FAZER LOGINTres semanas después de la cirugía Leon por fin podía sonreír. Por primera vez en semanas, el color había regresado al pequeño rostro del niño. Seguía débil y todavía necesitaba ayuda para caminar, pero sus ojos... sus ojos ya no estaban vacíos. Ya no estaban atormentados por el dolor que casi se lo había llevado. Steffy permanecía de pie en la puerta de su habitación, conteniendo las lágrimas. —Ya puedes sentarte tú solo, cariño... Leon esbozó una pequeña sonrisa. —Mamá, no llores... Aquella simple frase estuvo a punto de hacer que las piernas de Steffy cedieran. Daniel entró llevando una pequeña bolsa. —Tenemos la autorización del médico. Leon puede volver a casa hoy. Leon levantó lentamente ambos brazos. —¡Quiero irme a casa! Nadine rio mientras abrazaba a su nieto. —La casa está lista. Todo está limpio y esterilizado. No tienes de qué preocuparte. Evelyn permanecía detrás de ellos, sonriendo aliviada. Pero aquella sonrisa... todavía llevaba una sombra de inquietud.
A la mañana siguiente, Evelyn estaba sentada sola en la floristería. Una ligera llovizna golpeaba suavemente los cristales de las ventanas, llevando consigo un frío que se filtraba en el interior del local.Miraba al frente con el rostro pálido y las manos frías. No había dormido en toda la noche. Eran demasiadas preguntas, demasiados fragmentos de la conversación entre Hendry y Daniel que se repetían una y otra vez en su mente, como un bucle que no podía detener.«Si Steffy descubre la verdad... no podrá soportarlo».«El donante... no es una persona cualquiera».Aquellas palabras la atormentaban.Hasta que Adrian llegó con dos tazas de café.Evelyn esbozó una sonrisa forzada.Su corazón latía aceleradamente.Si había alguien capaz de comprender su miedo, alguien racional, sereno y que no se dejara gobernar por las emociones, ese era Adrian.Necesitaba alguien en quien apoyarse.Necesitaba a alguien que la escuchara.Se acercó a él con pasos lentos.—Adrian...Él levantó la mirada, li
Hendry sintió que toda la sangre de su cuerpo se concentraba en un solo punto: un frío silencio que se cerró con fuerza alrededor de su pecho. Aquel nombre, Evelyn, cayó como una bomba silenciosa, pero su impacto amenazaba con destruir la poca calma que aún quedaba.—¿Evelyn? —repitió, casi sin poder creerlo—. ¿Estás seguro?Thomas asintió, con el rostro tenso.—Usó una identificación de acceso destinada al personal no médico... como si estuviera comprobando algo. El sistema de seguridad lo detectó de inmediato.Hendry contempló la tableta que sostenía entre las manos. En la pantalla todavía brillaba débilmente la grabación de Leon, congelada justo en el momento en que el niño había susurrado «Papá...» antes de volver a quedarse dormido. Un solo movimiento, un simple toque, y aquella grabación sería enviada a un hombre que jamás debería haber sabido cómo se veía el niño después del trasplante.David.El padre biológico de Leon.Y un hombre que jamás se detendría hasta obtener aquello
Aquella mañana, el hospital se sentía más tranquilo. El cielo estaba despejado y la luz del sol entraba por los ventanales de los pasillos de la UCI, bañando las paredes blancas con un cálido resplandor. Sin embargo, a pesar de aquella atmósfera pacífica, una tensión invisible seguía flotando alrededor de la habitación donde Leon estaba siendo tratado.Steffy permanecía junto a la cama, peinando suavemente el cabello de Leon con los dedos. El niño había vuelto a quedarse dormido, agotado después de despertar brevemente durante la noche anterior. El médico les había advertido que todavía se encontraba en una fase crítica de recuperación.Daniel entró llevando dos tazas de café. Dejó una sobre la mesa antes de acercarse a su esposa.—Deberías descansar un poco, Steff —dijo con suavidad.—Estoy bien.—Steffy... —Daniel le tocó el hombro—. Ni siquiera te has sentado desde esta mañana. Si te desplomas, ¿quién va a cuidar de Leon?Steffy exhaló lentamente y, finalmente, se sentó en la peque
Día 3 después de la operaciónLa habitación de la UCI de Leon estaba bañada por la tenue luz de las lámparas de las paredes. El ritmo constante de los monitores resonaba como un latido que parecía guiar la respiración de toda la habitación. Él todavía permanecía acostado en silencio, pero su rostro se veía un poco más saludable; sus mejillas ya no estaban tan pálidas como antes.Steffy apenas se había alejado de la habitación. Daniel permanecía a su lado todo el tiempo, asegurándose de que ella no perdiera las fuerzas.Evelyn, Hendry y Nadine iban y venían, turnándose para llevarles comida, bebidas calientes o simplemente sentarse en silencio para hacerles compañía.Pero, entre todos ellos, había una figura que aparecía con mayor frecuencia sin decir demasiado:Hendry.Permanecía detrás del cristal, observando a su nieto, asegurándose de que cada etapa del proceso siguiera según lo planeado y, al mismo tiempo, cerciorándose de que el secreto que cargaba permaneciera bajo llave.Un ped
La mañana antes de la cirugíaA la mañana siguiente, el sol apenas había comenzado a salir cuando la sala de espera quirúrgica ya estaba llena de rostros tensos.Steffy estaba sentada en primera fila, aferrando con fuerza el pequeño juguete de Leon: un cubo de Rubik de colores que Daniel le había regalado en su primer cumpleaños.Daniel permanecía justo detrás de ella, masajeándole los hombros, aunque sus propias manos temblaban ligeramente.Nadine estaba sentada junto a Steffy, sosteniéndole la mano y, de vez en cuando, apoyando la cabeza sobre el hombro de su hija en un silencioso gesto de apoyo.Evelyn y Adrian permanecían cerca de la ventana, observando cómo el personal médico pasaba de un lado a otro.Hendry estaba de pie, erguido y sereno como siempre. Nunca había tenido miedo de la sangre ni de las cirugías, pero aquella mañana era diferente. Un peso moral se apoyaba con fuerza sobre sus hombros.Cuando Thomas entró, todos se pusieron de pie.—¿Ya es la hora? —preguntó Steffy c







