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Eclipse.

作者: LIZI TM
last update publish date: 2026-09-10 18:44:05

Al día siguiente, los rayos del sol calentaron su rostro. Kateryn Thorne abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de la realidad caer sobre sus hombros. Al incorporarse sobre las sábanas, lo primero que capturó su atención fue la figura de Sebastián Blackwood. No estaba a su lado; permanecía recostado en el sofá individual de la recámara, sumergido en un sueño profundo y pesado, con el semblante todavía rígido por las amargas discusiones del día anterior.

Kat desvió la mirada hacia el per
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  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Cuarto de servicio salvaje.

    El pasillo quedó desierto tras la partida de Alexander, Kat llevó sus pasos en dirección a la sala de diseño. Sin embargo, Sebastián no esperó a que Kateryn avanzara; la tomó del brazo con fuerza y la arrastró por el pasillo hasta empujarla dentro del primer cuarto de limpieza del piso, cerrando la puerta de golpe. En la penumbra, rodeados por escobas y el olor a desinfectante, la furia del magnate estalló sin filtros. —¿Qué demonios hacías a solas con mi cuñado en esta área del edificio? —exigió Sebastián, acorralándola contra la pared de azulejos. —Suéltame, Sebastián. No estábamos haciendo nada malo —respondió Kateryn, sosteniéndole la mirada a pesar del encierro. —¡No me veas la cara! ¿De qué hablaban? Dime de qué maldita sea hablaban para que estuvieras colgada de su pecho. —Solo quería que le aclarara lo del escándalo con Erick. Eso es todo. Quería saber la verdad de las fotos de la prensa. —¿Y se lo dices abrazada a él? —le espetó Sebastián, con la mandíbula tensa y l

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Claridad dolorosa.

    El instinto protector sustituyó por un segundo el muro de frialdad que Alexander había intentado levantar. —¿Qué te sucede? —le cuestionó Alex, con una genuina preocupación que a Kat le caló hondo. —No es nada —respondió ella de inmediato, forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos—. ¿Qué haces por esta área? Alex guardó silencio un segundo. Era la primera vez que se cruzaban a solas desde que las fotos con Erick habían inundado los noticieros y los periódicos matutinos. Tras ese instante de tensión, él se armó de valor y respondió con honestidad: —Te buscaba a ti. —¿A mí? —Kat parpadeó, sorprendida por su confesión. —Sí —admitió Alex, recorriendo su semblante con la mirada—, pero creo que no estás en un buen momento. —Estoy bien —insistió ella, aunque el temblor en su voz la traicionaba por completo. Alex la miró detenidamente, con una fijeza tan cargada de dolor, decepción y un amor que se negaba a morir, que a Kat le dolió en lo más profundo del alma recibir esa m

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    La prueba del engaño.

    Kateryn Thorne aprovechó la hora del almuerzo para buscar a Alexander Santoro. Tras una intensa búsqueda, lo encontró en la cafetería del edificio, sentado frente a la barra mientras ordenaba un emparedado. —Hola —saludó Kat con suavidad, tomando asiento en un taburete a su lado. —Kat… Hola —Alex tragó duro al verla. Para él, resultaba un calvario tenerla tan cerca sin sentir la imperiosa necesidad de tocarla o robarle un beso. Su sola presencia desarmaba sus defensas. —Sé que sigues molesto, y no es para menos —continuó ella, forzando un tono sereno—. Yo debí ser más clara con mis sentimientos desde un principio. —No, descuida. Creo que yo fui demasiado insistente… —respondió él, desviando la mirada con desgana. Un silencio incómodo y pesado reinó entre ellos. Kat se quedó sin palabras debido a los nervios que le atenazaban el estómago; una parte de ella sufría al ser consciente de que estaba perdiendo la oportunidad de un futuro estable y sincero junto a un hombre como él.

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    Eclipse.

    Al día siguiente, los rayos del sol calentaron su rostro. Kateryn Thorne abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de la realidad caer sobre sus hombros. Al incorporarse sobre las sábanas, lo primero que capturó su atención fue la figura de Sebastián Blackwood. No estaba a su lado; permanecía recostado en el sofá individual de la recámara, sumergido en un sueño profundo y pesado, con el semblante todavía rígido por las amargas discusiones del día anterior. Kat desvió la mirada hacia el perchero y notó el cambio de ropa del magnate. El traje sastre gris que vestía el día anterior había sido reemplazado por un conjunto limpio, pulcro, colocado exactamente en el mismo lugar de siempre. Una prueba muda de que él había regresado en la madrugada solo para custodiar su prisión. Buscando despejar su mente y sacudirse la debilidad que aún amenazaba su cuerpo, Kateryn se levantó de la cama con sigilo. Eligió uno de los tantos conjuntos elegantes que Sebastián se había encargado de compra

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    La sopa de los recuerdos.

    Sebastián no respondió. El peso de su propio silencio y la culpa de haberla dejado desatendida toda la mañana lo empujaron a tomar una decisión drástica. Sin decir una sola palabra, tomó a Kateryn por la muñeca con firmeza pero sin lastimarla y la sacó del penthouse, en bata y sandalias de casa. Kat pensó que la trasladaría a otro sitio de reclusión, pero se quedó atónita cuando el imponente coche de Sebastián se detuvo frente a la fachada de su departamento. Al cruzar la puerta, sus ojos inspeccionaron cada centímetro del espacio, le parecía imposible que cada rincón tuviera el estilo del Sebastián que conocía sin embargo; no quería estar allí. Cada rincón de su casa le recordaba el veneno que había escuchado por teléfono horas antes. Quería gritarle, exigirle respuestas sobre lo que había escuchado, pero se obligó a tragarse las palabras. Se repitió a sí misma, como un mantra doloroso, que ella no tenía derecho a reclamar nada; no tenía derecho a sentirse traicionada. Al fin y al

  • La Venganza de BLACKWOOD: mi jefe, mi ex.    El desayuno.

    Kateryn Thorne arrastró la mirada hacia el reloj de la mesita de noche. Habían pasado más de dos horas desde aquella llamada. Dos horas tortuosas en las que su mente no había dejado de reproducir la risita coqueta de su rival y la dolorosa certeza de que Sebastián estaba en su cama. Para colmo, el estómago se le sentía completamente vacío; la violenta náusea de la mañana la había obligado a devolver lo poco que le quedaba en el organismo horas atrás, dejándola débil y con el pulso trémulo. Haciendo un esfuerzo monumental, Kat se levantó de la cama, sujetando con firmeza la bata alrededor de su cuerpo. Justo cuando terminaba de estabilizarse el mareo, el crujido electrónico de la puerta principal rompió el sepulcral silencio del penthouse. Sebastián Blackwood entró a la suite. Su imponente figura sastre contrastaba con el desorden de la recámara, pero su mirada se desvió de inmediato hacia la silueta de mujer que ama. El magnate regresaba del tenso desayuno con su prometida, consum

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