Compartilhar

04

last update Data de publicação: 2026-01-10 11:51:12

Valentina despertó con un dolor de cabeza atroz; un martillo constante golpeaba en su cráneo. Las náuseas no desaparecían, sino que se intensificaban. Intentó reconstruir la noche anterior, pero el pánico la paralizó. Estaba desnuda, en una cama que no era la suya, en una habitación de hotel desconocida.

A su lado, un hombre dormía profundamente. Su brazo estaba extendido. Incluso en reposo, su perfil era impactante: mandíbula fuerte, cabello oscuro ligeramente revuelto. Un hombre atractivo, un perfecto desconocido.

El terror la invadió. De repente, el recuerdo la golpeó: aquellos labios desconocidos sobre los suyos, los besos, la pasión desenfrenada. Se cuestionó, aterrada, llena de pánico: "¿Qué fue lo que hice? ¿Quién se supone que es él?"

En medio de todo el desastre mental, supo que no podía quedarse ni un segundo más. Tenía que huir, ¡y de inmediato! Salió de la cama sigilosamente, buscó su vestido y sus zapatos, sintiéndose avergonzada y llena de culpa. Abandonó la habitación sintiendo que su dignidad estaba por el suelo. No miró atrás; salió despavorida. La verdad se le grabó a fuego en la cabeza: había traicionado a su prometido. Había estado con otro hombre.

Una vez afuera, sacó su teléfono con manos temblorosas y supo que debía comunicarse con Verónica, la última persona con la que recordaba haber estado. ¿Qué había pasado exactamente? Aún había partes de la noche que no recordaba.

Verónica contestó la llamada.

—Valentina, ahora sí te has relajado lo suficiente, ¿eh?

Valentina se quedó pensativa.

—¿A qué te refieres con eso? No lo entiendo. ¿Y por qué amanecí en un hotel? —cuestionó, su voz apenas un hilo nervioso.

Verónica se las arregló rápidamente para tejer su mentira:

—Anoche parecías bastante contenta con la situación. Fue una especie de despedida de soltera, un regalo de mi parte antes de que te cases.

Valentina dejó caer el teléfono sobre su regazo mientras iba en la parte trasera del taxi. No podía creerlo. ¡Verónica la había impulsado, la había empujado a pasar la noche con alguien más! Estaba enloqueciendo.

"¿Cómo pude ser tan tonta como para querer que Verónica se mostrara cercana a mí?"

Desesperada, le escribió un mensaje a Verónica: Lo que pasó anoche no puede saberlo mi prometido. ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo pudiste hacerme algo como eso?

La respuesta fue inmediata y fría: Relájate. Es un regalo, y por supuesto, un secreto. Espero que la hayas pasado bien.

Valentina cargó con la culpa, una verdad que no podía confesar a nadie.

Minutos después, Declan se levantó. Palpó la otra parte de la cama y encontró solo sábanas frías. La ausencia de la mujer que había conocido fugazmente. Se levantó de golpe, la habitación desastrosa a su alrededor. Se preguntó por qué se había ido.

Ya en el baño, se miró al espejo, preguntándose por qué no podía dejar de pensar en esa desconocida, en su cabello corto, sus ojos, la intensidad del momento. Él no estaba acostumbrado a que las mujeres huyeran así. Sentía una curiosidad inmensa.

Llamó a su amigo.

—Dorian, quisiera saber un poco más sobre la mujer que enviaste.

Dorian se quedó pensativo.

—No sé a qué te refieres exactamente, Declan. Ciertamente envié a Paulina para que te ayudara un poco con el estrés y todo eso, como un regalito. Pero la mujer canceló poco después. Se me olvidó avisarte.

Declan se quedó completamente perplejo. Si la mujer que su amigo le había enviado no se había presentado... ¿Con quién diablos había pasado la noche?

Esa noche, Verónica llamó a Edward para una reunión secreta en un lugar discreto.

Edward parecía ocupado, estresado. Miraba su reloj constantemente.

—Ahora que estamos reunidos aquí, quiero que vayas al grano. ¿Cuál es la razón por la que querías verme? —le exigió.

Verónica sonrió, una sonrisa maliciosa que prometía veneno.

—He cumplido lo que te prometí. Te traería pruebas de que mi hermana te está siendo infiel. Y por eso estoy aquí, para dártelas.

Edward tomó el teléfono con las manos temblorosas y miró las fotografías. La sangre se le subió a la cabeza. La furia superó cualquier otra emoción. Su prometida, en quien había confiado, lo había humillado. La estaba viendo allí, en esa cama, con otro hombre. No podía ver el rostro del sujeto, lo que solo aumentaba su rabia.

Miró a Verónica.

—¿Quién es él? —exigió saber.

Verónica se encogió de hombros, con la mentira lista.

—En realidad, no lo sé. Pero he estado vigilando de cerca a mi hermana, la seguí hasta ese lugar... Y ella... descubrí esto. Lo importante aquí es que ella te traicionó, Edward. Es una mentirosa. Te engañó.

—¿Desde cuándo sabes esto?

—En realidad, hace unas semanas me enteré, pero solo ahora es que obtuve las pruebas para que tú no siguieras siendo engañado.

Edward resopló sonoramente, le devolvió el teléfono a Verónica, y su rostro se endureció con una frialdad gélida.

—La boda sigue en pie —decretó con firmeza.

Verónica se quedó genuinamente sorprendida.

—¡¿Qué?!

—Voy a actuar como si nada —continuó Edward, con la voz baja y peligrosa—. Y cuando sea el momento, haré que pague delante de todos. La humillaré así como ella me ha humillado a mí.

Verónica sintió un alivio triunfal. Sabía que Edward se iba a vengar y no la perdonaría.

—Me parece que es lo correcto, Edward. Las cosas no pueden quedarse así.

Edward esbozó una sonrisa sin alegría.

—Me pregunto cómo es que tú, siendo su hermana, de pronto ni siquiera te preocupas por salvarla, o por qué estás de mi lado en lugar del suyo.

Verónica se encogió de hombros, la indiferencia un arma.

—El hecho de que sea mi hermana no significa que la adore y que deba cargar con sus secretos sucios, con sus mentiras. Ella debe pagar por lo que te hizo.

—Y pagará. Esa perra pagará —sentenció Edward, con el odio brillando en sus ojos.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   160

    5 años después...Las luces de la pasarela en el corazón de Manhattan se atenuaron, dejando un silencio expectante que solo el mundo de la alta costura sabe sostener. No era un evento cualquiera; era la noche en que la marca "Valentina F." presentaba su colección de otoño, una línea que ya no dependía del apellido Westerfield ni del legado de los Fairchild. Valentina había pasado los últimos cinco años trabajando en talleres, dibujando hasta el amanecer y demostrando que su talento no era un accesorio de su vida social, sino su esencia misma.Cuando la música comenzó a vibrar y la primera modelo desfiló con un diseño que evocaba la libertad de Florencia mezclada con la estructura de Nueva York, el público contuvo el aliento. Valentina observaba desde el backstage, con el corazón latiendo con fuerza, pero ya no por miedo, sino por orgullo.En la primera fila, la estampa era perfecta. Declan estaba sentado allí, luciendo impecable, pero sus ojos no estaban en la ropa, sino fijos en la c

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   159

    La luz suave de la mañana se filtraba por las persianas de la unidad neonatal. Habían pasado tres semanas desde aquella noche de terror, y el silencio estéril del hospital finalmente se sentía cálido. Valentina estaba sentada en un sillón mecedor, sosteniendo contra su pecho a la pequeña Elena, mientras Declan, a su lado, acunaba con una torpeza adorable a Mateo. Los mellizos, aunque nacidos antes de tiempo, habían demostrado una fuerza heredada de su madre. Elena tenía los ojos curiosos de Valentina, mientras que Mateo ya mostraba ese gesto serio y decidido que tanto caracterizaba a Declan.—Míralos... —susurró Valentina, acariciando la suave mejilla de su hija—. Casi no puedo creer que estén aquí, después de todo lo que pasamos.—Son perfectos —respondió Declan, bajando la mirada hacia el niño que dormía plácidamente en sus brazos—. Y tienen suerte, Valentina. Tienen a la madre más valiente del mundo.Ese día, tras la última revisión médica, finalmente recibieron el alta. El regres

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   158

    Sus manos, antes firmes, no dejaban de temblar. No era el CEO poderoso; era un hombre aterrado de que el hilo de su felicidad se cortara justo cuando empezaba a tejerse.— ¿Cómo está ella? Por favor, dígame que está bien.—La cirugía fue exitosa, pero ha sido un trauma severo para su cuerpo. El estrés le provocó una descompensación crítica. Ahora está en observación, recuperándose de la anestesia. En cuanto a los pequeños... —el médico hizo una pausa y le hizo una seña para que lo siguiera—. Venga conmigo.Caminaron hacia la unidad de cuidados intensivos neonatales. A través del cristal, Declan los vio. Eran dos figuras minúsculas dentro de cajas de cristal, rodeados de cables y monitores que median cada latido. Se acercó al vidrio, apoyando una mano en él, sintiendo que el corazón se le encogía de una manera que nunca antes había experimentado.—Son tan pequeños... —susurró Declan, con la voz quebrada por la emoción. Eran tan frágiles, tan ajenos al caos de Nueva York que casi los de

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   157

    Declan entró de golpe, con el corazón martilleando contra sus costillas con una fuerza ensordecedora. Sus ojos recorrieron el lugar frenéticamente hasta que la vio: Valentina estaba encogida en una silla al fondo, pálida como el mármol, aferrada a su vientre con una mano y a su teléfono con la otra. No había rastro de Verónica; solo quedaba el eco del veneno que había soltado.—¡Valentina! —exclamó Declan, llegando a su lado en dos zancadas. Ella levantó la mirada, y lo que él vio lo aterró más que cualquier amenaza de sus enemigos. Sus ojos, antes brillantes de determinación, estaban nublados por el dolor y el shock.—Declan... duele... —susurró ella, su voz apenas un hilo quebradizo.—Te llevaré al hospital, te lo prometo. Todo estará bien —aseguró arrodillándose para quedar a su altura. Le tomó el rostro entre las manos y notó que estaba empapada en un sudor frío—. Necesito sacarte de aquí. Los bebés...Una contracción violenta la sacudió, haciéndola arquear la espalda con un grit

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   156

    El vuelo de regreso desde Florencia fue aparentemente tranquilo. Dentro de la cabina privada, Declan y Valentina compartieron silencios que, por primera vez en meses, no se sentían como muros, sino como treguas. Sin embargo, en cuanto los neumáticos del avión tocaron la pista del JFK en Nueva York, la realidad los golpeó con la fuerza de un huracán.Al cruzar la puerta de la terminal privada, el destello de cientos de flashes los cegó instantáneamente. Edward se había encargado de filtrar la hora exacta del aterrizaje. Una horda de reporteros, camarógrafos y curiosos se abalanzó sobre ellos como buitres.—¡Declan! ¿Es cierto que el hijo de Lorena Miller no es tuyo? —gritaba uno.—¡Valentina! ¿Cómo te sientes siendo la mujer que rompió el compromiso del año? —chillaba otra, casi golpeándola con un micrófono.Valentina palideció, llevándose una mano al vientre, sintiendo que el aire le faltaba. Declan, con la mandíbula apretada y una furia gélida en los ojos, la rodeó con su brazo, pegá

  • La Prometida se Entregó al Extraño: Embarazada de Mellizos   155

    La lluvia golpeaba el techo de la mansión Fairchild con una violencia que parecía querer derribar las paredes, pero el verdadero estruendo ocurría en el interior de la biblioteca. Verónica, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en un punto inexistente del suelo, sentía que su realidad se fragmentaba.—¡Papá, de qué estás hablando! —gritó, su voz rompiéndose en un agudo de desesperación—. ¿Cómo puedes decir una tontería como esa? ¿Cómo puedes decirme tantas mentiras en un momento así?Arthur, con el rostro congestionado y la mirada turbia por el alcohol, hizo un esfuerzo sobrehumano por enderezarse en el sillón. Sus palabras salían arrastradas, pesadas, como si cada sílaba fuera un bloque de plomo.—¿Crees que... que elegiría este momento para mentir? —balbuceó él, con una sinceridad brutal que la golpeó más que cualquier insulto—. Nunca he estado... tan desnudo. Estoy desnudando mis verdades, Verónica. Todo lo que te cuento es la realidad que he ocultado... que me ha podrid

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status