INICIAR SESIÓNHola queridos lectores. Los capitulos los escribo dia por medio, después de terminar mi trabajo regular (7:00 - 17:00) Y en casa, me espera el trabajo de ser mamá de dos niños pequeños. Puedo entender que les guste mi historia, pero que me digan que me demoro en subir los capitulos o que soy irresponsable, solo hace que no desee continuar escribiendo. Gracias a las chicas que siempre escriben cosas lindas y palabras de apoyo. Por ustedes es que continuo con esta travesía. Y para los demás... si no hay nada bueno que decir, mejor no decirlo. Amor a todos ♥
Santino Alexios.No caí.Eso fue lo primero que entendí, en algún punto impreciso entre el instante en que mis rodillas cedieron sobre la piedra húmeda del túnel y el momento en que dejé de sentir el peso de mi propio cuerpo por completo.No caí, porque ya no había nada que cayera.Solo quedaba una sensación de ingravidez absoluta, un flotar sin sustancia que debería haberme aterrado y que, en cambio, se sentía extrañamente familiar, como volver a ponerme una prenda que llevaba puesta desde hacía siglos sin saberlo.Debajo de mí, cada vez más pequeño, más lejano, vi mi propio cuerpo tendido entre los brazos de Kael.Vi a Maddison arrodillada a mi lado, con las manos temblando sobre mi pecho, buscando un latido que probablemente seguía ahí, firme, aunque yo ya no lo sintiera como mío.Vi su boca formar mi nombre una y otra vez, un grito silencioso desde donde yo flotaba, incapaz de escuchar nada más que el eco distante de mi propia sangre corriendo por un cuerpo que había dejado de rec
Santino Alexios.La entrada a las ruinas se escondía detrás de una cortina de raíces retorcidas, tan bien camufladas que cualquier patrulla normal habría pasado de largo sin notar siquiera la abertura tallada en la roca.Pero yo no era una patrulla normal, y el poder que corría ahora bajo mi piel parecía reconocer cada rastro de la magia oscura que Wilma había tejido para ocultar su guarida, como si mi propia sangre fuera capaz de sentir la disonancia entre lo natural y lo artificial.—Aquí —dije, deteniéndome frente a la cortina de raíces—. La entrada está aquí.Kael pasó la mano por la superficie de piedra, frunciendo el ceño al sentir el zumbido tenue de un hechizo de camuflaje disolviéndose bajo su tacto.—Buen ojo, Alfa.—No fue el ojo —admití, apartando las raíces con más fuerza de la necesaria, la impaciencia y el miedo compitiendo dentro de mí por el control—. Fue algo más.Descendimos por un túnel estrecho, iluminado apenas por antorchas colocadas a intervalos irregulares, el
Santino Alexios.El bosque se convirtió en un borrón verde y plateado a mi alrededor mientras corría en mi forma de lobo. Ronan, mi bestia, guiaba el camino, como si hubiera nacido para liderar… En realidad, si nació para eso.Cada fibra de mi cuerpo, cada instinto heredado de una madre que resultó ser una diosa lunar y no la mujer mortal que había creído durante veinticinco años, estaba puesto al servicio de una sola cosa: llegar hasta Maddison antes de que Wilma decidiera que ya no le servía viva.Detrás de mí, los guerreros de la manada Luna de Sangre corrían en formación de caza, silenciosos entre los árboles como sombras entrenadas durante generaciones para exactamente este tipo de emergencia. Kael conducía su moto a mi lado, con la mandíbula apretada y los ojos fijos al frente, sin atreverse todavía a preguntarme lo que ambos sabíamos que tendría que preguntarme tarde o temprano: ¿cómo se siente descubrir que toda tu vida fue una mentira necesaria?No lo sabía.Sinceramente, no
Maddison Spencer – Bennett.—¡Tú! —La palabra salió de mi garganta como un cuchillo, arrancada de un lugar tan profundo dentro de mí que ni siquiera reconocí del todo mi propia voz.Wilma sonrió.No fue una sonrisa cálida, ni siquiera una sonrisa cruel de las que había aprendido a reconocer en los villanos de cuentos infantiles.Fue algo peor. Fue la sonrisa satisfecha de alguien que llevaba dieciséis años esperando exactamente este momento, saboreándolo como quien finalmente prueba un plato que ha cocinado a fuego lento durante toda una vida.—Ahí está —dijo, inclinándose hacia mí con una calma que me revolvió el estómago más que cualquier grito—. Ahí está mi sobrina favorita, por fin despierta del todo.Intenté incorporarme, pero los grilletes de plata me lo impidieron, el ardor familiar de ese metal maldito mordiéndome las muñecas con una intensidad que me hizo apretar los dientes para no darle la satisfacción de escucharme gritar.—¿Wilma? —susurré, aunque la pregunta era absurda.
Santino Alexios.Los recuerdos no llegaron como imágenes ordenadas, cronológicas, fáciles de digerir.Llegaron como una inundación, como si miles de años de vida hubieran estado contenidos detrás de una presa que finalmente cedía, arrastrándome sin piedad a través de cada fragmento que Katherina, mi madre, mi guardiana, la mujer que había sido tantas cosas para mí a lo largo de tantas vidas que ya ni siquiera podía contarlas, había estado protegiéndome de sentir.Vi un campo dorado bajo la luna, exactamente como se lo había descrito a Kael semanas atrás sin comprender de dónde venía esa imagen. Vi a una mujer de cabello plateado corriendo entre árboles antiguos, riendo con una libertad que solo podía pertenecer a alguien que, por primera vez en mucho tiempo, se sentía a salvo.Suicune.No la reconocí como Maddison, no al principio.La reconocí como algo mucho más profundo, más visceral, la sensación de haber pasado toda una eternidad orbitando alrededor de su existencia sin poder toca
Santino Alexios.La daga ceremonial pesaba en mi mano más de lo que su tamaño debería permitir.No era un peso físico.Era algo más antiguo, algo que reconocí en el instante en que mis dedos se cerraron alrededor de la empuñadura tallada con símbolos que jamás había aprendido a leer, y que sin embargo comprendía con una claridad que me dio un escalofrío.Esto ya lo he hecho antes, pensé, y la certeza de esa idea me sacudió con más fuerza que cualquier otra cosa que hubiera sentido en las últimas horas.Mi madre, Katherina, la única madre que había conocido en esta vida se colocó frente al Espejo de Selene, con los tres ancianos formando un semicírculo detrás de ella. Kael se quedó a mi lado, un paso atrás, con la mano apoyada en la empuñadura de su propia espada, no por desconfianza hacia el rito, sino por ese instinto de guardián que llevaba décadas perfeccionando a mi sombra.—El Rito de las Tres Lunas exige sangre de la estirpe, verdad del suplicante, y sacrificio equivalente al fa







