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Capítulo 7

Author: Ann Chase
Por más que Elisa intentaba provocarla, Ariel la ignoraba y seguía tejiendo.

Al ver que Ariel no reaccionaba, Elisa perdió los estribos. Le arrebató el suéter de las manos y lo arrojó al estanque.

—¿Eres sorda? ¿¡No me oyes cuando te hablo!?

Ariel finalmente perdió la paciencia. Miró el suéter, que flotaba sobre el agua.

—Métete ahí y recógelo por mí.

—No pienso hacerlo. ¿Y qué vas a hacer al respecto?

—¿No quieres? Entonces no me culpes por lo que pase después.

Ariel avanzó, obligando a Elisa a retroceder poco a poco hasta quedar cerca del borde del estanque. Justo cuando Elisa estaba a punto de empujarla al agua, vio a Remi acercándose a lo lejos.

Una sonrisa extraña se dibujó en sus labios.

Elisa tomó algo y lo arrojó al estanque.

—¡Señora Slater, no!

Elisa soltó un grito repentino.

—¡Es la medalla del bautizo de mi hijo! ¡Remi se la consiguió hace apenas unos días! ¡Mi hijo ha estado enfermo desde que usted le hizo daño, y esa medalla lo estaba protegiendo! ¿¡Cómo puede ser tan cruel!?

—¿De qué estás hablando? ¡Tú eres la que…!

Ariel frunció el ceño. Sabía que no podía salir nada bueno de estar cerca de Elisa. Aquella mujer era demasiado buena fingiendo.

—¡Ariel!

Antes de que pudiera defenderse, Remi llegó hecho una furia y le agarró la muñeca con fuerza.

—¿Qué has hecho?

—Remi, de verdad, ya no puedo seguir viviendo en esta casa. ¡La señora Slater quiere que mi hijo muera! Yo solo intentaba saludarla y le conté que habías ido a la iglesia para conseguirle a nuestro hijo una medalla de bautizo que lo protegiera.

»¡Ariel la arrojó al estanque y dijo que mi hijo no merecía llevarla, que debería estar muerto! Dijo que, incluso después de que te divorciaras de ella y naciera su bebé, mi hijo seguiría siendo un bastardo.

—¿De verdad dijiste eso? Ariel, creí que estabas dispuesta a hacer esto por Elisa. ¿Entonces todo lo del divorcio era mentira?

—¡Yo jamás dije nada de eso!

Remi le apretó la muñeca con tanta fuerza que le hizo daño. Ariel negó con la cabeza.

—¡Elisa misma arrojó la medalla! ¡Yo no tengo nada que ver con esto!

—El sacerdote dijo que esa medalla no podía tocar el agua o algo le pasaría al niño. ¿Por qué Elisa arriesgaría la vida de su propio hijo solo para mentirme?

Remi la miró con repugnancia.

—Ariel, ¿cómo has podido convertirte en alguien así? Tú también estás embarazada. ¿No te preocupa que nuestro hijo sea maldecido por lo que has hecho?

Ariel sintió un sabor metálico en la boca. Lo miró, incrédula.

—Remi, ¿¡de verdad maldecirías a nuestro propio hijo por proteger al de Elisa!?

»¡No tienes ni idea de cómo es ella! ¡Arrojó a su propio bebé desde una altura para hacerme quedar como culpable! ¿Qué importa una medalla comparado con eso?

—¡Basta! ¡Cállate!

Remi levantó la mano y le propinó una fuerte bofetada.

El golpe la tomó por sorpresa. Perdió el equilibrio y cayó al estanque. En cuanto su cuerpo se hundió en el agua, en cuanto el agua le cubrió los oídos y la nariz, Ariel pensó que iba a morir.

Remi no hizo el menor movimiento para ayudarla. Su voz sonó fría y tajante.

—Deja de fingir, Ariel. Sabes nadar. Ya que arrojaste la medalla al agua, puedes bajar a buscarla.

—Tú, ven aquí.

Remi hizo una seña a uno de sus hombres. Su tono seguía siendo seco y autoritario.

—Vigílala. No dejes que salga hasta que encuentre la medalla. Si no la encuentra, se queda ahí dentro.

El hombre observó a Ariel, que luchaba por mantenerse a flote, y vaciló.

—Pero, señor… está embarazada.

Elisa fingió preocupación.

—Quizá deberíamos olvidarnos de esto. Seguramente la señora Slater no lo hizo a propósito. ¿Y si le pasa algo al bebé?

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