me muero por entenderlo.

Suspiré —el matrimonio con Alberto aún es controversial. Lo escogí porque era necesario.

Frunció el ceño. —¿Cómo puede ser necesario casarte con alguien? Eso me hace pensar que el amor no tuvo nada que ver en la ecuación.

Me rasqué el puente de mi nariz intentando ordenar mis ideas.

Nunca le había dicho a nadie la razón oculta tras el matrimonio con Alberto… Ni siquiera a mis padres.

Pero por alguna razón que desconocía, no podía ocultarle nada a Peter.

Sentí que si lo hiciera sería… deshonesto e incorrecto.

Cerré los ojos un momento.

—El amor no tuvo nada que ver con mi casamiento. Fue… una decisión de negocios, Peter… Fue un matrimonio por conveniencia.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • La Princesa Lycan Perdida.   Capítulo 88. Las marcas.

    Maddison Spencer – Bennett.El bosque no nos soltó de inmediato. Cuando la grieta del cielo se cerró a medias y la voz de Samara dejó de retumbar en las ramas, el claro siguió respirando con nosotros. Elijah no me soltó la mano. Vladimir tampoco. Alonso se quedó a mi izquierda, la palma abierta sobre mi espalda como si pudiera sostener el peso de lo que acababa de despertar. Santino y Sokaris no hablaron. Solo miraron el horizonte negro que se había abierto sobre las copas y luego me miraron a mí, como si ya supieran lo que yo todavía no me atrevía a decir en voz alta.El tirón no se fue. Se quedó. Más profundo que la marca de Vladimir, más antiguo que el vínculo de Alonso, más callado que cualquier promesa que hubiera hecho en el patio. Era el hilo entre la heredera y el primogénito, y ahora que el velo se había levantado, no pedía permiso. Pedía cierre.—No hay tiempo —dijo Kallie, baja, casi sin burla—. Las diosas están empujando. Lo siento en los huesos.Asentí por dentro. No hací

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 87. El Guardián del Umbral.

    Maddison Spencer – Bennett.La luz salió de mi pecho y cruzó el espacio hasta Elijah. No era dorada ni plateada. Era un destello brillante, que te enceguecía con solo mirar.Caí de rodillas mientras Vladimir dio dos pasos hacia atrás jadeando. Alonso soltó una exclamación y se llevó una mano al pecho. Santino retrocedió también. Sokaris alzó el rostro hacia las copas negras de los árboles.El vínculo predestinado acababa de despertar. No era el de Vladimir y yo. Era algo más antiguo. El velo que cubría el centro del bosque se levantó de golpe y una fuerza me atravesó desde la nuca hasta los talones. No fue dolor exactamente. Fue afirmación. Una parte de mí que había estado dormida desde antes de mi nacimiento abrió los ojos y miró directamente a Elijah.Lo sentí. El vínculo entre la heredera y el primogénito.No era solo un vínculo de pareja. No era solo una promesa romántica ni una orden para amar a alguien. Era una conexión de origen, una línea escrita antes de que pudiera elegir mi

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 86. ¡Eres tú!

    Maddison Spencer – Bennett.El espejo no reflejaba al grupo. Reflejaba el principio.Un niño de ojos dorados estaba de pie frente a tres figuras envueltas en luz lunar. Una de ellas le tendía las manos. Otra sostenía una espada. La tercera lloraba.El niño no era Vladimir… Era Sebastián.No… El nombre apareció dentro de mi cabeza con tanta fuerza que Kallie se estremeció. Elijah Saint Lorent.—¡Eres tú! —dije y no fue una pregunta.La frase salió de mi boca rota, pequeña, casi inútil frente al tamaño de lo que acababa de ver. Sebastián cerró los ojos. Durante un instante pareció que iba a negar la imagen, negar el nombre, negar incluso el bosque. Después dejó caer los hombros.—Sí.El espejo vibró. Vladimir dio un paso hacia mí, pero se detuvo antes de tocarme. Alonso se colocó a mi izquierda. No delante. Ya había aprendido que no necesitaba protegerme de todo lo que podía herirme; a veces solo tenía que permanecer allí mientras yo decidía si quería mirar.—¿Tú eres Elijah? —preguntó.

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 85. El bosque de los Espejos Rotos.

    Sebastián Lafallete.—¿Qué encontraron? —preguntó Maddison.Su voz salió más baja de lo que quería, pero no más débil. La furia seguía allí. Podía verla en la forma en que mantenía los hombros tensos, en la mano que Alonso todavía sujetaba con cuidado y en la manera en que evitaba mirar mi boca.No había olvidado el patio y yo tampoco.Vladimir giró ligeramente hacia mí. No necesitaba pronunciar una palabra. La orden estaba en sus ojos: habla. La lasca de piedra permanecía en el suelo, entre nosotros. El nombre raspado en su superficie parecía haberse oscurecido desde que entramos en la sala.Elijah.No había querido que mi nombre apareciera allí. No delante de ella. No mientras todavía podía fingir que Sebastián Lafallete era una identidad y no una costra levantada sobre una herida demasiado antigua.—Encontramos un camino —dije.Maddison frunció el ceño.—Eso no es lo que pregunté.—Es la única respuesta que puedo darte aquí.—Qué conveniente.La frase cayó entre nosotros con el mis

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 84. Furiosa.

    Maddison Spencer – Bennett.El rechazo no dolió como una bofetada. Dolió como una puerta que se cerraba cuando ya habías dado el paso. Todavía sentía sus manos en la cara. El pulso bajo sus pulgares. El centímetro de aire entre su boca y la mía, y después la risa... Baja, fea. Calculada.“Qué barato, princesa y qué predecible.”La frase seguía girando dentro de mi cabeza, golpeando siempre el mismo lugar. No era la primera vez que alguien intentaba herirme. Tampoco era la primera vez que alguien se burlaba de mí. Pero Sebastián no se había reído de mi furia, ni de mis amenazas, ni de mi forma de hablar cuando estaba asustada.Se había reído porque había sabido que iba a besarlo. Eso era lo que me quemaba.Había leído mi deseo como si fuera una página abierta. Había dejado que me acercara, había inclinado apenas la cabeza, había esperado a que cerrara los ojos y, justo cuando yo estaba a punto de olvidar todo lo que debía preguntarle, había convertido mi vulnerabilidad en un chiste.Sa

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 83. Ruinas del Norte.

    Sokaris.La muerte no tenía prisa y yo tampoco. Salimos por la puerta norte cuando el otro auto todavía no había doblado hacia el este. No había amanecido del todo, aunque la noche ya empezaba a perder profundidad. Vi a Vladimir subir sin mirar atrás.No necesitaba hacerlo. Su cuerpo entero estaba hecho de una negativa. La espalda rígida, las manos cerradas, la cabeza ligeramente inclinada como si llevara dentro una voz que no quería escuchar. Lafallete subió después al otro auto. Antes de entrar, miró una vez por el cristal. No fue una mirada larga, pero sí demasiado tranquila.Maddison se dio la vuelta antes de devolverle la mirada. Alonso quedó en la escalera con la mandíbula tensa. Santino, que estaba en el otro auto, lo observó por encima del hombro. Yo no necesitaba estudiar su rostro para saber lo que pensaba. Alonso parecía un hombre dispuesto a arrancarle el corazón a alguien, pero no sabía todavía a quién.Eso, más que la furia de ella me dijo que la noche anterior no había s

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status