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Capítulo 7

Penulis: Mangonel
Sonreí y me encogí de hombros, sin molestarme en seguir explicando.

A esta gente no hay forma de convencerla. Solo aceptan la verdad que les conviene. Al final, todo se reduce a que son demasiado cobardes.

Saqué el libro de psicología y, aprovechando un rato libre, volví a hojearlo.

Realmente este libro es útil. Las notas que tengo entre las páginas son exactamente los apuntes de lo que he puesto en práctica, cada paso encaja perfectamente con las debilidades de la gente. Esos rumores de “
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  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 7

    Sonreí y me encogí de hombros, sin molestarme en seguir explicando. A esta gente no hay forma de convencerla. Solo aceptan la verdad que les conviene. Al final, todo se reduce a que son demasiado cobardes. Saqué el libro de psicología y, aprovechando un rato libre, volví a hojearlo. Realmente este libro es útil. Las notas que tengo entre las páginas son exactamente los apuntes de lo que he puesto en práctica, cada paso encaja perfectamente con las debilidades de la gente. Esos rumores de “hijo de rico” no son más que ilusiones que la gente prefiere creer. Lo que de verdad me emociona es la sensación de controlar las emociones: una mirada, una frase en voz baja, un silencio justo en el momento preciso… todo eso puede guiar cómo reaccionará ella. La dependencia de Ivanna no fue casualidad; la diseñé paso a paso hasta volverla inevitable. En el video que se hizo viral en internet, mis acciones parecían improvisadas, pero en realidad eran casos clásicos del libro puestos en esc

  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 6

    Bajamos del camión y la llevé directo a la escuela. Encontramos la oficina de admisiones para nuevos alumnos. Mientras la veía llenar los datos, me enteré de que se llamaba Ivanna Zúñiga. El nombre le quedaba perfecto: dulce, linda, y con ese toque travieso que se notaba de lejos. Una vez que terminó el papeleo, la acompañé hasta el dormitorio de chicas. Por el camino le pregunté: —¿Y cómo es que viniste sola? ¿Dónde está tu familia? Ivanna respondió con voz tranquila: —Mis papás trabajan lejos, desde chica me crio mi abuelo. Ya está grande y no puede viajar tanto, así que vine sola a estudiar. Todo encajaba con lo que había imaginado. Una chica así, sin supervisión de verdad en casa, no entiende mucho de ciertas cosas entre hombre y mujer. Ese día le había dado su debut y, la verdad, me había salido perfecto. Le tomé suavemente la mano y le dije: —Ivanna, como tu papá está trabajando lejos y no puede venir a verte, de ahora en adelante yo voy a ser tu papi. A

  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 5

    Sus palabras parecían salirle del alma, lo que hizo que la gente a nuestro alrededor empezara a armar alboroto otra vez, dándole la razón a sus dudas. Algunos hasta gritaban que no me dejaran bajar del camión y que mejor me llevaran directo a la policía.Yo solo sonreí, sin que me importaran lo más mínimo sus burlas o sus insultos. Todavía no era el momento de defenderme; primero tenía que terminar de volver loca a la muchacha. Cuando ella misma se me colgara del cuello y me diera un beso por su propia voluntad, entonces sí, les cerraría la boca a todos esos tipos.Los reclamos de los pasajeros subían de tono. Me gritaban que era un estafador, un asco de persona y un enfermo que usaba trucos sucios para manipular a las mujeres. Me dijeron de todo.En ese momento, sentí que todo se apretaba; el cuerpo de la chica tuvo una fuerte sacudida interna. Supe entonces que ella ya había llegado al límite. Ahora sí, el escenario era todo mío.Me subí el cierre, la abracé con suavidad y le pregunt

  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 4

    —¿Ci... cinco minutos? No te creo.—Exacto, en cinco minutos ni siquiera te da tiempo de saber su nombre, ¿cómo va a ser posible que se suban al camión y ya estén en pleno asunto?—Es cierto, el camión lleva andando más de cinco minutos. ¿A poco se gustaron apenas pusieron un pie arriba? Qué payaso.Los pasajeros en el pasillo empezaron a murmurar de todo.Un joven que estaba cerca se quedó tan sorprendido que se le desencajó la mandíbula; de hecho, me tomó de la mano para preguntarme directamente.—¡No puede ser! ¿Cómo le hiciste? Pásame el truco.Antes de que pudiera decirle algo, una señora que estaba a su lado lo jaló hacia un rincón mientras refunfuñaba.—No le hagas caso a sus mentiras. ¿Cómo se van a estar revolcando si se acaban de conocer? Y menos en un camión.La mujer movió la cabeza con desaprobación.—Para mí que este par ya se conocía y solo están haciendo su escenita aquí. La juventud de ahora no tiene vergüenza, lo hacen donde sea. En mis tiempos, algo así era una desho

  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 3

    Con cada embestida fuerte, la chica apretaba los dientes, luchando con todas sus fuerzas contra esa comezón que le subía por dentro, sin atreverse a soltar ni un solo sonido.Nunca había estado con alguien tan suave, tan estrecha.Era como flotar entre nubes, era libre y placentero.Y más todavía en medio de tanta gente. Esa sensación prohibida alimentaba el deseo y los niveles de adrenalina en mi cabeza se disparaban hasta el tope.Al principio me movía despacio, pero el cuerpo pedía cada vez más, la urgencia crecía sin control.No pude evitar aumentar el ritmo.Ella era tan delicada que con cada empujón todo su cuerpo quedaba suspendido en el aire.Como una gatita, la tenía levantada del suelo, con los pies colgando.Solo mis brazos bien firmes alrededor de su cintura evitaban que perdiera el equilibrio.Al final la chica no aguantó más y dejó escapar un gemidito suave.Nuestro movimiento llamó la atención de los que estaban cerca.Nos miraban con incredulidad.Un tipo común y corrie

  • La Psicología Del Buen Repegón   Capítulo 2

    La chica notó algo raro y se movió un poco.Eso fue peor, el roce que provocó el movimiento me encendió al instante.Sentí como si miles de hormigas me recorrieran el cuerpo, había un cosquilleo insoportable en cada rincón.Ella empezó a entender qué pasaba y sus orejas se pusieron rojas.Apretó el cuerpo e intentó avanzar hacia adelante.A esa edad, una chica como ella ni siquiera había tomado de la mano a un hombre. Y de repente sintió mi soldado contra ella... seguro que en el fondo también lo deseaba.La agarré de la cintura con fuerza para que no se escapara. Me pegué completamente a su espalda.Su olor de juventud me llenaba la nariz, dulce, con ese toque a leche que era irresistible.Ella me miró nerviosa, con los ojos brillosos.—Señor, por favor, no me presione así... me da miedo.Cuanto más indefensa se veía, más me excitaba.Los libros de psicología no mentían: una chica así, aunque supiera que la estaban tocando sin permiso, jamás se atrevería a gritar.En su casa la habían

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