—¿Acaso las embarazadas no pueden nadar? —Remi soltó una risa fría.—Está usando el embarazo como excusa. Se cree que, como la quiero y siempre le doy todo lo que pide, puede hacer oídos sordos a lo que le digo. Elisa, entremos. No te preocupes por ella. Si pierde al bebé, será culpa suya.Ariel permaneció flotando en el estanque, viendo cómo Remi se alejaba con un brazo alrededor de Elisa.De pronto, soltó una risa amarga.Las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas.Recordó el día en que descubrió que estaba embarazada.Remi había llorado hasta tener los ojos rojos. La había abrazado con fuerza y no dejaba de repetir:—Ariel, ¡por fin vamos a tener un bebé! Ahora nunca me dejarás. Te juro que jamás permitiré que tú ni nuestro hijo pasen necesidades. El resto de nuestras vidas, yo me encargaré de todo.¿Y qué estaba haciendo ahora?Por creerle a una mujer que no hacía más que mentir, había golpeado a su esposa embarazada, la había arrojado a un estanque y luego la hab
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