MasukEl camión rumbo a la universidad iba atascado de gente. A propósito, me pegué contra una estudiante de nuevo ingreso; se veía tiernita e inocente. Llevaba una minifalda escolar. Se la levanté sin dudarlo para frotárselo contra su trasero jugoso. Y para colmo, como venía de una familia pobre, su ropa interior tenía un agujero. Justo cuando estaba a punto de entrar en su intimidad, me hice para atrás rápidamente. Pero ella me agarró con fuerza, y dijo: —¡Señor, empuje duro, no se suelte!
Lihat lebih banyakSonreí y me encogí de hombros, sin molestarme en seguir explicando. A esta gente no hay forma de convencerla. Solo aceptan la verdad que les conviene. Al final, todo se reduce a que son demasiado cobardes. Saqué el libro de psicología y, aprovechando un rato libre, volví a hojearlo. Realmente este libro es útil. Las notas que tengo entre las páginas son exactamente los apuntes de lo que he puesto en práctica, cada paso encaja perfectamente con las debilidades de la gente. Esos rumores de “hijo de rico” no son más que ilusiones que la gente prefiere creer. Lo que de verdad me emociona es la sensación de controlar las emociones: una mirada, una frase en voz baja, un silencio justo en el momento preciso… todo eso puede guiar cómo reaccionará ella. La dependencia de Ivanna no fue casualidad; la diseñé paso a paso hasta volverla inevitable. En el video que se hizo viral en internet, mis acciones parecían improvisadas, pero en realidad eran casos clásicos del libro puestos en esc
Bajamos del camión y la llevé directo a la escuela. Encontramos la oficina de admisiones para nuevos alumnos. Mientras la veía llenar los datos, me enteré de que se llamaba Ivanna Zúñiga. El nombre le quedaba perfecto: dulce, linda, y con ese toque travieso que se notaba de lejos. Una vez que terminó el papeleo, la acompañé hasta el dormitorio de chicas. Por el camino le pregunté: —¿Y cómo es que viniste sola? ¿Dónde está tu familia? Ivanna respondió con voz tranquila: —Mis papás trabajan lejos, desde chica me crio mi abuelo. Ya está grande y no puede viajar tanto, así que vine sola a estudiar. Todo encajaba con lo que había imaginado. Una chica así, sin supervisión de verdad en casa, no entiende mucho de ciertas cosas entre hombre y mujer. Ese día le había dado su debut y, la verdad, me había salido perfecto. Le tomé suavemente la mano y le dije: —Ivanna, como tu papá está trabajando lejos y no puede venir a verte, de ahora en adelante yo voy a ser tu papi. A
Sus palabras parecían salirle del alma, lo que hizo que la gente a nuestro alrededor empezara a armar alboroto otra vez, dándole la razón a sus dudas. Algunos hasta gritaban que no me dejaran bajar del camión y que mejor me llevaran directo a la policía.Yo solo sonreí, sin que me importaran lo más mínimo sus burlas o sus insultos. Todavía no era el momento de defenderme; primero tenía que terminar de volver loca a la muchacha. Cuando ella misma se me colgara del cuello y me diera un beso por su propia voluntad, entonces sí, les cerraría la boca a todos esos tipos.Los reclamos de los pasajeros subían de tono. Me gritaban que era un estafador, un asco de persona y un enfermo que usaba trucos sucios para manipular a las mujeres. Me dijeron de todo.En ese momento, sentí que todo se apretaba; el cuerpo de la chica tuvo una fuerte sacudida interna. Supe entonces que ella ya había llegado al límite. Ahora sí, el escenario era todo mío.Me subí el cierre, la abracé con suavidad y le pregunt
—¿Ci... cinco minutos? No te creo.—Exacto, en cinco minutos ni siquiera te da tiempo de saber su nombre, ¿cómo va a ser posible que se suban al camión y ya estén en pleno asunto?—Es cierto, el camión lleva andando más de cinco minutos. ¿A poco se gustaron apenas pusieron un pie arriba? Qué payaso.Los pasajeros en el pasillo empezaron a murmurar de todo.Un joven que estaba cerca se quedó tan sorprendido que se le desencajó la mandíbula; de hecho, me tomó de la mano para preguntarme directamente.—¡No puede ser! ¿Cómo le hiciste? Pásame el truco.Antes de que pudiera decirle algo, una señora que estaba a su lado lo jaló hacia un rincón mientras refunfuñaba.—No le hagas caso a sus mentiras. ¿Cómo se van a estar revolcando si se acaban de conocer? Y menos en un camión.La mujer movió la cabeza con desaprobación.—Para mí que este par ya se conocía y solo están haciendo su escenita aquí. La juventud de ahora no tiene vergüenza, lo hacen donde sea. En mis tiempos, algo así era una desho
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