Valentina deslizó una sonrisa que iluminó todo el lugar. Su prometido, Edward Sutton, era la razón. Él acababa de mencionar que todos los preparativos para la boda ya estaban en marcha, con una perfección que rayaba en lo obsesivo. —...y hemos pensado en irnos a Italia, ¿verdad, hermosa? —informó Edward, mirándola con una dulzura que parecía blindada contra cualquier duda. Valentina asintió. Esa felicidad, casi palpable, la hacía proyectarse en un futuro idílico. —Sí, papá —confirmó, buscando la mirada de Arthur. Arthur Fairchild rebosaba orgullo. ¡Al fin su hija se casaría! —Estoy tan orgulloso de ti, hija. Todavía recuerdo cuando estabas pequeña, corriendo de un lado al otro —mencionó, con una ternura que humedecía sus ojos—. ¿En qué momento has crecido tanto? Edward, siempre formal, intervino: —Señor Arthur, cuidaré muy bien de su hija. Le prometo que jamás la haré llorar. Valentina se sentía amada y protegida. Los tres conversaban en la lujosa sala, ajenos a la s
Última actualización : 2026-01-10 Leer más