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CAPÍTULO 4

Autor: Blue Ink
last update Data de publicação: 2026-10-15 07:04:39

Más temprano, cuando el Alfa me llevaba en brazos frente al salón donde se celebraba el banquete, Imelda lo vio casualmente conmigo. No podía quitarme los ojos de encima, consumida por la furia.

Incapaz de contener su rabia, dejó rápidamente la copa de vino que estaba tomando y corrió a su habitación.

Se escabulló a toda prisa en el depósito de la casa de la manada y comenzó a buscar algo por todos lados.

—Tengo que evitar que Kyle se la folle esta noche —murmuraba sin parar.

Sin duda, ella siempre había tenido la mirada puesta en Kyle. Convertirse en Luna era uno de sus mayores sueños, y no se detendría ante nada para lograr que la marcara y la declarara su Luna.

Dejó de buscar en cuanto vio una pistola en uno de los armarios. Una sonrisa se dibujó en sus labios. Sacó el arma, tomó una bala de plata y la cargó.

Apresuradamente, le acopló un silenciador. Cerró los ojos, tomó valor y se disparó directamente en el brazo, soltando un gemido de dolor.

Logró salir del depósito, pero el dolor era insoportable, así que cayó al suelo del balcón mientras la sangre brotaba a borbotones de su herida.

Mientras tanto, el Alfa Kyle seguía encima de mí, furioso por la puñalada que le había dado.

—¿Qué? ¿Quieres pelear conmigo, eh? Dile a tu lobo que salga y luche conmigo —me gritó de nuevo.

Ni siquiera sabía que yo aún no tenía un lobo. Probablemente, si se lo dijera, me daría una muerte más rápida y sin dolor, justo como yo quería.

—Yo… no tengo un… —Aún estaba hablando cuando me calló con un beso, y le di una bofetada.

—Tú… ¡quídate de encima! —exclamé llorando, y continué—: ¿Crees que esto me va a destruir? ¡Te equivocas! ¿Cómo puedes hacerme esto? Soy la hija del Alfa.

—Ya no más, Rachel Weston. No eres más que mi esclava… mi juguete —me gruñó el Alfa Kyle con pleno odio.

Estaba a punto de decir algo más cuando una sirvienta entró abruptamente a la habitación. Él se giró de golpe, mirándola fijamente con los ojos inyectados en sangre.

Ella bajó la cabeza de inmediato y se disculpó al instante:

—Alfa, lo siento.

—¿Qué pasa? ¿Por qué estás aquí? —le espetó el Alfa Kyle con dureza.

—Es la señorita Imelda. Le… le dispararon —exclamó aterrada.

De inmediato, Kyle me soltó y se levantó de la cama.

—¿Le dispararon? ¿Qué? ¿Dónde está?

—Ni se te ocurra intentar escapar, porque jamás lo lograrás. Si intentas hacer lo mismo de antes, te arrepentirás de estar viva —me advirtió con firmeza.

Con eso, salió hecho una furia de la habitación junto a la sirvienta, mientras yo respiraba hondo con alivio. Al menos estaba segura de que no me forzaría… no esta noche. Pero ninguna de sus amenazas me iba a impedir intentar escapar.

Él entró a la habitación de Imelda y se encontró con el médico de la manada, que ya iba saliendo.

—Doctor George, ¿qué pasó? ¿Cómo está Imelda? ¿Está bien? —preguntó el Alfa Kyle con angustia.

Con una leve sonrisa, el médico respondió:

—No hay nada de qué preocuparse, Alfa. Estará bien. Le dispararon con una bala de plata, pero afortunadamente no fue profundo. Ya le extraje la bala, solo necesita tomar su medicina y descansar lo suficiente.

—Gracias, doctor —dijo estrechándole la mano antes de que el médico saliera.

La mirada del Alfa Kyle se dirigió hacia Imelda, quien gemía de dolor y sudaba copiosamente. Se acercó a ella y le tomó la mano.

—Imelda, ¿estás bien? ¿Cómo pasó esto? ¿Quién pudo haberte disparado? —preguntó con ternura.

—No sé quién me disparó, Kyle. Había demasiada gente hoy en el banquete. Probablemente fue una manada enemiga, o… —Pausó y lo miró a los ojos.

Los ojos del Alfa Kyle se abrieron con curiosidad.

—¿O quién?

—No estoy segura, pero hoy vi a Rachel. Pudo haber contratado a alguien para dispararme, o tal vez alguien escapó y… —mintió ella.

Sacudiendo la cabeza en señal de desacuerdo, Kyle respondió:

—Eso es imposible. Ha estado encerrada desde que derroté a su manada y maté a su padre. No hay forma de que haya contratado a nadie. Además, Rachel es demasiado torpe como para dispararle a alguien.

—Kyle, me duele mucho. ¿Puedes ayudarme, por favor? —le suplicó, agarrándolo de la camisa.

—¿Ayudarte? ¿Cómo hago eso?

—Apareémonos, Kyle. Eres un Alfa. Si te apareas conmigo, el dolor desaparecerá —rogó con lágrimas falsas en los ojos.

El Alfa Kyle la miró impactado. Claramente no esperaba que ella le dijera semejante cosa.

Sin dudarlo, ella se tomó del vestido y se lo bajó del hombro, dejando al descubierto parte de sus pechos.

—Te amo, Kyle. Sabes que te he amado desde que éramos jóvenes. No puedo esperar para tenerte dentro de mí.

Al ver eso, Kyle apartó la mirada de inmediato. Ella lo agarró rápidamente del cuello de la camisa y lo besó, pero él le sujetó las manos.

—Imelda, lo siento… Yo… no puedo. No podrías soportarlo si me apareo contigo. Además, no eres mi compañera. No te preocupes, le diré al médico de la manada que te traiga algo para el dolor, ¿de acuerdo? —respondió con calma.

Decepcionada, Imelda le dio la espalda, llorando desconsoladamente. Jamás pensó que Kyle no sentiría nada por ella, a pesar de haberlo amado desde que eran niños.

Mirándola por última vez, el Alfa Kyle salió de la habitación sin decir una sola palabra más.

Imelda apretó los puños con rabia mientras le daba una patada al florero de la mesa de noche, haciéndolo caer y romperse en pedazos.

El Alfa Kyle estaba dispuesto a follarse a Rachel aunque ella no quisiera, pero se negaba a acostarse con ella aun cuando estaba dispuesta a entregarse por completo.

—Todo esto es tu culpa, Rachel. Tú tienes la culpa de todo esto. Voy a hacer que lo pagues. Haré de tu vida un infierno hasta que desees estar muerta —dijo entre dientes, lanzando un grito de pura furia.

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