LOGINInna Toledo ha sobrevivido toda su vida gracias a la paciencia, la disciplina y una fortaleza que nadie imagina. Cuando el poderoso empresario Valentín Campero la lleva a vivir a su mansión para convertirla en la prometida de su hijo menor, acepta sin saber que acaba de entrar en el mundo del hombre más temido de la élite. Nikolai Campero es brillante, arrogante y completamente indomable. Mujeriego, amante de las carreras clandestinas y heredero de un imperio multimillonario, está decidido a hacer huir a cualquier mujer que intente controlarlo. Lo que no espera es encontrarse con una joven que jamás responde a sus provocaciones y cuya serenidad amenaza con derribar todas sus defensas. Mientras una guerra de voluntades se desata entre ambos, viejos enemigos, intereses familiares, ambiciones empresariales y peligros ocultos comienzan a rodearlos. Lo que empezó como un matrimonio impuesto se convierte poco a poco en un enfrentamiento donde el orgullo, la confianza y el amor serán puestos a prueba. Porque algunas personas llegan para cambiar una vida... incluso cuando ambas juran que jamás se enamorarán.
View MoreEl cielo estaba casi despejado y solo unas cuantas nubes dispersas flotaban sobre la imponente mansión blanca de estilo europeo que se alzaba majestuosa, emanando una elegancia y un lujo asombrosos.
Parada frente a semejante panorama, la joven vestida con ropa gastada se veía diminuta y desorientada. Apretó la correa de la mochila sobre su hombro, tomó aire y se acercó para tocar el timbre. En el jardín, dos empleados murmuraban entre sí mientras regaban las plantas. —Se ve que hasta un ligero viento la vuela. ¿En serio creen que pueda con el demonio? El otro interrumpió su labor por un segundo. —Quién sabe. Dicen que nació con mala estrella; se quedó huérfana muy chica y le ha ido bastante mal. El jefe se compadeció y la trajo para que fuera la prometida del muchacho, pero en el fondo, es nada más para ponerle una espía y controlar al terror de la casa. El joven no tiene remedio. ¿Te acuerdas de la muchachita del otro día? Bien jovencita y con una panza enorme... —Si fuera mi hijo, ya lo habría castrado... Ay, viéndolo así, la pobre sí da lástima. Pensé que era otra interesada por el dinero... Pero si ya de por sí le ha tocado difícil, cayendo en manos del demonio le va a ir todavía peor... Ambos trabajadores cruzaron miradas y, al mismo tiempo, observaron a la joven que esperaba en la entrada. Sentían una profunda pena por ella. ... —Innita. Valentín Campero, quien ya pasaba de los cincuenta, conservaba una mirada penetrante. Su traje gris plata no lucía la etiqueta de ninguna marca conocida, aunque resultaba obvio que era una prenda de primer nivel hecha a la medida. Observó a la chica que permanecía en el sofá, sosteniendo un vaso de agua en completo silencio, y dejó escapar un suspiro. —A mi hijo menor le falta un año para completar el programa de entrenamiento de la firma. En cuanto supere la última etapa, asumirá la dirección ejecutiva. Lo único que te pido es que lo vigiles de cerca; asegúrate de que no cometa ningún error grave antes de que le entregue el mando. Inna asintió. La observó con detenimiento. Era muy callada y bastante dócil; sin embargo, en esa cara de rasgos infantiles se notaba una serenidad y un aplomo que no correspondían a su edad. Al notar los tenis desgastados y descoloridos de la joven, mostró cierta compasión. —Si no te hace caso, ponlo en su lugar sin miedo. Y si se atreve a molestarte, vienes a avisarme de inmediato, ¿entendido? Recuerda bien esto: tú no eres su sirvienta ni andas detrás de él para hacerle mandados. Eres su futura esposa. La joven guardó silencio, confirmando con la cabeza. Las arrugas en la frente de su benefactor se suavizaron un poco. —Qué alivio da tener mujeres en la casa; con una nuera como tú, me doy por bien servido. Sube a cambiarte de ropa. En un rato le pediré al chofer que te lleve al corporativo para que busques a mi hijo y comiences a vigilarlo. Inna hizo una reverencia respetuosa antes de retirarse. Sabía que, ante todo lo que aquel hombre había hecho por ella, cualquier palabra sobraba; la única forma de pagar esa inmensa deuda de gratitud sería con hechos. ... Ya en la habitación asignada, Inna pudo notar que habían preparado la recámara con mucho cuidado. Las cortinas y las sábanas con corazones rosados le daban un toque adorable al espacio, mientras que el papel tapiz lucía un suave estampado de flores; todo el entorno daba la impresión de pertenecer a una pequeña princesa de cuento. Sin embargo, tenía muy claro cuál era su verdadero lugar en esa casa. Abrió el cierre de la mochila y sacó el retrato familiar en blanco y negro para acomodarlo sobre el escritorio, contemplando en silencio y por un largo rato a la pareja de mediana edad que sonreía de oreja a oreja junto a dos niños pequeños acurrucados contra sus piernas. Al final, no quiso ponerse las prendas finas que le habían dejado; dio media vuelta y bajó las escaleras vestida igual que cuando llegó. … El elegante auto color champaña se detuvo con suavidad frente a la imponente entrada del corporativo. Desde el asiento del conductor, don Tomás giró un poco para mirar por el retrovisor a la muchacha, quien iba absorta en sus pensamientos; se veía tan frágil que daba la impresión de estar mal alimentada. —El joven Nikolai debería estar en la auditoría del departamento financiero, pero... —el chofer se aclaró la garganta con discreción—. Le encanta escaparse a ese restaurante a mitad de la jornada; es casi seguro que lo encuentre allá adentro. Inna tomó el maletín ejecutivo que le habían asignado y miró al hombre con una sonrisa breve; sus dientes un tanto menudos le daban un aire encantador y juvenil. —Iré a buscarlo entonces. No se preocupe, don Tomás, puede retirarse. Volveré a casa con él más tarde. El chofer la vio bajar y observó cómo su figura delgada cruzaba el umbral de la entrada principal. No pudo evitar suspirar mientras movía la cabeza con desaprobación; era una chica muy educada y gentil, pero tenía la mala estrella de estar ligada a alguien tan difícil como Nikolai, el auténtico terror de la familia. Aún pensativo, el hombre puso el vehículo en marcha y se alejó. ... Inna caminó hacia el restaurante disfrutando de la vista que ofrecía el complejo empresarial, un lugar impresionante cuyos jardines y rincones reflejaban la exclusividad de un entorno diseñado únicamente para la élite corporativa. Al llegar, empujó las puertas giratorias para encontrarse con un salón tan amplio que se sentía casi desierto, donde enormes lámparas de cristal bañaban el espacio con una luz suave y las alfombras en tonos guinda aportaban un aire de absoluta distinción. Como todavía era horario de oficina, las mesas permanecían prácticamente vacías, por lo que se quedó de pie junto a la entrada mientras recorría el lugar con la mirada buscando a Nikolai. —Señorita —un mesero se acercó para saludarla con una inclinación respetuosa—. ¿Es usted la invitada del joven Campero? Inna se quedó desconcertada un instante, pero terminó por asentir. —Por favor, acompáñeme —indicó el empleado, guiándola con un gesto elegante hacia una mesa junto al ventanal. La joven se sentó, pero declinó la carta cuando se la ofrecieron. —Disculpe, ¿sabe a qué hora llegará Nikolai? El mesero le sirvió un vaso con agua antes de responder: —El joven no mencionó nada al respecto, señorita. Quizás le convendría llamarlo para confirmar. Ella no respondió; se limitó a tomar el vaso para beber un poco de agua en silencio. Nikolai era el segundo hijo de Valentín Campero, el patriarca de una dinastía cuyo esplendor se cimentaba en veintiocho hoteles de cinco estrellas y cinco casinos de lujo con renombre mundial. Alrededor de estos últimos corría la leyenda de que albergaban salas secretas donde un equipo de confianza trabajaba día y noche en turnos extenuantes, dedicados exclusivamente a procesar las monumentales ganancias de cada jornada. Cuarenta personas contando billetes durante dieciséis horas. Inna ni siquiera podía imaginarse cuánto dinero representaba aquello. En resumen, aquella familia representaba a la élite de la élite, algo que la actitud sumisa y reverencial de los meseros dejaba muy claro. Incluso en aquel exclusivo complejo, rodeado constantemente por los herederos de las mayores fortunas del país, el joven ocupaba la cima de la pirámide social. Pero, quitando su estatus, su forma de ser... Inna movió la cabeza y bajó la vista para tomar agua. Fue en ese instante cuando un par de piernas largas, firmes y estilizadas aparecieron en su campo de visión. Al subir la mirada, el resto del conjunto no la decepcionó. La recién llegada era de una belleza despampanante: cabello ligeramente rizado, piel apiñonada y un brillo labial transparente que resultaba muy llamativo bajo las luces del salón. Incluso siendo mujer, Inna no pudo evitar sentir admiración. La desconocida entreabrió los labios y habló con una voz sumamente agradable: —Disculpa. ¿Te llamas Inna Toledo? Escuchar el propio nombre salir de aquella boca se sintió especial; deslumbrada por un momento, la joven asintió. —¡Eres una cualquiera! —La actitud de la mujer cambió drásticamente y, llena de furia, tomó el vaso de la mesa para arrojarle el líquido directo a la cara.Valentín la vio bajar las escaleras y no ocultó su admiración. —Ya ves, te lo dije, nuestra Innita es preciosa. A su lado, Lucas asintió con entusiasmo. —Sí que lo es, la señorita Toledo se ve muy guapa. Más vale que no le quite el ojo de encima, jefe; habrá mucha gente en la fiesta, no deje que se la roben. El magnate soltó una carcajada y le ofreció el brazo a la joven, quien, con las mejillas sonrojadas, se aferró a él. —Oiga, don Valentín, la verdad es que la señorita tiene un aire de Campero. Si dijera que es su hija, cualquiera se lo creería. Lucas los contempló por un momento. Él lucía impecable y elegante, mientras que ella irradiaba un encanto natural y delicado. Inna se sintió un poco apenada. —Don Lucas, dígame Innita usted también, no me llame señorita. Suena muy distante. Él buscó la aprobación del jefe con la mirada y, al verlo asentir, se apresuró a corregirse. —¡Nuestra Innita está preciosa! ¡Mucho más atractiva que cualquiera de esas novias que trae el joven
Valentín le clavó la mirada a su hijo, perdiendo toda amabilidad en el tono. —¡Muchacho majadero, no creas que puedes ocultar lo que hiciste! ¡Espérate, ahorita mismo ajustamos cuentas! —¿Y ahora yo qué hice? —respondió el joven con obvia molestia. El patriarca arrojó una baraja sobre la mesa de centro y se quitó el saco. Luego, se volvió hacia la chica con expresión amable—. Ve a prepararme un café, por favor. Ella asintió y se levantó obediente. Tomó la costosa prenda para colgarla a un lado y se dirigió a la cocina. ... Para cuando regresó con la bebida caliente, la contienda ya había terminado. El perdedor apretaba los naipes en sus manos antes de azotarlos contra la mesa, con la cara llena de furia y frustración. Con una exclamación de triunfo, el padre extendió sus cartas. El as de picas destacaba con superioridad. Al recibir la taza, la miró con una sonrisa. —Ya te recuperé todo lo que este muchacho te quitó. De hecho, todavía te debe como treinta millones de dólares. Ahí
El espectacular auto deportivo se detuvo afuera del banco. Quienes pasaban por ahí no podían evitar girar la cabeza para mirar el vehículo, algo que a Nikolai siempre lo tenía harto, pero en ese momento le irritaba aún más que Inna lo hubiera dejado esperando como si nada. Tocó el claxon con molestia; el estruendo resonó con fuerza en la calle. A través de los cristales, vio a la joven de la blusa blanca inclinada sobre el mostrador, llenando unos formularios. Mientras la miraba, la imagen de aquella noche acudió a su mente sin que pudiera evitarlo. Era tan delgada que a simple vista nadie imaginaría los generosos atributos que escondía. Si se quitara esa blusa anticuada que le quedaba holgada y se pusiera un vestido escotado... Justo cuando intentaba apartar ese pensamiento de su cabeza, la puerta del copiloto se abrió. Inna se subió, se ajustó el cinturón de seguridad y le extendió unos documentos. —Aquí tienes los comprobantes de la donación a la Fundación Solidaria. Revísalos
Nikolai estaba sumamente frustrado. Desde que Inna le había acomodado aquella certera patada en las partes nobles hacía un par de días, había dejado de buscarle pleito. Por un lado, sentía vergüenza por haberse sobrepasado esa noche bajo los efectos del alcohol; por el otro, acababa de enterarse de que la joven había entrenado kickboxing durante años. Su hombría seguía intacta, lo que demostraba que ella se había contenido. Al recordar cómo tuvo que quedarse tirado en el suelo hasta pasada la medianoche antes de poder ponerse de pie, decidió dejar las cosas en paz por el momento; o al menos eso se decía a sí mismo para justificar su inacción. En la boutique exclusiva, la mujer que recién salía del probador era sumamente atractiva, y el vestido de diseñador de cinco cifras que llevaba puesto resaltaba su figura. —Amor, ¿cómo se me ve? Nikolai miró de reojo a Inna, quien permanecía sentada en una esquina hojeando una revista con su habitual aspecto humilde, y luego respondió a la ot






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